Estuvimos mirando el mar sin hablar. Quizá dijimos algo en un primer momento, pero no existen recuerdos que amaestren las ansias. El ruido de las olas era tan fuerte que tampoco hubiese sido posible decir palabra. Casi toda la tarde estuvo rompiendo embravecido el agua contra las rocas y más de una vez nos empapamos entre los tules blanquísimos que se abrían como abanicos. Ninguno sintió miedo y eso nos permitió mantenernos hasta que el sol se transformó en olvido.
De tanto amor como nos habitaba, trascendimos más allá de los cuerpos para hablar con el universo. De pronto, una estampida de colores se mostró tiñendo nubes. Se dice que no hay ningún recurso que resulte más eficaz para desencadenar deseos en el objeto de amor que la combinación de la presencia de lo amado, el lugar conveniente y el momento propicio (es decir, el azar aliado con la necesidad). Todo el anfiteatro de la naturaleza en expansión se nos aparecía como un sueño.
Cuando aflojó el bramido de las olas, comenzó a decirme frases al oído: quien no sepa comer, no sabe amar; quien no sepa hablar, comunicarse, ha olvidado connotar los deseos aproximándose a lo buscado, y quizá por eso falle en su búsqueda; quien dude de poner en práctica sus deseos, quedará inmóvil por la eternidad; quien no acepte sus metáforas (sexuales o de muerte) se hará pasto de las llamas de la locura; quien llore sin saber porqué, pero sin tristeza, estará alcanzando la sabiduría de las nubes; quien se deje mecer como corcho en el mar, sin luchar ni encolerizarse, va camino de aceptar las contradicciones del mundo. Cuando la luz estalle en tu interior, ya se advierte el cambio…
Todos nuestros movimientos en la vida, a lo largo de miles y millones de horas de existir, se reducen a un grupo mejor o peor avenido de símbolos que usamos o expresamos en una intricada combinatoria. Pero la llave que abriría la puerta del habitáculo donde se aclare nuestro sistema simbólico, la hemos tirado al mar al poco tiempo de inaugurar nuestra niñez.
- ¡Mira, allá arriba vuelan niños apresados por las patas de las gaviotas! -dijo, y ahí se interrumpió lo soñado.
Los niños se cristalizaron en los pechos de los adultos. Hemos de volver siempre a la infancia, aunque sea ya un tesoro irrecuperable, con la obstinada actitud de ganarle tiempo a la ignorancia. Cuando el humano sufre, con él lloran todos los pasados. En la cultura de la muerte, el sufrir es lo cotidiano y parte del juego sufridor. Cuando un niño llora, tiembla el universo. Cuando lo hace un adulto, su pasado se le vuelve real (y calla el niño en su interior); pero la realidad es evanescente, juega a ocultamientos a través de las significaciones de los actos.
Desde millones de años el hombre se representa como un sufriente sin destino conocido. Más cerca de nosotros, a casi cuarenta mil, el de Cro magnon crea la cultura paleolítica, donde aún se desconocía cualquier tipo de combinatoria simbólica que disolviera sus angustias sin metas: aunque como es lógico sabía pintar, pensar, hablar, crear símbolos, dioses, y hasta viajar para comerciar. No habían nacido aún Edipo, Eros o Antheros, pero estaban el erotismo y la muerte bulléndose en el interior de la sociedad construyendo la metaforización de los egos humanos.
Hombres y animales intercambiaron sus atributos. El hombre comparte con el chimpancé genes y proteínas (hemoglobina): Darwin encontró el animal en el hombre, Lacan localizó lo humano en el feto del mono y un gran cuentista, seguidor de las teorías de Poe, Horacio Quiroga, escribió El mono ahorcado (1907), para hallar en el animal la fuente de inspiración que demuestra el rompimiento de lo humano: que el morir es la respuesta a la angustia que causa la duda o que la anomalía sexual es fundamento de las demás anomalías.
Caer del árbol ha sido tan trágico como caer del cielo. Ambos han podido dar lugar a una misma frustración. Alguien quizá pudiera despreciar al joven chimpancé Freud sólo por no haber querido fabricarse un currículo humano. Muchos creen que responde a una repetición insípida de un conjunto de actos libérrimos, otros que sólo es cuestión de tiempo. Si tan poco saben del homínido Freud, cuánto menos sabrá el actual ser humano de los otros muchos seres que con él conviven. Despectivo y culpable, el hombre sigue sin integrarse en la naturaleza que tuvo el sentido común de procrearlo.
Esta noche pienso seguir soñando con el mar…
Escrito por albertomar el 20/10/2009 02:11 | Comentarios (0)
Sabía que tenía que comunicarse con alguien especial, que comprendiera este mundo sólo con mirarlo una vez y que con su conocimiento pudiera ir tan lejos como le marcaran sus dos infinitas cualidades, bondad y voluntad. Debía lanzar lejos el sedal para enganchar al pez tan esperado. Intuyó que lo descubriría, porque esa mañana una nube verde voló hacia el poniente, también creyó oír una voz fina y serena, de contadas y justas palabras, que le indicaba un camino. Entonces corrió hacia las playas del oeste, pero la voz se había alejado ya y en su mente le retumbaba un eco huero. Sin saber porqué le asaltó la idea de ir a la vieja casa de la infancia. No fue fácil hallarla. Tuvo que propiciar el aprender a soñar con los ojos abiertos. En lo profundo de la noche encontró la vieja biblioteca. Presionó un botón oculto tras "El ser y la nada" y, al instante, todo cambió de lugar. Olió la humedad añosa, aunque entrara desde una ventana una tenue luz de congelado atardecer. Estaban allí unos pocos libros sagrados apilados en montones como para una mudanza. En la pequeña habitación había una alfombra extendida en el suelo hasta los zócalos, dos candelabros con sus respectivos velones y colgado en la pared un grabado antiguo que representaba el Nacimiento de la Duda (Vovelle, Laplantine y Chartier). Encendió los velones, puso un cubo de agua en el suelo, y pronto se disipó el olor a humedad. Se sentó en un taburete en medio de la habitación.
La luz del ventanuco giró ocultándose tras las sombras.
La vejez le había enseñado que no hay distancias en el universo y que, a través de la Luz, tanto los mensajes como los cuerpos podrían atravesar tiempos y espacios. Necesitaba una palabra de Conocimiento, pues fue amigo de la búsqueda durante muchos años. Estaba atento a la enseñanza y creía por eso merecer un nuevo mensaje o una llegada nueva, no importaba cuál fuera el procedimiento que se usase. Pero pensaba que su instinto estaba sordo, y el mundo andaba sin oídos. El lenguaje se había quedado ciego, nadie escuchaba tampoco su desmayada voz en el amanecer. Creyó haber hallado un santuario y sin embargo su desvalimiento demostraba que sólo había encontrado un simple cuarto habitado por la nada más desabrida. Una anodina habitación de anticuario.
Dejó de soñar despierto y volvió a la casa para acostar su cansancio. Cuando le quitaba la ropa a la piel que le daba apariencia al cuerpo, metió la mano en el bolsillo y sus dedos tropezaron con una tarjeta postal que mostraba una imagen espléndida del Bósforo. Lo único que se había traído de la biblioteca. Algo le empujó a mirar el reverso y leer el pequeño texto que estuvo allí esperando a que, por fin, y por primera vez, alguien quisiera entender su escueto y sencillo mensaje. Con tinta verde y letra ágil, quizá femenina, un ser desconocido le había escrito hacía mucho tiempo lo siguiente: ¿Qué buscamos?, ¿qué ansías, si dentro de ti está tu propio maestro?
[AlbertoOmar Walls lo escribió y publicó en La Opinión de Tenerife el 09-02-2008]
Escrito por albertomar el 20/10/2009 01:52 | Comentarios (0)
El escritor reflexiona un día sobre sí mismo y su obra. Aunque todos los actos vayan encaminados siempre a mostrar una visión del universo, es con la creación artística con lo que le gustaría definirlo. Él sabe que si la vida puede ser percibida como un drama (en el sentido escénico), ello no le restará nunca importancia ni al drama ni a la vida y, ni siquiera, a quien/es la interpretan. Es posible que toda obra se parezca a su autor y al final se acabe hablando de la persona y no de su literatura. Toda posibilidad de enjuiciamiento presupone un riesgo. Y, en cualquier caso, es un riesgo que debería ser compartido por los lectores; si el autor los tiene. La escritura es más hermosa cuando empieza siendo inconsciente; a medida que se va tomando partido con el hecho de creación, se pierde la inocencia. Aunque no hay razón alguna para sostener que el arte deba ser "inocente". En el largo proceso de hacerse escritor ha debido dejar mucho en el camino. Él sabe que anda sobre el polvo de los muertos y en el barro de muchas vidas. El pasado se le yergue, doliéndole, más que el futuro: entrará en lo venidero retrocediendo. Descubre un día que escribe por culpa/gracias a su infancia. Todo lo que leía de muchacho se lo deberá quizá a un sillón cómodo de grandes orejas que pertenecía a las siestas de su padre. Cuando estaba libre, usurpaba la miasma del poder, se acluecaba, abría cualquier tomazo de obras completas y se sumergía en todos los mundos. Dos maravillas de la infancia que formaron su raíz de escritor: el sillón del padre, donde se transformaba en papá-poder a través de las ficciones, y los cuentos que le narrara la abuela noche tras noche, con la esperanza de que se durmiera.
Al principio, el artista desconoce qué cosa sea el hecho de creación. Le importan poco las teorías aprendidas; le interesa sobre todo la verdad personal. Aunque no siempre la verdad sea lo bello. Su verdad es que nació a la escritura sustentado por el magismo de la escucha (el oído) y por la comodidad íntima de un sillón de poder que le permitía la lectura (la mirada). Eso y una sensibilidad especial que le propiciaba la observación de todo lo que le iba aconteciendo. Mirar en muchas direcciones quizá fuera la fragua de su técnica, y el cocido general tuvo que ser la experimentación. Escribir es también experimentar. Y experimentar en las formas; sobre todo en las formas. Los contenidos siempre son los mismos o se parecen (eso hace más dramático eldrama).
La materia con la que se trabaja es el lenguaje; y el lenguaje, aunque sea un bien general/común es, a toda costa, un instrumento íntimo que se carga y mueve desde las emociones. Toda literatura usará el lenguaje y las emociones, ¿pero qué hace ser/parecer a una obra mejor que otra? ¿Qué permite decidir que un relato o una novela sean excelsas, y necesarias, frente a otro relato o novela tenidas por vulgares e innecesarias? Sólo la propia escritura no le desarrolla el espíritu autocrítico, pero sin ejercerla a diario jamás aparecería ese elemento tan necesario.
Sabrá que él está en permanente ejercicio de elección.
Elige irse o quedarse, vivir o morir, amar con o sin miedos, y hasta aburrirse ensoledad. La experimentación como método personal le permitirá estar despierto siempre y elegir. Sin embargo el tú que hoy elige esa página propia vista como genial, no será el yo que mañana la margine como pésima. Este es parte del conflicto del escritor: el ser un poliego gelatinoso que adoptará formas cambiantes y que a veces jugará a ser la misma piedra filosofal en un vivir dinámico,experimental y mutable. Puede que la mejor obra sea aquella que nunca se escribe, la que se piensa o revela en momentos difíciles de aprehender y que danzan entre el sueño y la vigilia. Quizá la gran obra sea en verdad un librode páginas blancas: ese libro limpio contendría todas las obras posibles que pudieran salir de su péndola y, en justicia, el escritor debería dejar de escribir para siempre. Pero eso implicaría una actitud divina, y el escritor es más del mundo, demonio y carne, que de los cielos. A veces, escribir será forcejeo y lucha, otras un diálogo de amigos, y también un sorprendente entregarse a hacer el amor de la manera más apasionada...
Escrito por albertomar el 03/06/2009 22:35 | Comentarios (0)
Mi amiga Mabel, desde Venezuela, me ha enviado el siguiente texto y el enlace con you tube, que va a continuación. Emocionan en verdad oír a esas excepcionales voces tan jóvenes. Pero me pregunto: con lo niño que son esos tres muchachos, ¿qué han podido hacer con la niñez?, ¿jugaban en sus conservatorios respectivos?, ¿sus padres son cantantes y los ponían a escuchar música todo el día? Sería interesante reflexionar en torno a la relación entre los dones que se reciben al nacer y el acceso por igual a la formación, educación y cultura. Es un claro ejemplo de lo que pueden conseguir las personas cuando nacen en los lugares idóneos y el caldo de cultivo cultural, y las oportunidades, son alimentos para sus capacidades y habilidades. En cualquier caso también es verdad que en Occidente, siendo las oportunidades parecidas para todos los jóvenes, algunos se "embobecen" un poco con lo que el consumo y la moda les da para pasar el rato... Mabel me escribió el siguiente texto: "Se puede decir que esta canción es el segundo himno Nacional de Italia. Creada en 1898, ha sido cantada en cada rincón del mundo, por los más famosos cantantes. Inclusive "el Rey del rock", Elvis Presley, la versionó. Sé que la has escuchado muchas veces, pero te invito a que la escuches nuevamente, esta vez interpretada por tres jovenes cantantes, que han sido una revelación en uno de los ultimos festivales en Italia. A mí, al escucharla, me hace sentir como mi nombre.... Toca sensiblemente mis fibras y estimula mis sentidos.Especialmente para tí." http://www.youtube.com/watch?v=FqUkUjeF4-c
Escrito por albertomar el 30/05/2009 16:18 | Comentarios (0)
El referente para el creador es el niño, la infancia, que crece en el dolor.También este pequeño relato es homenaje a los seres más indefensos, inocentes, víctimas de la incomprensión de las mentes enloquecidas por el poder. Por ejemplo, se conocen los homicidios de bubis en Guinea Ecuatorial. El grupo étnico bubi de la isla de Bioko sigue siendo discriminado, por encarcelamiento y muerte, dado que mantienesu deseo de independizarse. Como es lógico también supieron del caso de los utus y tutzi, asunto que fue más aterrador, pues miles de seres fueron aniquilados. El tema se repite en todas las guerras y su protagonista es la infancia, el niño, quien sufre irremediablemente la acción de los mayores. Un mismo hecho general me inspiró varios textos: uno salió narrativo como en Sentir la vida, otro poemático como en La paloma sin paz, y, nuevamente narrativo en este cuento, Aprendizaje. Dice así:
Sobre el tronco de madera carcomida un joven animal carroñero picotearítmicamente agarrando fuerte con una de sus patas un pedazo de la lengua de uno de losniños muertos. Aunque acababa de llegar al suelo, estuvo antes durante tiempo moviéndose allá arriba, observando el ir y venir enloquecido de aquellos cuerpos, oyendo sus aspavientos y voceríos, mientras su corazón le pegaba dentro del pecho. Era su primer vuelo en solitario y quizá el primer llamado importante de su instinto. Estuvo con la manada desde el amanecer en el pueblo de al lado donde vio algo semejante, pero no se había atrevido a bajar, por los gritos y lamentos de quienes caían en la tierra en medio de algo rojo y viscoso que brillaba mucho por el sol. Hasta ahí había llegado extendiendo las alas, que no sabía que fueran tan grandes y se pudieran abrir tanto dándole esa extraordinaria sensación de amplitud. Porque sintió, mientras las batía en medio del vuelo, que unas veces abrazaba el aire hasta comprimirlo y otras lo extendía con fuerza para que se movieran los árboles. En pleno vuelo presintió que su auténtica fuerza radicabaen las puntas de las dos plumas extremas de sus alas. Creyó comprobarlo cuando las abría al máximo, porque sus ojos vieron unas brillantes chispitas que se irisaron en los extremos de las alas.
Para cuando él se decidió a bajar al suelo, ya habían quemado las chozas y descuartizado a machetazos a todos aquellos. Unos se habían quedado sin pestañear mirando al cielo, alguno boca abajo y otros enroscados ocultando sus caras entre las manos. Estuvo mirando durante largo rato aquel pequeño cuerpo negro que se mantenía sin moverse y con la boca abierta. Antes lo había visto deambular de un lado a otro, llorando y gritando, tropezando estúpidamente contra los cuerpos tirados en el suelo, y recordó de cuando él chocaba también contra las otras aves, hacía apenas un parde meses, porque aún no le habían enseñado a despegar los extremos de sus alas del suelo. Debió parecer un pájaro bobo que andaba a cuatro patas con el lomo encorvado, como deprimido,pero él sabe ya que era por el peso de sus alas por lo que se arrastraba por el suelo. Pero ahora también sabe que las alas tienen su fuerza escondida en las plumas más extremas y que se abrirán cuando él decida mover el aire para que le den vida a los árboles.
Mientras picotea y deglute, está alegre, pero no es solo ya por saber que él mismo puede hallar la pitanza yendo de un lado para otro, sino porque ha descubierto el poder interior de la fuerza del viento. Y llena sus pulmones de aire y mira hacia el frente, abandonando por instantes su fijación sobre la presa. Pero pronto se sorprenderá de que aún no posea la agilidad ni presteza para adivinar el peligro. Un disparo de escopeta la abate en el mismo momento en que envía la orden a los extremos de sus alas para emprender el vuelo.
- Maldita carroñera... - dijo el hombre. Escupió sobre el ave muerta y volvió a agacharse sobre los cuerpos para seguir rebuscando entre los bolsillos de sus ropas.
Cuando pequeño, había tres cosas que me entusiasmaban sobremanera: una, oírle contar cuentos y chistes a mi tía Mica (cieguita desde los dieciséis años); otra, todos los juegos de magia y prestidigitación habidos y por haber y, tres, el teatro que hacíamos en la sala de casa.
Recuerdo que en los años 53, 54 y 55 se retransmitía una serie radiofónica de la que no recuerdo el título pero que podría haberse llamado algo así como "Dramatización de grandes relatos" o "Grandes escritores en la radio", no lo recuerdo bien... Era una serie en español que emitía Radio Montreal. Pues bien, todos los días, a la misma hora, me hallaba con el oído pegado a la tela de la radio a la espera de seguir intensamente toda la evolución de aquellas magníficas historias, interpretadas, además, por, a mi entender de entonces, un cuadro de muy buenos actores. Llegaba hasta tal punto mi concentración y devoción por aquella fórmula más o menos autodidacta de aprender el arte de la interpretación hablada, que a veces me permitía corregir al actor o la actriz en relación con una u otra inflexión de los personajes... Puede que tan pequeño y ya entonces estuviera recibiendo mis primeras clases particulares de teatro desde tantos miles de kilómetros de distancia y de la mano de un grupo de actores que nunca conocería.
Pero mi primer personaje se presentó unos pocos años antes y creo que podría definirlo como el primero fallido. Tendría alrededor de tres, cuatro o cinco añitos de edad y me hallaba, como decían los escritores de entonces, a la sazón perdiendo el tiempo, gracias a Dios, en el Parvulario del Colegio de los Hermanos de San Ildefonso de Santa Cruz de Tenerife. En las fechas previas a la Navidad todo el colegio hervía en movimiento y festejos, y uno de ellos, de los previstos, era el realizar un “Belén Viviente”, adobado con su música y canciones de villancicos, alegorías, discursos y la presencia de toda la plana mayor de la curia insular, además, por supuesto de todos los alumnos acompañados de sus respectivos padres. Puesocurría que al parecer mi niño de esos años era un niño tan hermoso que el Hermano encargado de la puesta en escena había decidido por su cuenta que yo debía encarnar al Divino Niño y quedarme quietecito en el pesebre mientras transcurriera la alegoría entre San José, la Virgen, los animalitos, los Reyes Magos y pastores y el inmenso público sentado en las gradas que a tal fin se habían dispuesto en el patio. En medio de tan regio y variopinto público, recuerdo que grité, pataleé para ostentar descaradamente mi negativa a laprimera puesta en escena de tan altísimo personaje y defender, en última instancia, mi incipiente timidez. Al parecer mis llantos sin consuelo hicieron desistir al Hermano y tomó a otro pequeñajo en sus brazos y lo incrustó, sin darle tiempo a esgrimir protesta alguna, en el pesebre. Todo en un dicho y hecho, lo que le permitió mostrar a un niño Dios asombrado y perplejo, mientras otro mucho más humano, es decir, yo, me quedaba sin poder encarnar lo que creo recordar como mi primer personaje teatral. Un personaje, por otro lado, nada consentido ni esperado por mí.
Mi segunda, tercera o cuarta experiencias, en el mismo colegio, pasaron sin pena ni gloria y de ellas tengo un recuerdo muy vago y lejano. Pero una vez, tendría ya unos once años cuando vine a experimentar una de las sensaciones más auténticas en relación con la energía creativa. Me explicaré: me hallaba en la clase dedicada a literatura y ese día tocaba poesía (no sé qué poeta sería). El profesor se ejercía en la costumbre de ponernos a leer en alta voz a todos y cada uno de los chicos, de tal manera que en una hora, sin posible escapatoria, habríamos leído cada uno como mínimo una vez. Acababa de comenzar la clase y yo sabía que en algún momento, ¡seguro!, me iba a tocar leer y como fuera que tendría que enfrentarme al resto de la clase, pues al fin y al cabo era un público con todos sus atributos, no imaginaba cómo podría sustraerme a tan fatal obligación. Como se supondrá, aún para entonces seguía siendo un niño bastante tímido y pudiera ser que mi voz no me llegaba ni al cuello de lacamisa. Pero algo que iba a desencadenar todo el contenido recóndito del baúl de mis emociones estaba a punto de suceder Digamos que mi despertar interpretativo estaba a las puertas. Mi hermano Leonardo, un año mayor que yo, también estaba en el mismo colegio, pero en otra clase. Sin esperarlo, lo vi asomar su cara asustada a los cristales de la puerta de la clase, urgiéndome con las manos para que saliera a hablar con él. Pedí permiso, salí y me contó, muy consternado, lo que había ocurrido a nuestra perrita Turquesa y es que los perreros la habían sorprendido en la calle, la metieron en La Chivata (que era un furgón que servía para casi todo), y se la habían llevado a la perrera con lo que a nosotros nos quedaba el tremendo temor de que fuera a ser sacrificada. Al parecer, yo ya estaba informado y él no podía hacer otra cosa que irse para su clase, una vez que su noticia me había destrozado el ánimo. Volví a entrar y me senté en mi pupitre. Sentía en mi interior que algo bullía con fuerza y que buscaba hallar salida. Apenas pasaron cinco minutos más y ya tenía sobre mí la obligación ineludible de enfrentarme a aquel pedazo de poema para que, através de mi poquita voz toda la clase tuviera conocimiento de las calidades líricas del poeta. Las manos y los labios me temblaban, la ira se me había columbrado hasta lo alto del esternón; el resto de los compañeros se habían esfumado de mi vista como por arte de magia, pues mi concentración experimentó una novedad esencial: yo me sentí entrar a través de un tunel sin dimensión ni tiempo para ir a proyectarme sobre las esencias de aquellas palabras que, quizá, en otro tiempo fueron escritas también por una persona, un poeta, que como yo en ese momento también estuvo irritado, trémulo, dolorido, enloquecido por el dolor... No supe bien el tiempo que estuve leyendo, lo cierto fue que cuando me detuve caí en el asombro y la indecible experiencia de oír a toda la clase irrumpir en un unánime y sonoro aplauso.
Una doble enseñanza me trajo aquella primeriza experiencia infantil: una, que la voz también es la proyección de las emociones; otra, que sin emoción no hay nada artístico que comunicar y que la creación es energía domeñada, canalizada.
A veces he llegado a dudar de si lo más interesante de una obra era aquello que ha quedado por ser escrito o todo lo que has tachado, corregido y, luego, tirado a la basura en el largo y pesado trabajo de ir corrigiendo. Normalmente no confecciono una obra en la mente, antes de pasarla al papel, sino que ésta va surgiendo solo mientras escribo apartir de una idea, unas imágenes o una anécdota, surgidas posiblemente en cualquier momento que no tiene que ver con lo que llamamos inspiración. Me siento más escritor ahora, hoy mismo si se quiere, que cuando atrás yo mismo me atrevía a llamarme escritor. El escritor se va haciendo con los años, y la obra no se acaba hasta que se publica el último libro. Es todo un trabajo que se dilatada a través de toda la vida. Me encuentro más cómodo en el relato corto o en el cuento, que en la novela larga o el teatro. Quizá porque tienen mayores dificultades a la obra de expresarse. Aunque creo, como autor, que escribir, sea teatro, novela, cuento, poesía, etc... o lo que sea, es todo lo mismo. Aunque en los últimos años he publicado más novelas que relatos. Claro está, las técnicas son distintas como también los puntos de vista, aunque a veces se entrecrucen. El teatro es diálogo y, ante todo, iconografía que se comunica. Es el cuento la sorpresa, el suspense y una idea fugaz en la cúspide del deseo. La novela será el torrente, el río o el meandro, pero nunca afluente. El cine son las imágenes que te raptan al territorio de la fantasía.
Creo en la inspiración, aunque crea también en el trabajo obrero de la literatura, en la voluntad de estilo, y en el concienzudo cabalgar diario sobre el sudor de la maldición bíblica... pero creo en la inspiración como elemento medular del proceso de escribir-creando. Las muchas lecturas infantiles, y las experiencias emocionadas en relación con la práctica de las artes y las culturas, son quienes hacen en el futuro a un autor.
Pero tampoco vale la pena engañarse mucho: el autor, el escritor, trabaja con seres que no existen. Son fantasmas o sombras de una realidad imaginada o deseada que se hacen pasar por reales. La realidad es solo el presente, y mal que nos pese ni siquiera éste puede ser detenido por la escritura. La escritura a lo sumo que puede optar es a detener los hechos como hace el entomólogo con las mariposas disecadas, alfilerándolas en los corchos para estudiarlas. Nosotros, los que decimos llamarnos escritores, movemos hilos invisibles que a su vez mueven marionetas que son visibles con apariencia de realidad y verdad. Ese sería el gran trauma del autor, si se pudiera llamar así, que crea y mueve seres imposibles, inexistentes, extraídos de un mundo que ni siquiera conoce. La creación, para un artista, puede llegar a ser la cima del orgasmo creativo, pero al final es humo y mentira.
Pensar que el arte, y en nuestro caso el de la escritura, sea salvación de algo para alguien ya no es posible a pesar de que comprendamos que sin fe absoluta en loque se hace nada se puede conseguir.
Nadie puede vivir por mí. Y juro que lo hago cada día y a cada hora de la mejor manera que sé hacerlo. Vivir es una aventura hermosa que se perfecciona en cada momento y también se te destruye, para tener que recomenzarla a cada rato. Es gratis vivir y experimentar, sólo que aprendemos a poner un precio a las vivencias y por eso, luego, se dice que la vida es cara. El mundo nos está esperando a la puerta de cada acto para que lo experimentemos a manos llenas. De cada ser depende lo que se escoja, para su martirio o goce... Escribir es también una aventura que se renueva cada vez que te enfrentas con el papel en blanco o la pantalla de ordenador. En muchos aspectos no queda más remedio que poner cerca ambas aventuras: la de vivir y la de escribir. Creo que las dos -la vida, la escritura- conforman la cara y el envés de una misma realidad: la experiencia reinterpretada. Porque la realidad (¡y eso es algo que se aprende!) no es única y ni, para todos, la misma. La realidad es anomia y para hallar sus sentidos debemos indagar, como mínimo, en dos de sus muchos aspectos, la relatividad y la dinámica. El Presente Absoluto es lo único que definiría, en última instancia, a la realidad experimentada; pero no hay nadie que usando la escritura pueda contar o narrar algo tal cuál fue u ocurrió.
El escritor es el mentiroso que, como el taxidermista, se atreve a dar la apariencia de verosímil a seres inventados pero a los que obliga a adoptar apariencias de humanos; es el titiritero de seres que no existen. ¡Qué simpática contradicción: siendo creadores, inventamos una realidad y la movemos como si fuera auténtica y se estuviera realizando en el Presente Absoluto del papel impreso! Escribir es la insistencia en una mentira que quizá a la Realidad no le interesa seguir sosteniendo. Y estaría bien que así fuera, porque es más hermosa la literatura cuando se transforma en lujo y transgrede el viejo sentido de la necesidad o la utilidad.
Vida y escritura, cara y envés de un mismo hecho, conjugan expresión ficcionalizada de seres que no existen y seres que existiendo adoptan conciencias internas de ficción o desencanto. Puedes escribir mirándote el ombligo o cualquier otra parte del cuerpo, y haces literatura. Puedes escribir mirando la porción del mundo que te rodea, con tu visión psicológica, filosófica, sociológica, etc, y sigues haciendo literatura. O hasta puedes escribir sobre tu propia persona enajenada del mundo, y sigues haciendo literatura. A nadie se le escapa que escribir no es ya sólo desnudarse ante fantasmas o ponerle el cascabel a la imaginación, la fabulación, perfeccionarse en la buena carpintería o dicho de otra manera, en el buen hacer, o ejercitarse en la voluntad de estilo. Para hacer buena literatura no basta ya con hacerlo bien; no es imprescindible solo el cómo lo haces más que el qué dices o qué cuentas. Aunque lavieja verdad aún sigue siendo cierta y es que casi todo ha sido dicho y que el escritor no tiene otra obligación más que escribir bien por encima de sus deseos de transformar la realidad.
Todo escritor, de la catadura que sea, es un poliego, si entendemos por esa palabreja algo parecido a aquel ser que tiene muchos yoes o muestra la particularidad psíquica de manifestarse con tantos rostros como personajes maneja con sus hilitos de titiritero... Si nuestra materia prima es la mentira, ¿será por el deseo de alcanzar la verdad a través de la ficción? ¿Huimos de lo que deseamos? Trabajamos con la Lengua y los íconos, y las músicas y el folklore; trabajamos con los mitos y los dioses humanizados, trabajamos con los detritus de otras culturas y otras artes... ¡somos unos auténticos cocineros de todas las materias y nuestros guisos han de saber a algo no saboreado antes y, si fuera posible, original! Y eso es imposible, porque todo se parece; es decir: toda mentira ha de tener en su seno, como mínimo, la esperanza de pasar por verdad y por ello se delata... Si no fuera así, no existirían los críticos (que son los comensales de paladar refinado),ni el lector culto o especializado, ni la competencia entre escritores...
La única inocencia posible, y quizá menos mentirosa, es la práctica del anonimato y el narrar historias de los dioses o culturas de corte prehistórico. ¿Pero nosresulta posible, a estas alturas, romper la baraja de la mentira institucionalizada y embarcarse en un mar de inocencias para ir a la búsqueda de una verdad única que no admita en su envés la otra cara de la ficción? En cualquier caso, creo que la experiencia de todo escritor es una aventura muy personal...
Escrito por albertomar el 27/05/2009 17:51 | Comentarios (0)
Se trata de un homenaje a César. Rebusco en archivos antiguos y cuando encuentro y abro la vieja carpeta, los papeles se muestran amarillos y desconchados por los bordes. ¡Más de treinta años ya...! En esa época me gustaba ir a casi todos los sitios con mi magnetófono. Aquellos aparatos eran un tanto pesados y me hundían los hombros. No era como ahora, que te cabe la grabadora en un bolsillo y ni siquiera usas cintas, porque todo es digital. Aunque estudiaba, escribía, hacía teatro y trabajaba al mismo tiempo en la Universidad de La Laguna -pues era secretario particular del rector Jesús Hernández Perera, una de las personas más buenas que jamás haya conocido-, mis inquietudes artísticas me llevaban a meterme a fondo en toda suerte de acciones que tuvieran que ver con la cultura: por eso andaba en cosas de los libros, del teatro, el cine, la radio, la prensa... Y estaba también al día de dónde se cocinaban las movidas culturales dentro y fuerade las Islas. ¡Para qué vamos a engañarnos!, en esta geografía insular nuestra, entonces mucho más fragmentada que ahora, no había muchos epicentros que generaran interés cultural; pero uno de esos excepcionales lugares lo formaba El Almacén y su creador e imagen vital y corporativa, el artista César Manrique. Ya nos habíamos conocido en 1974 cuando se inauguró el Teatro de El Almacén con una obra mía, titulada La estatua y el perro, dirigida por el magnífico director, ya desaparecido, Eduardo Camacho, y escrita expresamente para su excelente grupo de sordomudos “Los Ambulantes”. Volvía en esos momentos de nuevo a Lanzarote, tres años después, porque mi hermano Yamil Omar exponía su obra en El Aljibe, la sala de arte de El Almacén.
De César me había llamado la atención, desde un principio, la especial humanidad que transmitía, el torbellino de energía que dinamizaba a su alrededor y el gran cariño que le expresaba a la vida. A la sustancia de vivir. Y el que lograra hacerte ver que la simpatía podía ser mutua... Sus palabras eran borbotón, noria, montaña rusa o cuchillo, dependía del tema del cual estuviera hablando, pero nunca eran indiferentes a lo que la existencia le plantaba delante. ¡Era un imán en movimiento, gracia y poder! Dominaba la situación como nadie y jamás pasaba desapercibido. Quizá porque fuera de signo tauro... Eso se le notaba en sus determinados gustos por las cosas sencillas y por todo lo que supusiera tesón y mover montañas. Es decir, el uso de la fe en lo que hacía, en sus proyectos. Quizá por ello no podía parecerte raro oírle decir que quien se proponía algo lo conseguiría, viviera en una ciudad grande o pequeña. Porque sólo era cuestión de proponérselo...
- ¡Quien se propone algo, mueve montañas...!- me dijo serio, tajante, con sus ojitos taurinos retándome desde muy adentro.
Estábamos en el restaurante de El Almacén. Mientras conversaba con César –ante el magnetófono de ruedas grandes que giraban y giraban-, allí con nosotros estaban también Pepe Dámaso, Yamil Omar y su esposa Sizsi Zajtai, Alfonso Armas Ayala, Francisco Morales Padrón y el poeta Agustín de León. En medio de la entrevista con César se producía una conversación paralela en la propia mesa donde se cruzaban opiniones sobre el pintor Néstor y la belleza de su Poema a la tierra…¡Pensar que el Poema a la tierra esté encerrado por inmoral!, ¡qué vergüenza, coño, de país...!, dijo César atendiendo a las dos bandas.
Yo me había cifrado el sano objetivo de hacerle una entrevista para la radio a César Manrique, con lo que no sin ciertas dosis de paciencia lograría reconducir las preguntas para que él pudiera ir desgranando opiniones sobre sí mismo, su infancia y adolescencia o su dimensión artística.
- Fue en La Caleta donde yo comencé a tomar conciencia de la belleza devivir, de la belleza del mar, del aire, de los peces, de las barcas varadas, delos marineros durmiendo, de la manera de cocinar en cocinas humildes, con los marineros, comiendo en su propia cocina... Recuerdo perfectamente a un viejo marinero amigo mío y a su familia, que se llamaba Feliciano, que vivía al ladode mi casa... Nos fugábamos por la noche con todos mis amigos, con todos los chicos, hijos de los marineros... Para mí fue una infancia felicísima, llena defantasía...
-¿Ya pintabas entonces?
- Dibujaba continuamente una serie de motivos. Fue una infancia llena de fantasía y de un concepto puro de la vida. Creo que esta infancia fue especialmente importante para mí, ya que lo que tú recibes de niño te queda marcado para el resto de tu vida. La educación infantil es importantísima. Lo que se dé a un niño para que todo él pueda estar marcado de una línea de conducta, con un concepto sano o podrido de la vida... Todos esos niños que se crían en grandes ciudades, en medios inhóspitos..., eso es muy grave para los futuros desarrollos de la vida de un ser humano. El viejo campesino tenía hijos felices, ¿comprendes?, porque vivía en un entorno de pureza... Han contemplado las estrellas..., tienenun estado de pureza, donde han visto a los animales trabajar de una manera positiva, y no en las grandes ciudades donde sólo han visto automóviles, olido gasolina..., tantos semáforos, la agresividad y falta de humanidad...¡Por eso en mí jamás ha habido una depresión moral!
- Sí, muy importante la niñez...
- Yo, a partir de los siete años... viví en un medio lleno de pureza, belleza y libertad. Me bañaba en la playa de Famara como un bicho más. Desnudo..., cruzando láminas de perfecta agua, donde se reflejaban los riscos, con una limpieza impecable... Todo eso condicionaría a cualquier ser medianamente sensible. A mi me ha condicionado para el resto de mi vida. Por eso yo soy un panteísta y amo la naturaleza por encima de todo...
- La infancia como juego y aprendizaje...
- Luego, algo más joven, viví en Macher, donde mi padre tenía unas fincas. Yo jugaba bajo las higueras, corría por las fincas. Fue una época igualmente feliz. Somos cuatro hermanos... Yo soy gemelo con una hermana y no nos parecemos en nada. Mi hermana es tímida, introvertida, de una bondad infinita. Yo soy extrovertido, vital, de un gran entusiasmo...
- ¿Recuerdas la primera vez que lloraste de desconsuelo por algo?
- Yo creo que no lloré nunca. Casi...
- ¿Y ese casi? ¿Esa vez que lloraste?
- No recuerdo exactamente el por qué lloré la primera vez...
- ¿No?... ¿Tus padres te castigaron alguna vez?
- Mi madre, nunca. Mi padre, sí... Recuerdo...hummmm... creo que eso me condicionó un poco, aunque no de una manera muy...Porque yo he sido siempre muy vital, positivista en el sentido que tengo de la alegría de vivir. Por el medio que me ha rodeado... Bueno, recuerdo que mi padre me pegó una vez una paliza enorme (enfatiza el adjetivo), porque yo tenía miedo a quedarme a dormir en la oscuridad... ¡Porque yo amaba tanto laluz...que..., cuando me apagaban todas las luces para que me quedara dormido, me daba un posible miedo y... lloraba! Mi padre llegó un día y me dio tal paliza en la oscuridad (aquí hay un nuevo énfasis), que me hizo daño. Mi madre se quedó un poco..., muy disgustada, al ver que.... cuando encendió la luz y me vio los cardenales en el cuerpo... Porque mi padre me pegó sin verme...
Lo miré respetando los segundos de su silencio interior. Pronto sobrevino la capacidad de perdón del adulto que en esos momentos miraba hacia atrás sin ira, y agregó:
- Eso no creo que me haya condicionado. Sin embargo, a otro niño cualquiera creo que le hubiese condicionado. No, no creo que me haya condicionado...
- ¿Tímido?
-No, nunca he sido nada tímido. Yo me rebelé, incluso en contra de mi padre, en un montón decosas. Por ejemplo, mi padre no quería que estudiara pintura. Mi padre quería que fuera un niño vulgar, como todos los niños. Pero yo no era como todos los niños; yo no quería jugar a lo que jugaban todos los demás niños. Yo me iba con gente...
-¿Qué es tan importante en la vida?
- Uno de los grandes males que tienen los hombres es no tener conciencia clara de lo que significa la vida. Es algo tan corto, tan ligero..., que no nos damos cuenta de la eternidad que tenemos antes de nacer y después de morir...
-¿Crees que esas almas quedan?
-No, yo no locreo; no afirmo ni niego nada. Creo en todo y no creo en nada... Creo que lo que puede quedar es una especie de energía, una posible inteligencia en abstracto, sin lógica o como pura energía... Creo que la inteligencia la tendría el gran banco cósmico, la única entidad universal que puede tener inteligencia para repartirla.
-¿Cómo la llamarías?
-Llámalo como quieras: Dios, la energía del cosmos, la mecánica del universo... Yo no creo en el alma como cree la mayoría de la gente. Cuando comenzaron a formarse y organizarse los primeros gérmenes de vida, no había almas... Ahora la humanidad se está multiplicando, hay una explosión demográfica verdaderamente alarmante...
-¿Qué significa para tí la Coca-Cola?
-¿Para mí...?¡La mayor denigración de la Coca-Cola es haber llenado el planeta entero de publicidad, hasta en los rincones más insospechados! Por ejemplo, estuve en un pueblo de frontera de la China comunista, donde llegué a ver sus anuncios, me asombré y dije ¿cómo es posible que haya podido llegar a invadir el planeta entero? ¡Yo, a la Coca-Cola, le pondría la multa más impresionante de la historia de la humanidad!
-Pero con la publicidad...
-¡Para mí, la publicidad, debería ser para fomentar el bienestar del hombre! Lo que prohibiría, si formara parte de un Estado consciente, es la publicidad gratuita, que sólo está para hacer ricos a cuatro señores a costa de lanzamientos de productos que no son beneficiosos para el hombre...
-¿Y el erotismo que se ha metido a través de la publicidad?
-Lo que hapasado con el concepto erotismo es que ahora hay una nueva conciencia del ibertad. Durante siglos y siglos hubo una gigantesca represión que lo únicoque ha hecho es crear millones de seres desgraciados.. Sin embargo, hay un exceso de preocupación por lo erótico que acaba confundiéndose con la pornografía que, para mí, es repugnante. El erotismo lo veo como un grado superior de concentración de todas las fuerzas humanas en la sensualidad, ¡no la sexualidad!; en la sensibilidad del ser vivo para poder gozar de todos los matices que se nos ofrece...
-¿Que es para ti la muerte? ¿Tienes miedo a la muerte?
- La muerte es el estado perfecto, porque la muerte no tiene la más mínima conciencia del tiempo. ¡Da lo mismo treinta millones de años...! Sólo tengo miedo a la conciencia de morir a través del sufrimiento físico. Sí, también me da miedo el no haber tenido tiempo de realizar todo loque está metido en mi cabeza. ¡Tengo tal cantidad de cosas por hacer que creo que morirse a los ochenta años es demasiado corto!
- ¿El mar...?
-Me crié a la orilla del mar. La pureza de mi mente me viene de ahí. El verdadero concepto de artista es el que tiene una visión amplia y dedicación a todas las artes. Desde los caldeos, asirios, egipcios...
- ¿Tu pintura…?
-¿Mi pintura?¡El concepto del espacio...! Los espacios, para mí, se fueron haciendo cada vez más cortos. Todo se me hacía pequeño y miserable. ¡La dimensión era reducida! No tenía el suficiente aire para respirar... Con cierto temor de claustrofobia espiritual...
-¿El artista?
-¿El artista…? Lo que desea es trabajar absolutamente libre y crear en cualquier medio. Yo me vine a Lanzarote como un anacoreta. He hecho cosas en esta isla absolutamente gratuitas. A mí me gusta hacer lo que quiero... Yo estoy totalmente enamoradode la arquitectura popular. Los arquitectos se han intelectualizado demasiado y han hecho arquitectura fría. El arquitecto moderno debería poner sus conocimientos científicos al servicio de una mejor comprensión del verdadero confort que posee laarquitectura popular. Yo creo haber logrado esa combinación en mi propia casa de Tahiche...
La conversación paralela sobre Néstor de la Torre se había caldeado en esos minutos. César, ¡seguro!, estaba escuchando todo loque se producía a su alrededor, por eso no cabía en su condición estar callado sobre aquel asunto que hería su sensibilidad e intervino, diciendo: ¡Si yo soy presidente del Cabildo de las Palmas ¡vamos! presento a bombo yplatillo la obra de Néstor y hago una gran fiesta! ¡Una exposición para él solo fuera del museo! ¡Una exposición digna de Néstor, con la categoría que significa Néstor de la Torre en el mundo...!
Alguien llegó acompañando a un visitante de apellido catalán, creo que se llamaba Font. César se vio en la necesidad de levantarse eir a dar con ellos. Se dejó para otro momento continuar con la conversación, no obstante tuve la sensación de que ya me había comunicado cuestiones muy importantes. Hoy, que reconstruyo aquella entrevista más de treinta años después, descubro con asombro la auténtica profundidad y actualidad de su manera de pensar.
¡Salud eterna, allá donde estés... amigo y Maestro César!
Escrito por albertomar el 23/05/2009 01:45 | Comentarios (0)
Se acercan fechas para regalar libros de cuentos pedagógicos a los niños. Las fábulas conforman nuestra cultura. Pero un mensaje oculto subyace en todo cuento, aunque el lenguaje literario sea alegoría de una realidad inventada. Hay un contenido oculto en las fábulas de hadas y animales que implicará metafóricamente al lector. Los hechos descritos se agazapan tras las connotaciones, metáforas, las pieles de asnos, las prosopopeyas, los espejos, las voces de hermosas sirenas en el mar, para obligar a quien lee a descubrir el profundo conocimiento de las cosas.
El cuento infantil cambia lo que dice por aquello que se reconstruye en la conciencia del lector. Desde El asno de oro hasta El barril de amontillado, pasando por El licenciado Vidriera o El coloquio de los perros, toda narración popular se empeña en concitar palabras referidas al embuste, los engaños, las apariencias, por tanto, al transformismo. También en fábulas como El águila y el escarabajo, El borracho y su mujer, El avaro que perdió su dinero, El oso y los dos compañeros o El ciervo que se veía en el agua, el transformismo mostrará lo trágico y dual de la vida. Ese arte provoca sinestesias estéticas, mostrando reminiscencias de infancias perdidas en el océano tenebroso del adulto.
La escritura es un ritual que transforma la ficción en sagrada.
Lo sacro pertenece a la modalidad expresiva de los atávicos estratos culturales, conformando un espacio geográfico que habita en el inconsciente colectivo. La maestría de los cuentos de hadas y fábulas halla sus raíces en las fuentes folklóricas, donde el flujo de comunicación se testimonia en la relación de quien habla y quien escucha, cercanos a la ancestral fogata de la tribu.
La narración oral y la fábula se sitúan en los ritos iniciáticos de producción o procreación. En civilizaciones tribales, el muchacho iniciado tenía que silenciar los ritos y mitos que le habían sido traspasados, pues ahí estaba el poder del que se valdría su sociedad y cultura para subsistir. Cuando lo que se aprende es recibido desde las fuerzas sobrenaturales, si se infringe la ley del silencio, sobreviene la destrucción. Porque nombrar es tanto como crear.
El Verbo crea, al nombrar, los seres.
Cuando una mente mágica llama a alguien por su nombre, evoca su esencia. De ahí la razón del nombre oculto de tantos dioses, del escondido de los demonios, ogros y magos en la narración oral maravillosa; del segundo nombre, verdadero e ignorado, que parece haber existido.
Narrador y oyentes tomarán precauciones como cuando se pronuncia un conjuro. Supone una función conativa, pero también el desencadenamiento de reacciones emocionales por parte de los lectores.
¿Valdrá esta simple hipótesis para comprender el mensaje oculto de las fábulas?
¿Y qué suerte de multitud de ritos iniciáticos, colectivos yglobalizadores, estará propiciando el cine a través de sus tantosefectos especiales e infografías? ¿Por qué es necesario tanto exceso degasto en producciones mastodónticas, si las películas están soloparentemente destinadas a entretener a un público púber e indocumentado?
En magia, un ser nombrado responde y se siente atraído por otro, porque la posesión del nombre parece implicar la del ser completo.
¿Estará ahí uno de los peligros de la narración maravillosa, en la que se nombran continuamente personajes monstruosos o sobrehumanos?
Escrito por albertomar el 22/05/2009 03:38 | Comentarios (0)
No hay deber que descuidemos tanto como el deber de ser felices.
(Robert Louis Stevenson)
Uno de los principios más valorados en las sociedades africanas es el respeto a las personas mayores, algo que también ocurría no hace mucho en nuestra sociedad. Amparo WallsHernández aparece en la portada de su delicioso relato de recuerdos, “Mariposasde papel” (Ediciones Idea) vestida con un sombrero que ella misma se fabricó, un traje también de autoconfección con unas telas recuperadas de cualquier parte, y una piel de zorro colgada al hombro que por entonces, en aquel 1931, era signo de distinción. Hoy en día, al ver la foto su nieta, le comenta a la abuela que vestida así parece mucho mayor de los diecisiete años que tenía en la foto, y es que los jóvenes de aquella época, comenta la abuela, cuando se vestían querían imitar en todo a las personas mayores. Mucho ha cambiado el mundo desde entonces, y en esta vorágine de culto a la juventud, al dinamismo, al consumismo, a los logros individuales, bien vale la pena detenerse y pasarse una mañana de domingo leyendo el relato de una señora de noventa y cuatro años, transportarnos al mundo de nuestras abuelas, y descubrir cómo era la vida de entonces, sencilla, también difícil, tierna, familiar y por encima de todo, feliz.
Amparo Walls Hernández no tiene ninguna pretensión literaria al escribir este libro de recuerdos, ¿para qué escribirlo? -le preguntó a sus hijos cuando la animaron-, pues para experimentar muchas sensaciones dormidas, darle movimiento al cerebro y voluntad al vivir -le respondieron-. Y haciéndole caso a sus hijos, dándole movimiento al cerebro, le ha salido un libro escrito con mucha corrección (sorprendente para una persona que no ha escrito nunca), cargado de anécdotas emotivas, combinando la ternura con el humor, y que se lee con una sonrisa en los labios y una lágrima aflorando en la comisura de los ojos (y no solo aflora, a veces también resbala y cae).
Los que hemos nacido mucho mástar de lógicamente no queremos volver atrás, pero sí podemos echar de menos algunos de los valores de entonces y que aparecen tan nítidos en "Mariposas de papel": el respeto a tus semejantes por encima de todo, el valor indisoluble de la familia (de la familia extensa más allá de los padres y hermanos), la convivencia con los vecinos, los juegos y la manera sencilla y humana de divertirse…
Amparo Walls Hernández narra desde la felicidad, a pesar de que también convivió con experiencias horribles en aquellos años, pero ese tono de felicidad coincide mucho con el tono con el que narraba mi abuela María (ella no escribió un libro pero antes de morir dejó grabadas cuatro cintas de 60 con sus memorias), y este ejercicio de haber escrito o grabado sus recuerdos es un regalo único e inmejorable, una manera de demostrarnos que si estamos aquí es por algo, que nosotros empezamos mucho antes de nosotros mismos, y que si somos lo que somos es porque hay otras personas que son lo que son, o que fueron lo que fueron, y es esa herencia la que nos da sentido, y la que nos enseña a valorar su incuantificable legado.
Amparo Walls Hernández, desde aquí, un beso enorme.
Escrito por albertomar el 21/05/2009 16:39 | Comentarios (0)
El tiempo no existe. Al menos no existe metido en los relojes, sean de cuarzo, arena, de cuerda o sol. Lo diré de otra manera: el tiempo es un producto cultural y como tal habría que observarlo ,atenderlo y tratarlo. Casi nadie cree en lo que digo desde hace ya tiempo, y es que el viejo concepto del tiempo lo ha impregnado todo y tan profundamente que ya es imposible separar la posible, y primitiva visión auténtica del tiempo, del contenido que, a lo largo de milenios, el hombre se ha ido inventando. El que no exista el tiempo no quiere decir que no pueda ser utilizado y nos nos veamos sujetos a su réfreo mandato. Paradoja o contradicción, lo inventos del hombre acaban siendo reales.
De la misma manera, la vida moderna está plagada de lugares aparentemente específicos que, en realidad, son sinónimos deespacios vacíos. Creemos habitar las casas, aeropuertos, autopistas, hospitales, clubes, hoteles, cines, hipermercados, aviones, taxis, teléfonos u ordenadores... Y muchos lugares más que acaso tiendan a querer ocupar nuestras vidas desde el anonimato, transformando nuestros actos en hechos globalizadores sin alma individual. Pero no los contenemos. Desde la perspectiva del escritor, cuando escribimos, cuando el escritor confiere vida a sus personajes o a sus poemas, en realidad está poniéndole nombres y apellidos a unos lugares que le habitaban en la memoria. El espacio de la memoria del escritor cobra vida cuando es actualizado a través de la escritura. Cuando su voz mental se transforma en palabra escrita la vida comienza nuevamente a bullir. La propia escritura obliga a crearse una figuración que exprese lo que "en otro tiempo y lugar fue". La escritura misma es una metáfora del pasado y la condición del hombre es el estar confeccionando textos escritos o imaginados que lo justifiquen en lugares y espacios que a veces no habitó o no supo habitar. El nacimiento de la palabra surge para justificar los actos del hombre... y, quizá, también, sus olvidos.
Habitamos un espacio que desconocemos. Sabemos cuatro cosas sobre nosotros mismos y sobre algunos lugares de la Tierra, y nos atrevemos a definirlos en la modernidad "como la capacidad de lucha del hombre para imponerse sobre el medio", cuando, en realidad, el hombre no ha acabado aún por conocer qué cosa habita, dónde está, porqué está ahí y, ni siquiera, porqué llegó adonde está y cree hallarse. ¡Nuestro cinismo rompe todos los moldes previsibles!
Una vida de un adulto, tal y como la conocemos ahora, apenas da tiempo para descubrir la importancia del cuerpo que habitamos desde la perspectiva de espacio, ¡cuánto más difícil conocer aquel otro lugar más connotado y significativo que da forma a un espacio que te engloba, conjuntamente con otros lugares, con valor histórico, vivencial o determinante! Yo estudié hace mucho algo de Medicina y recuerdo de entonces, sobre todo, las clases prácticas de microbiología y de anatomía topográfica porque me situaban, como estudiante, ante cuerpos que a su vez estaban o podían estar habitados por multitud de seres y vidas diminutas desde la epidermis hasta la última célula. Cuando te descubres que eres un espacio para que otros vivan y que, a la vez, tú circulas, vives, discurres, atacas o amas, o buscas tu razón de ser en otro espacio que es un lugar de la Tierra, por analogías tiendes a suponer que el PlanetaAzul es como tú, otro lugar vivo que contiene muchos otros y que él, a su vez, está inserto en otro que también vive en otro, y ese otro también...
Así es fácil llegar al concepto de Cosmos, como espacio metafórico que contiene a todos los espacios.
Escrito por albertomar el 18/05/2009 16:02 | Comentarios (0)
Recientemente una íntima amiga me discutía, con agrio tono de reproche, en medio de la celebración festiva de su cumpleaños, que los hombres éramos incapaces de amar. Y que la raíz esencial quizá estuviera en que no éramos paridores, que desconocíamos la esencia de la entrega al hijo hasta la muerte. Y me metí en una discusión inútil sobre que sólo la juventud muere de amor.
Sabía que no tenía que defender al sexo masculino porque ha sido, durante siglos, un ejemplo vivo de incongruencia humana e insolidaridad contra su otro “yo”, la mujer. Pero en aquel momento me vino de golpe a la mente el caso de Luis. Ocurrió hace años, tantos que me sorprende aún haberlo recordado. Siempre hay una razón para la memoria. Más allá de Proust, como apoyo literario, está el irrenunciable ejercicio humano de reaccionar ante múltiples y sutiles catalizadores que obligan a atraer, hasta el presente instantáneo, experiencias hundidas en el pasado.
Ahora, Luis, habría estado ya jubilado, como cualquier sesentón de tantos, pero en aquellos años la tanta juventud que portaba en el corazón lo situó en el abismo de olvidarse de sí mismo, de empeñarse en morir de amor. No, fue otra cosa distinta que el morir, sencillamente se destruyó. Y conté su caso, quizá a sabiendas de que sería tenido sólo como una extraña excepción.
Fue la luminosa época que viví en Sevilla, entre olor a naranjos y pescado frito. Era tiempo de intuición, en que alguien más inocente que yo me vivía en mi cuerpo devorándose la vida. Era el tiempo en que dirigía teatro Joaquín Arbide y el TEU de La Laguna ganaba un festival de teatro con una bella pieza de Arrabal, dirigida por una gran persona, profesor de francés, don Francisco, que también fue ave de paso en la universidad lagunera pero que dejó estela entre los amigos y, en aquellos años, amor al arte talío.
Me encontraba actuando al mismo tiempo con un par de compañías teatrales y Luis encarnaba en una de ellas al galán o protagonista joven. Todos los del grupo sabíamos que estaba enamorado como un animal de Amalia, la bellísimacoprotagonista de la otra compañía. Era el comienzo del sesenta y los jóvenes amábamos a manos llenas. Entre ellos dos, Luisito y Amalia, había tal traspaso de afectos, que acabaron por parecerse físicamente. Los mismos cabellos largos, aquellos ojos negros encendidos por los infinitos deseos, las pieles pálidas hasta la transparencia… y el juego permanente de confundirse los contornos de uno en el otro. No pude saber en esos momentos que aquel amor tenía que acabar mal, por sí mismo o porque otros, llevados de la envidia, lo destruyeran.
Ella murió porque sí. Lo tendría destinado de antiguo para aquella tarde fría y húmeda de Sevilla. Luis, a la semana, dejó nuestra compañía y se colocó en la otra, en la que aún buscaban actriz para sustituir a Amalia. Pidió seguir haciendo su personaje y pudimos comprobar que encima lo interpretaba mejor que ella, tal sería su transformismo total y entrega dramática.
Dejó a Luis oculto en el fondo del armario del camerino, y empezó a vivir como si fuera Amalia.
Escrito por albertomar el 19/01/2009 02:20 | Comentarios (0)
Un proyecto puede surgir de una simple idea, pero esa idea no nace de la nada. Ha de tener un comienzo, y ese comienzo ha de estar previsto en la estructura organizativa. La estructura organizativa nace de lo que llamamos organización. La organización sirve a la comunidad para la que fue creada. La política cultural es la que marca la dirección que la organización ha de llevar. Podemos acepar que existen dos grandes fórmulas genéricas de observar las actitudes o comportamientos ideológicos de una Política Cultural [Michel Bassand, 1991]: Democratización de la cultura y Democracia cultural.
democratización de la cultura
Aunque de amplia acción, es producto de un dirigismo político cultural (de arriba abajo), donde la dinámica cultural se reduce a un movimiento controlado por una minoría de creadores, conservadores (especialistas, profesores o críticos) y difusores e intermediarios (gestores o políticos culturales). Esta es la dinámica cultural descendente: y según ellos las clases populares o medias, que son los consumidores de los productos culturales, son individuos incultos a los que hay que cultivar; y, sin embargo, está demostrado de que estos individuos también crean modelos y prácticas culturales que les son propias (de rechazo, de participación o de resistencia) y que pueden ser innovadoras (e influir más tarde en la sociedad). No obstante, aún situándonos en esta perspectiva política de democratización de la cultura –“la mal llamada cultura para todos”- se observan enormes deficiencias y agravios comparativos en materia de infraestructuras y equipamientos, donde las grandes ciudades europeas de la cultura (Madrid, Barcelona, Sevilla, Valencia o Bilbao) se llevan las mejores atenciones y protagonismos frente a las autonomías periféricas y ultraperiféricas (en nuestro ultraperiférico caso, Canarias).
democracia cultural
Es otro concepto de dinámica distinta, subsidiaria de la revolución cultural del 68, donde los estudiantes pedían mayor participación. Ésta es una acción en la que se supone un efluvio de demanda desde la base social. Michel Bassand cree que lo válido es la confluencia de ambos vectores -ascendente y descendente- propiciando las voluntades políticas y las voluntades sociales, encontrándose. Los creadores natos (que son el pueblo), en acción, y los poderes permitiendo que desde la base se expresen sus acciones creativas y demandas hasta llegar a la cúspide de la jerarquía social. El encuentro de estas dos dinámicas culturales, ascendentes y descendentes, daría lugar a la verdadera democracia cultural.
Un Proyecto (de Artes Escénica y/o Audiovisuales, y/o de la Industria del Libro, p.e.) es una consecuencia de un conjunto organizativo, no es que surja al azar. No debería ser producto de la improvisación ni del nacer en contra de algo. Propongo, con el objetivo de ser creativos, que siempre construyamos a favor de una propuesta, no en contra de nada ni nadie. Las manifestaciones de la Cultura han de ser positivas para que funcionen (¿les valdría esta propuesta para un debate público o privado, en el Ateneo o en Internet?). ¿Pero cómo podremos ser capaces de descubrir el intríngulis interior de un proyecto?, ¿o, como mínimo, de qué tipo de proyecto se trata? ¿Estamos ante un proyecto improvisado? ¿Es producto de una programación porque sí, porque el amigo de turno del jefe político dijo que eso era bueno para esto y lo otro...?, ¿o porque sobró un dinerillo y hay que gastarlo antes de que acabe el año en una convocatoria a bombo y platillo?
¿...? ¿En qué tipo de proyectos nos podremos ver envueltos tanto como creadores, consumidores o como gestores culturales? Porque no se trataría de aceptar cualquier cosa que nos caiga del cielo, como su puesto maná, sino de construir un estado positivo de conocimiento autocrítico... Ya lo hemos hecho más arriba, pero sigamos preguntándonos, aunque sean verdades evidentes, al menos para tener fórmulas de diagnosis, como si miráramos desde fuera de cualquier organización: como si fuéramos un creador o un gestor cultural que no perteneciera a ninguna empresa.
Vamos a intentar ser inocentes, para clarificarnos:
¿Cómo es nuestra organización o cualquier tipo de la que observamos en nuestro entorno o con las que, de una manera u otra, nos relacionamos? ¿Es pública, es privada? ¿Privada lucrativa?, ¿privada no lucrativa?, ¿es una ONG?, ¿y si es así, es tan privada o algo pública? ¿No es ni carne ni pescado? ¿Qué es...? ¿Cuál es su parámetro de relación o dependencia con lo público? ¿Quién aprueba los presupuestos?
Siempre dependerá a qué o quién preguntemos, pero recordemos que también debemos indagar sobre cuestiones trascendentales: ¿Quién paga? ¿Quién distribuye los dineros? ¿Quién marca las estrategias de acción? ¿Quién sienta la política del centro? ¿Quién decide los pagos? ¿Quién decide a quién se le subvenciona o compra un producto cultural? ¿Y si decidiera un Consejo, un intermediario, quién lo elige y controla? ¿De dónde se autoabastece la organización?
Repitamos, pero ¿quién evalúa?, si es que alguna vez se hace y de qué forma... Cuando podamos responder a todo eso, sabremos quién es el patrón y de qué tipo de patrón se trata. Quizá preguntarnos quién paga sea una tontería en este foro, porque la mayoría de los que aquí están sabe bien quién paga; aunque se debería recordar más a menudo que quien en realidad paga es el pueblo, la Sociedad.
Sigamos: el conjunto de esas preguntas nos ayudarán a reconocer quién marca la línea argumental del proceso productivo, la política cultural... Porque, a pesar del carácter de las respuestas, ¡no nos engañemos!, quien paga se siente con derecho a marcar las líneas directrices, aunque estuviera equivocado. Sabemos que la Cultura, en un sentido muy amplio, trabaja con bienes intangibles (que, a su vez, son muy amigos de las plusvalías), pero esos bienes están sujetos a altos costos y a una permanente transacción económica...
[Fragmento del texto correspondiente a la Tesina que Alberto Omar Walls presentó en 1998 como final del Master en Gestión Cultural, música teatro y danza. Este master ha sido calificado en 2008 como “Mejor Master en Gestión Cultural de España”, por quinta vez consecutiva. Para tener acceso al texto completo, puedes pinchar en el vínculo que se presenta más arriba, al comienzo del presente artículo y, para acceder a la relación completa de las tesinas, y al PDF de algunas de ellas, pincha en este otro vínculo general de la web del master: Master en Gestión Cultural]
Escrito por albertomar el 08/12/2008 22:45 | Comentarios (0)
El hombre se rehace a sí mismo en todo un proceso histórico de irse poniendo en pie frente a otros seres, en un artístico esfuerzo por elevarse hasta las estrellas, en lucha cruenta entre la mundialización yla solidaridad.Todo el arte, al margen de parcelaciones y conjunciones azarosas, es el producto de ese esfuerzo. No obstante, qué duda cabe que el hombre es ese animal que, a pesar de su evolución, siempre renaciendo de entre sus despojos, mantiene aún muchas constantes que hacen dudar de su supuesta capacidad de recreación. Algunas de esas constantes se balancean entre dos grandes extremos: la máxima comprensión, entrega y solidaridad para con el prójimo - representadas en seres y grupos aislados -, y el individualismo más ruin, como tónica general de comunicación y conducta. Entre medio de estas dos posturas extremas se mueven muchas actitudes que buscan el beneplácito en la conciencia social de un Occidente que cada vez ensaya más parecerse a sí mismo. Pero el gran mito narcisista de sentirse elevado a la dignidad de modelo a imitar, subyuga al individuo contemporáneo con cánticos económico-sociales impidiéndoles la posibilidad de gozar de una inusitada espiritualidad-artística que emanaría de su auténtica individuación. El hallazgo del conocimiento de lo total - esa espiritualidad artística - ha de pasar antes por el cónocete a ti mismo íntimo e intransferible, pero en el juego de las paradojas se halla también, para confundir a todos,esa postura de unos seres insolidarios que adoran al vellocino de oro social.
La gran política económica generalizada de los países occidentales - concentrada en las "Ciudades Globales" - ha impuesto el uso de, al menos, dos términos de aplicación obligada para la mayoría de los productores y vendedores: globalización y sinergia. Esto ha invadido todos los campos sociales donde existan productos que pretendan ser ofrecidos para su distribución, venta y consumo, en el seno de una monumental ensalada de mercado abierto y ferozmente competitivo: sean automóviles, cantantes, cacerolas de cocina, armamentos, plátanos, teatros, leches envasadas, imágenes personales, programas de televisión - con la realidad al rojo vivo y en el momento en que se producen los hechos -, películas de todo tipo, pieles sintéticas o de animales, etc. Todos los productos, sean intangibles o reales, necesitan de una conjunción de esfuerzos, de una cooperación de especialidades suficientemente estructurada, para que puedan llegar, a través de gigantescas campañas de comunicación transnacionales, a sus consumidores. Para ello se han creado complicadas redes industriales donde participan simultáneamente individuos multinacionales que aportan sus trabajos. El hombre mismo, por supuesto, también es un producto al que afectan las leyes del mercado globalizador. El hombre, visto como producto, se fabrica, se vende y compra, se difunde y televisa, se copia o se destruye y recicla, etc. Cuando la globalización tiene un fin último basado en la solidaridad, pues... ¡qué bien!, pero la globalización atiende sobre todo a las leyes del mercado y la solidaridad será siempre sustituida por los dividendos oligopólicos del amo anónimo sentado ante una larga mesa de uno de sus consejos de administración o jugando al golf en cualquiera de los campos de su ancha Tierra (tres pilares dominantes, USA, Japón y UE se reparten el poder del mercado mundial). China juega a buscar cuatro patas al gato, pero el resto, se debate entre la miseria, la pobreza e imitar la burguesía económica.
También sabemos ya que las leyes de la comunicación aplicada al mercado adelantan el efecto informativo al producto mismo, con lo que, a veces, no hace alta conocer o ver el producto antes que se produzca su creación y compra. ¿Qué diferencia hay entre un barrio en el que los niños juegan plácidamente a la pelota y ese mismo barrio, con iguales niños, siendo televisados para todo el mundo dos horas antes en que se dé la orden de bombardear la ciudad que los alberga? La comunicación global ha permitido que millones de espectadores se conduelan poemáticamente por un hecho (o producto) tenido ya por un imaginario-real, y, al mismo tiempo, asistan a la propaganda de productos que les recuerdan que eso nunca les podrá pasar a ellos porque los espectadores estarán siempre a salvo con sus sexualidades aplicadas a los productos consumibles, eso sí mientras se mantengan sentados y quietos frente a ese otro lado de la pantalla.
2.- El barrio: un territorio en el alma.
Canarias, con un grueso de población repartido entre Lanzarote, Fuerteventura, Gran Canaria, Tenerife, La Palma, La Gomera y El Hierro, como es consustancial a todo archipiélago se ejerce en una unidad administrativa y política pero se conforma, funcionalmente, en un territorio fragmentado. No cabe duda que en su condición geográfica hállase su máxima limitación pero, también, su cualidad más pertinente. Esta división se centraliza administrativamente en dos provincias, cuyas capitalidades se reparten en dos de las llamadas islas mayores: una, Santa Cruz de Tenerife y, la otra, Las Palmas de Gran Canaria. El Municipio de La Laguna fue la antigua capital de Canarias. Fundada en 1494, comprende 102,05 kms2 de superficie. Santa Cruz de Tenerife 150,56 kms2 se segrega, en 1802, de La Laguna y en 1812 consigue la capitalidad de la provincia de Canarias, pero es, a partir de 1927, cuando el Archipiélago se subdivide en las dos provincias actuales. Como primer punto de referencia globalizadora, las Islas Canarias están situadas a cinco mil cien kilómetros de distancia de Nueva York, a cerca de tres mil de Londres, y a más de mil quinientos de Madrid. Enclavadas en el Atlántico, a pocos kilómetros de la costa más Noroeste del Continente Africano -la menor distancia es de 100 km. y la mayor de 500 km. -, pueden ser definidas por un navegante como el Archipiélago que está entre las latitudes 27º 37' y 29º 25' Norte (situación subtropical) y las longitudes 13º 20' y 18º 10' al Oeste de Greenwich. Esa situación tan peculiar, dentro del territorio español, se significa socialmente con el retraso de una hora respecto de la Península Ibérica, al haber una diferencia de huso horario (15 grados).
3. Alicia nunca envejece...
Yo nací esta vez en una de las muchas poblaciones insulares que miran al mar, Santa Cruz de Tenerife, un ocho de mayo de mil novecientos cuarenta y tres, en la Calle La X; por tanto, en el Barrio Duggi. A los ocho años, nos trasladamos a la calle Ramón y Cajal. De esos días recuerdo aún las calles de polvo y tierra todas levantadas con sus tripas al aire, pues en aquella época se estaba realizando el definitivo asfaltado de una zona que popularmente se llamaba El Monturrio. No tenía el Barrio Duggi, al que pasó a formar parte la nueva calle Ramón y Cajal, la vieja marca del Barrio Salamanca, El Toscal o los más antiguo aún, de Cuatro Torres, El Cabo, etc... Pero el Barrio Duggi, como todos los barrios, tuvo una personalidad propia y era imposible vivir fuera de ella o sustraerse a sus interacciones. Planteo esto porque si la niñez y juventud pasadas en una ciudad no fueron fraguadas en un barrio, un adulto no es nadie, es sólo olvido. La raíz de toda capacidad creativa y productiva está en la niñez y en los elementos que la sustentaron en su momento. Y la mejor forma de luchar contra los excesos globalizadores es intentar mantener el recuerdo vivo del barrio íntimo.
Claro está, la niñez se nos fabrica con cientos de retazos de otras vidas con las que nos relacionamos, con los que entran tanto las admoniciones y sopapos de los mayores, como sus caricias y amores. Un niño es una marmita donde se cuecen los elementos que conforman al adulto futuro, pero el adulto está ya contenido, como una semilla, en el niño. El niño tiene la mirada de un caleidoscopio o la de una mosca, porque todas las experiencias se le adentran hasta lo hondo por muchas esquinas, planos, vértices de su personita receptiva, esponjosa. Lo recibe todo y luego, sin contemplaciones, lo cuece en su propio barro con el fuego de sus emociones, sentimientos y conflictos... Junto con las sonrisas y cachetones, le entran sin pedir permiso, las nanas cantadas al anochecer, los cuentos viejos de misterio y de hadas junto a la gente del barrio en la plaza de enfrente, los olores de las cocinas del vecindario mezclándose las especias con el café, la leña, o el carbón, o el gas y petróleo, y el paisaje...
El paisaje interior y exterior del lugar es fundamental para entender la luz que luego habita en la vida de un adulto. El gran paisaje es, por supuesto, la naturaleza, la Madre Naturaleza, pero sin llegar a tan grandes dimensiones el niño la observa y goza más desde su utilidad y cercanía que desde el concepto universalizado. Así, el niño, conoce primero su calle, con sus peligros, asechanzas y horas de tregua, donde el juego y la convivencia con los amigos es posible y necesaria; conoce, luego, otras calle y, al fin, el barrio, ¡en el proceso de toda una excursión al universo abierto!..., porque el barrio sólo tiene límites cuando los chicos de otros barrios, normalmente concebidos como tribus enemigas o susceptibles de enfrentamientos, se acercan o invaden el territorio. ¡Un niño es un miembro con todo derecho de una tribu que es un barrio, y su barrio es la condensación de todo el paisaje, de todos los paisajes posibles, y en ese entorno, para poder ser feliz, debe tener acceso a todo lo necesario!, cuando no es así, o sucumbe o busca sus nuevas esperanzas en otros sitios, en otros lugares que se abren más allá de las lindes reconocidas de su entorno. Cuando el niño viaja a conocer el mar, está reconociendo en su interior la carne de emigrante que conforma a un isleño, y seguro que ese primer día se le prende en la mirada un deje de añoranza que quizá pronto olvide pero que puede que alguna vez futura renazca y realimente. Para cuando conoce el monte y el campo, ha descubierto el continente y todas las tierras desconocidas, pero cuando transita sin saber adónde va por las calles de su ciudad hasta cansarse, hasta perderse..., entonces está aprendiendo a caminar por la piel de este mundo sin fin, que se comporta a veces ajeno y, otras, propio. Las calles de su barrio, para un niño, es el universo sin fin, ¡porque no las conocerá todas hasta que se haga más mayor, hasta que le den licencia y obligación de ser como los demás!
Se ama lo que se conoce, aunque también las ilusiones y esperanzas nos ayuden a dar el salto hacia lo desconocido y atraerlo hacia nosotros con la fuerza del amor. El amor es vibración de la energía que subyace en el corazón, también lo es la fe y la voluntad y tantas otras cosas del hombre. Los estudios, las lecturas, el parque y sus ferias de primaveras, veranos, otoños, inviernos, la plástica o el cine al aire libre con su olor especial de noche veraniega, también lo son. Un cúmulo de energías conformadas creativamente dan lugar a lo que es el niño, con toda su experiencia vivencial metida en los bolsillos junto a las canicas, lagartijas, pañuelo lleno de mocos... Quienes han cuidado o asisten a los niños conformarán una iconografía sustancial en la orografía del barrio. Serán/son en sí mismos un producto de identidad cultural difícilmente sustituible.
4. Apuntes para la singularidad.
Frente a los mercados oligopólicos de las culturas programadas en los grandes salones de la moda o en los despachos de los virreyes de las supraculturas se encuentra siempre el individuo en solitario intentado en vano desembarazarse de la colonización a la que le condena la globalización excesiva, la globalización anónima, la globalización dictadora, la globalización nazi...Las industrias culturales se significan en esta crítica sociedad del supuesto bien estar como grandes dinamizadoras de las economías, como auténticos dictadores del consumismo cultural, como intermediarios de la comunicación buscada... Si este pobre individuo solitario quisiera definir objetivamente un barrio (ya que lo hemos intentado hacer en el apartado anterior tan subjetivamente) habría que sumarle al contenido geográfico de lo almático, mágico o infantil que sólo hemos esbozado, lo que tiene de realidad dimensionable: primero, un espacio geográfico inmerso en otro mayor, una fisonomía física, unas vías de comunicación con la totalidad y unos habitantes en relación entre sí y con los medios de producción social. Barajando datos generales referidos a Canarias entera, digamos que una proporción de más del 70% de la población trabaja en el sector servicios, lo que representa una conversión en los últimos 30 años de una sociedad agrícola a otra postindustrial. En la actualidad, el Archipiélago Canario desarrolla su papel dentro de la economía global marcadamente en la oferta de turismo y ocio. Esta especialización en el turismo ha conformado un panorama ocupacional liderado por el sector servicios, y donde abundan profesionales y técnicos, personal administrativo, trabajadores de servicios de restauración, de servicios personales y seguridad, y dependientes de comercio. Este conjunto acoge a más de la mitad de toda la masa laboral canaria. La población trabajadora viene desplazándose desde los sectores primarios y secundarios (agricultura-pesca e industria) hacia el sector terciario aumentando su número de empleados. Dentro de este sector, la rama de Intermediación financiera, seguros, inmobiliarias y servicios a las empresas es la de mayor expansión relativa, con un aumento de 103%. Le sigue la rama de Sanidad y servicios sociales, con una variación de 39,5%, la de Comercio al por mayor y menor (35,2% de aumento), Hostelería y restaurantes (31,1% de variación), Educación (20,5%) y Transportes y comunicaciones (14,6% de aumento). Estas son las áreas productivas que generan mayor número de nuevos puestos de trabajo. La mayor base de empleo está en la actividad comercial y en la de hostelería-restauración, ya que más de 155.000 ocupados trabajan en estas áreas, que caracterizan singularmente a la economía canaria. Las ramas productivas que disminuyen su capacidad de creación de puestos de trabajo son las Industrias extractivas (-73,3% de variación en el periodo), la Energía eléctrica, gas y agua (-37,8% de disminución), la Pesca y piscicultura (33,8%) y la Administración pública y defensa (-9%).
Por consiguiente, desde el punto de vista de la actividad económica de las empresas donde trabajan los ocupados de Canarias, las ramas más expansivas se ubican en Servicios a las empresas, Sanidad y Educación.Manejar estos datos anteriores sirven para poco si en realidad queremos deducir las preferencias de la población en cuanto al ocio y la cultura junto el grado de participación ciudadana según los grados de preferencias culturales gustos e implicaciones artísticas, pues este trabajo está por hacerse en Canarias junto con el contemplar la presencia de profesionales de la gestión cultural que puedan ayudar a gestionar y articular los productos del ocio que una ciudadanía activa reclama. Pero sí que podemos deducir por las preferencias de las ramas de actividades profesionales, que los niveles de consumo social han subido en los últimos años quizá propiciados por la norma general de la sociedad del bien estar; y, una sociedad que consume en las áreas de actividad comercial y de hostelería y restauración, es una sociedad formada por personas proclives al ocio y al consumo cultural. Obsérvese que la tercera área de actividad, se refiere a la construcción y esto no se produce si no hay estímulo y demanda del sector. Caminamos para ser recibidos en la integración total del ámbito europeo, a una suprasociedad cultural dotada de marcos jurídicos específicos(recordemos el art. 128 del Tratado de la Unión Europea), que obligan a las implicaciones culturales de los poderes políticos, sobre los principios de acceso a lo universal a partir de lo particular, partiendo del respeto y promoción de lo local o del nivel administrativo más cercano a los ciudadanos (como puede ser el caso de los distritos o barrios).
5. Responsabilidad en la gestión cultural
La adopción cada vez más generalizada de un término como gestión cultural no soluciona el conocimiento para la solución de los problemas de la planificación y la organización de servicios culturales. Hoy día todo el mundo es gestor cultural o todo Ente público ya gestiona cultura como mejor se le antoja, aunque también sabemos que la cultura no la gestionan solo las personas relacionadas con ella, sino, sobre todo, las grandes multinacionales que han diversificado sus economías en beneficio de la estabilidad de sus dividendos. Hace tiempo que se viene definiendo la gestión cultural como los métodos que intentan equilibrar las exigencias de los proyectos creativos con las que ya existen en un territorio (barrio, pueblo, distrito urbano, ciudad, provincia, región). Por otro lado, a la hora de ejercer sus funciones, el gestor cultural se tiene que enfrentar alas múltiples tensiones que generan los recursos cada vez más escasos-economía, personal e infraestructuras- pero también, y es lo más grave, ante el poder y consenso políticos.
Han pasado ya más de quince años desde que en algunos centros de estudios de la gestión cultural, en su mayoría ligados a determinadas universidades, se planteaba la gestión cultural como una actividad técnica, casi aséptica, que no obligaba a una implicación ética en la gestión de los recursos. Poco más o menos se hablaba de crear un eficaz y eficiente administrador de productos intangibles para evitar lo que hacían con los dineros públicos y las equivocaciones en que incurrían muchos ayuntamientos y entidades culturales gubernamentales o subsidiarias de los poderes públicos; pero no se le pedía sino que obedeciera al amo, el político de turno que, se suponía, había sido elegido en las urnas. Al gestor cultural consciente y responsable le surge, ante la peligrosa globalización estandarizadora que se nos avecina, una responsabilidad supletoria: servir de salvaguarda de los elementos más hondamente formativos del individuo en relación con su infancia. Adelantarse un tanto a los posibles problemas de la excesiva globalización no tiene nada que ver con el ombliguismo cultural, ¡no! Las vanguardias no tienen por qué resentirse, ni las investigaciones de nuevo corte, ni las obras de autor... No hay que confundir las coordenadas y pasarse al extremo contrario, porque ello implicaría un fracaso peor, que sería, como mínimo, caer en un nacionalismo cultural inventado y, a la larga, más dictatorial todavía que la amenazante globalización que ya empezamos a padecer. Es muy difícil conjugar equilibradamente la necesidad de obedecer la moda venida de fuera con las creaciones producidas en el entorno.Por otro lado, la globalización favorece las nuevas leyes del mercado, siendo supuestamente buena a la hora de unirse los pequeños productores para propiciar acciones conjuntas - la mayoría de las veces apoyándose en las políticas culturales de los gobiernos -, no así será buena para los productos culturales y los productores que andan buscando distribución en solitario, sean creadores individuales que realizan sus obras o pequeños grupos pertenecientes a territorios alejados de los grandes centros de la difusión y distribución.
Vivimos en un momento crucial de transformación social y económica en que tienen mucho que decir los entes intermediarios entre los poderes locales y regionales en la acción cultural. En una época en la que a la fuerza accedemos a una aldea globalizadora, debería contemplarse - para evitar el anonimato y el silencio castrador - la observancia de lo particular. Dentro de la singularidad cultural de las ciudades, junto con las tradiciones locales y la conciencia geográfica, se hallan los barrios con fisonomía y conciencia propias, por lo que estos deberían significarse como una de las células primeras que conforman las ciudades.
Los barrios por sí solos no tienen nada que hacer, están abocados al anonimato cuando no a su exterminio sustancial. El peligro general se sitúa en el pensamiento ya defendido de que casi no se conoce al vecino de al lado ni al de encima. Cuando esto se produce y no se hace nada importante por resolverlo, poco futuro le resta al barrio. La problemática general deberían plantearla ellos mismos, los barrios a través de sus asociaciones de vecinos junto con políticos, investigadores universitarios y gestores culturales, propiciando una serie de encuentros, duren lo que duren, donde se analicen sus limitaciones y expectativas, se observen los recursos, sus capacidades de convocatoria y autogobierno y autosuficiencias en materia cultural. Todo barrio tiene retos pendientes,el de tomar conciencia de sí mismo, el descubrir quién es dentro de la estructura general de la ciudad y saber que compone, junto con sus habitantes, parte de ese territorio general, cuyos límites no serán sólo los de la ciudad que los engloba, también la constatación de sus singularidades, y en último término la integración creciente en un mundo multicultural.
La globalización facilita el movimiento de los mercados y sus productos, pero también propicia la colonización del mercado más fuerte sobre el más débil junto a la inevitable colonización cultural, con su pléyade de modas y maneras espúreas. Hay una salida que el individuo de la Cultura debe ensayar y es el no perder de vista la creatividad individual y colectiva y ejercerse en la práctica de la solidaridad. No me refiero a un compromiso social al viejo estilo, planteo el despertar a una nueva conciencia de sí, ubicándose con pleno derecho en la sociedad y época que le ha tocado vivir a cada uno sin perder la posibilidad de ser una persona creativa, auténtica y socialmente activa.
Muchos nos ejercemos aún en la convicción de que es la cultura la que salva al hombre de sus fechorías. Pero la cultura es un producto suyo también, por lo que hay que deducir que es el hombre quien, paradójicamente, crea la cultura que le conviene. Por ejemplo, ¿puede ser más hermoso el arte creado por el hombre del siglo diecisiete y sin embargo, al mismo tiempo, sus relaciones sociales motivaban satisfactoriamente la intolerancia y la esclavitud?
¿Nos debemos preguntar cuál es la cultura que conviene a la humanidad para vivir al fin en perfecta armonía con su medio y consigo misma? ¿Está la sociedad en condiciones de saber elegir libremente? Creo que no, los efectos de la globalización, no sólo en materia cultural, se están dejando sentir y ver con demasiados ejemplos evidentes de tenerle bien agarrados los machos de la decisión a las sociedades y conducirlas a su autodestrucción.
Las tenazas de la economía global mandan, y nos destruyen...
BIBLIOGRAFÍA SUCINTA
BALÁZS, Bela, El Film. Evolución y esencia de un arte nuevo, Gustavo Gili, Barcelona, 1972.
FERNÁNDEZ DURÁN, Ramón, La explosión del desorden, (La metrópolis como espacio de la crisis global), Fundamentos, Madrid, 1993.
HELLA, Víctor, La idea de cultura, FCE, México, 1986.
MARCH, James G. y SIMON, Herbert A., Teoría de la organización, Ariel Economía, Madrid, 1987.
MAYNNTZ, Renate, Sociología de la organización, Alianza Universidad, Madrid, 1990.
SMITH, Peter B. Y PETERSON, Mark F., Liderazgo, organizaciones y cultura(Un modelo de dirección de sucesos), Pirámide, Madrid, 1990.
ZALLO, Ramón, El mercado de la cultura (Estructura económica y política de la comunicación), Tercera Prensa, Donostia, 1992.
Escrito por albertomar el 05/12/2008 20:56 | Comentarios (0)
Ella se anuncia en www.redkaraoke.com con el sonoro y sencillo nombre de Chachita de Tenerife. He oído algunas de sus canciones grabadas con el sistema del karaoke. Hace unos días, al parecer, decidió incorporar la imagen.Se ve que los asuntos de informática le quedan algo lejanos. Quizá debería pedirle alguna ayuda a alguien que sepa algo más de todo eso de la informática y la grabación en webcan.
Porque Chachita, de Tenerife, posee una magnífica voz y un gusto natural, exquisito, a la hora de cantar temas muy conocidos. Me apena comprobar en muchas de estas grabaciones el que los naturales problemas técnicos no se supieran solucionar a la hora de grabar sus interpretaciones. Y molesta un tanto el ritmo obligado del propio sistema empleado. Claro está, que Chachita con una orquesta haría maravillas. Es una magnífica señora que tiene los mejores dones y que canta lo que quiere. Canta canciones de Gardel, Machín, Aznavour, Julio Iglesias, Los Panchos, Madonna o de quien quiera. Tiene más de ciento treinta grabaciones, y más de dos mil comentarios y, por supuesto, una infinidad de visitas.
La verdad, que Chachita, sentada ante su ordenador, desde Tenerife, leyendo su karaoke y cantando como lo hace, es todo un fenómeno imparable que merecería ser oído y seguido por muchos…
comunicación enviada al encuentro titulado desafíos de la cultura en el siglo xxi [la palma 2008]
ser escritor, en el territorio confuso del negocio del libro
Alberto Omar Walls
Toda obra se considera, según la ley, un objeto susceptible de reproducción, distribución, difusión y comunicación pública y hasta de transformación; tiene por principio un sujeto creador al que se le llama autor y sus contenidos en nuestra sociedad actual generan unos derechos. Los libros no son obras tan complejas como los productos audiovisuales, porque, aunque en un libro entran muchos agentes de manera lineal, las obras audiovisuales implican, para su realización, la participación de muchos profesionales distintos. Aunque, como en el caso de los libros, los titulares no son todos los que han entrado en su creación, sino unos pocos, con exclusión del resto, como es el caso del director o realizador, el autor del guión (y entendemos por tal también el argumento, las adaptaciones, y los diálogos) y el compositor de la música creada para esa obra. El productor no tiene un derecho propio u originario sobre la obra audiovisual.
La Propiedad Intelectual es un concepto más amplio que los Derechos de Autor. El término Derecho de Autor reconoce la existencia del autor o creador de una obra artística o no, pero original, y conlleva el reconocimiento, según la legislación vigente, de dos grandes valores pragmáticos: los derechos morales y los patrimoniales. Los morales tienen profundo valor irrenunciable, intransferible, inalienable e imprescriptible. Los patrimoniales, se refieren a los que la ley concede al autor para la explotación pública generadora de derechos económicos, y por tanto son transmisibles. Son derechos de reproducción, de distribución de comunicación pública y de transformación. Y los derechos de explotación se pueden transmitir de manera formal mediante un contrato en exclusiva o no exclusiva, con unos límites que se establecen en la cesión.
Pero yo me quiero referir aquí al espacio propio del escritor, situado en el territorio confuso del negocio del libro, y específicamente a los autores canarios perdidos en el entramado de la industria librera. Me llama la atención en la nueva ley denominada Ley de la lectura, del libro y las bibliotecas[1]que cuando se nombra expresamente a los creadores incluya, además de los escritores y autores, a los traductores, ilustradores y a los correctores. Esta reciente Ley del libro y bibliotecas, insiste en el Estado de Cultura que vivimos y gozamos los españoles a partir de nuestra Constitución de 1978 (insistiendo en los Arts. 44 y 149.2), y subraya sus responsabilidades, como todo estado latino protector, en que no sólo ha de proteger y propiciar la cultura, sino que aconseja, interviene y programa. Desde esa perspectiva, hallamos que el generoso texto del prólogo, o preámbulo literario,tiene un carácter programático e ideológico ya que insiste en “el apoyo de los poderes públicos al libro”. Reconoce la labor de los verdaderos protagonistas, los creadores, pero falla en transmitirle a las autonomías normas de cómo propiciar la permanencia social del escritor, o cómo estimular su dedicación social, en fin, lo que entendemos por profesionalidad…
Evidentemente que parece querer abordar el complejo mundo del libro desde dos de sus bienes específicos, el cultural y el del mercado, pero luego se detienemás en lo que entiende como novedades estrellas de la ley; por un lado, los derechos de préstamo bibliotecario (que poseen, para el autor, un valor patrimonial) y, por otro, el fomento a la lectura, a través de los programas de hábitos de lectura. Estos programas del estímulo de la lectura conllevan una gran significación cultural y moral, pero al ser ideas o propuestas que se expresan sin planificación estructural adquieren visos de intentona deslavazada y sujeta a la buena voluntad de los agentes culturales de las comunidades autónomas.
Llamará la atención de esta Ley que en el Cap. III, Art. 5, referido a la Promoción de autores y de la industria del libro, no diga nada nuevo y lo despachecon tres simples apartados donde, con una angelical inocencia asegura y mandata cuestiones como que “El Ministerio de Cultura desarrollará, con la participación de las Comunidades Autónomas, campañas de promoción de los autores que se expresen en castellano o en cualesquiera de las lenguas oficiales...” . O que “La Administración General del Estado mantendrá un sistema de premios a favor de los autores de los principales ámbitos de la actividad literaria...”. O que “Los poderes públicos podrán establecer otras medidas de apoyo a los autores”. O que “En las campañas de promoción de los autores se dará especial importancia al reconocimiento de su labor creadora...”.
Un artículo que me interesó, pero que tiene el valor por ahora de buena voluntad, es el Art.l7 de este mismo capítulo, cuando hace referenciaa las librerías, pues les observa un evidente vacío de responsabilidad intelectual y cultural y les aconseja una nueva actitud, “queriéndolas cargar de mejor contenido, no sólo como puntos de ventas, sino con la calidad de verdaderos agentes culturales…”. Y me pregunto, ¿cómo quiere el Ministerio de Cultura transformar la costumbre mercantil de una actual librería, con todos los problemas que la aquejan en relación con el objeto-libro? Se sabe que de tres libros, uno desaparece para siempre de la librería al cabo del mes, y los otros dos, salvo que sea obra clásica, al mes siguiente. Que las librerías, por falta de espacio, no pueden almacenar indefinidamente los libros, y que nunca tendrán lugar útil para las tertulias ni las lecturas públicas. O que las librerías luchan continuamente con los dineros adelantados a las grandes editoriales y los inmovilizados por los estocks exigidos.
Creo que, desde el punto de vista de autor-creador o simplemente escritor, lo más importante quizá sea que faculta a las agencias intermediarias de recaudación, como CEDRO, por ejemplo, a recabar en concepto de préstamos bibliotecarios fondos dinerarios con los que los titulares de las obras podríamos ser retribuidos, y así garantizar a la larga una profesionalización del creador y una permanencia voluntaria en el sector del libro. Me atrevo aquí y ahora a aportar una definición más de las tantas que hay, y decir que el libro es “obra escrita, plusvalía de lo intangible, que afecta a la memoria colectiva”, y desde esa perspectiva creo que nadie debe intentar rasgarse las vestiduras por este nuevo canon aplicado al préstamo bibliotecario, salvo que tenga dudas de las agencias recaudadoras y de cuáles sean en el futuro sus métodos de repartos...
Se sabe que la principal industrial cultural de nuestro país es la del libro. El escritor es el primer eslabón de una pesadísima industria que desarrolla sus tentáculos de acción internacional de manera oligopólica… Con respecto a la gran industria del libro, el escritor canario está aún en la fase larvaria o estadio artesanal: idea sus personajes, los escribe en su rinconcito o buhardilla solitaria, consigue que una editorial se apiade de él o ella, le publique su librito y… con ese triunfo aparente cree que ha hecho algo, cuando en realidad sólo ha colaborado, desde la perspectiva de la industria del libro, a la ceremonia de la confusión… ¡Porque debe saberse que publicar es una cosa y editar es otra muy distinta!
El Instituto Canario de Estadística nos dice que las mujeres canarias leen más que los hombres, que ellas regalan y prestan más libros que los hombres y que las edades de mayor lectura diaria oscilan entre los 31 y 45 años. De estos el 45% son mujeres y el 37% hombres; que los mayores de 65 años no leen y que son los licenciados, o de mayor nivel de estudios los que mantienen un alto nivel de lectura… Pero veamos por islas, de los encuestados, los que no leen nunca: de Lanzarote el 51%; de Fuerteventura, el 68%; de Gran Canaria el 61%; de Tenerife el 57%; de La Gomera el 67%; de La Palma el 56%; de El Hierro el 71%...
A la vista de estos datos creo que la nueva Dirección General del Libro tiene muchísimo trabajo por delante. Su reto está en coger el “toro por los cuernos” y empezar a ganar tiempo perdido. Las editoriales son pocas y no promocionan óptimamente sus libros y autores, las distribuidoras son pésimas, los libreros, salvo excepciones, no creen en los autores canarios, el lector potencial no nos lee…tampoco se distribuye el libro canario entre las islas, ni se difunden nuestras obras en Canarias y, desde luego, casi nunca en la Península… Una empresa de gestión cultural ha entregado recientemente a la Dirección General del Libro un informe profundo y exhaustivo del estado actual de las editoriales privadas canarias. En aras de la transparencia creo que ese texto debe hacerse público y así podremos conocer todos cuál es el estado real de la cuestión del “negocio del libro” en nuestro territorio. Sabremos así, cuál es su comportamiento, cuáles sus debilidades, sus fortalezas y cuáles pudieran ser sus oportunidades... y las nuestras.
Está casi todo por hacerse…, pero tenemos leyes y normas que desde un Estado Cultural nos incita y obliga a redactar y poner en práctica nuestro propio Plan Estratégico del Libro para Canarias, se le llame pacto por el libro, libro blanco del libro, pero lo que sea tendrá que tener un carácter estratégico o no nos valdrá. Tenemos un representante legal del libro, con competencias, dinero y un marco amplio donde moverse… la Dirección General del Libro tiene la obligación de crear, tutelar e incentivar la industria de la edición en canarias, y desde luego, propiciar que los creadores puedan vivir del objeto final de sus creaciones, el libro…
Visto a grandes rasgos, da la impresión de que en todo este entramado de la llamada Industria del libro, quienes algo ganan son el editor, el distribuidor y la librería... El escritor no vive de la escritura ni del libro, su producto. En ese largo itinerario industrial, que pone en relación al autor-creador, el editor, el distribuidor, al librero y al lector, quien menos gana en Canarias es el escritor. Hay una idea generalizada de que el escritor ha llegado a ese estado de éxtasis creativo por vocación o invocación divina, pero nunca por profesión como la de cualquier otro. El escritor es la puta o prostituto de la industria del libro. Y de por vida se tiene que dedicar a otra cosa mientras escribe, asumiendo la maldición de ser escritor y testimoniador de la memoria colectiva.... Eres enfermero, gestor, maestro, periodista, abogado, médico, economista, para poder seguir siendo escritor… El escritor no tiene derechos de jubilación, ni subsidios, ni el mínimo derecho a una baja por enfermedad. Sus depresiones se las cura escribiendo libros… Y, además, nunca sabrá el número exacto que se ha vendido de sus libros, ni cuántos tiene guardados en los sótanos la editorial, ni cuántos enverdad imprimió el impresor de turno, sea digital o de imprenta. ¡Y jamás se distribuirán en la Península, ni habrá posibilidades de ser traducidos a otros idiomas!
Hay una gran falta de conciencia social con respecto al papel del escritor que empapa toda nuestra estructura social. Y sin embargo, la proscrita obra del escritor va conformando día a día nuestro patrimonio cultural
Creo que las leyes y normas existen para que se pongan en práctica y alguien debería auditar permanentemente las acciones de los responsables. La Dirección General del Libro tiene mucho que hacer aún en nuestro canario territorio fragmentado. Hay que empezar a realizar acciones concretas, y que la Consejería de Educación comprenda que el extenso asunto de los libros no compete solo a Cultura, ni siquiera sólo a Industria, sino que pasa necesariamente por una relación continua con los miembros que componen el estamento más débil de la sociedad: los centros de enseñanzas. Se sabe que debería hacerse una labor estable, permanente y responsable en Canarias, que no sea sólo un incentivador de buena voluntad del hábito a la lectura, como si ello fuera un ejercicio de “buena cultura”, sino que deben crearse espacios permanentes de conocimiento y relación con los creadores canarios y sus obras, porque... ¡sépase que no se imparten la literatura y el habla canaria en los centros educativos! Cultura y Educación campean cada uno por su lado, y deberían crearse relaciones transversales para que estos dislates se resuelvan en muy corto tiempo. Porque este aspecto de la enseñanza de la literatura canaria en las aulas debe resolverse definitivamente, y deben crearse en las bibliotecas escolares bibliografía de autores canarios y criterios para su uso por parte del profesorado y el alumnado. Y los autores canarios deben mantener una relación estable con las aulas para poder establecer undiálogo lúcido entre el contenido de su obra y los lectores más jóvenes.
Claro está que es una labor de todos, pero tenemos una ley que enmarca el asunto del libro desde buenos consejos y líneas de actuación, y poseemos unos responsables que deben propiciar respuestas definitivas a problemas viejos y que están sin resolverse...
Respecto al punto de mira usado en la literatura, los muchos laberintos de la plástica se entrecruzan formando una tupida tela de araña muy enmaraña y nada fácil de esclarecer de cuáles sean siempre sus intenciones [salvo cuando los patrones usados sean demasiado evidentes, como puede ocurrir en las estéticas al uso en países totalitarios]. Las miradas artística de la plástica se pueden simplificar muchas veces en una sola manera de ver, en una sola intencionalidad, porque en esta época normalmente predomina en la estética visual el elemento erótico. Cuando valiéndose del soporte fotográfico un artista re-define un cuerpo, la mirada o punto de vista erótico difumina los contornos y diferencias para allanar caminos de observación al espectador. La mirada usada en los soportes artísticos con los que trabaja la plástica se transforma en una voluntariedad del deseo que afectará por igual tanto al fotógrafo-artista hombre como al fotógrafo-artista mujer.
Pero cuando nos encontramos con un poema escrito por un hombre como Kavafis, y que para más señas se titula Los caballos de Aquiles[1], ¿qué tipo de mirada hemos de advertir ahí? ¿Deduciremos la del entristecido Zeus?, ¿la del bello Patroclo [inerte y objetivo conductista de todas las acciones subsiguientes de su amante Aquiles a través de un ojo abierto, como en aquella mirada escrutadora de Julio Cortázar en su terrible relato Las babas del diablo]?, ¿las miradas borrosas de los caballos de abundantes lágrimas? ¿la del transido Aquiles consternado por el dolor en quien el amor se transforma en terrible cólera ? ¿la de los autores tan alejados ya en el tiempo? ¿O sólo hay una mirada literaria que no siente ni padece sino que solo transmite un cúmulo de sensaciones que han de hallar eco en el lector? Creemos que este pequeño poema de Kavafis muestra parte de la exquisitez que creemos advertir en los ojos del hombre nuevo:
Cuando vieron muerto a Patroclo,
que era tan valeroso y fuerte y joven,
los caballos de Aquiles comenzaron a llorar;
sus naturalezas inmortales se indignaban
por esta obra de la muerte que contemplaban.
Sacudían sus cabezas y agitaban sus largas crines,
golpeaban la tierra con las patas, y lloraban a Patroclo
al que sentían inanimado -destruido-,
una carne ahora mísera -su espíritu desaparecido-,
indefenso -sin aliento-,
devuelto desde la vida a la gran Nada.
Las lágrimas vio Zeus de los inmortales
caballos y apenose. En las bodas de Peleo,
dijo: no debí así irreflexivamente actuar;
¡mejor que no os hubiéramos dado, caballos míos,
desdichados! ¿Qué buscabais allí abajo,
entre la mísera humanidad que es juego del destino?
A vosotros que no la muerte acecha, ni la vejez
efímeras desgracias os atormentan. En sus padecimientos
os mezclaron los humanos. Pero sus lágrimas
seguían derramando los dos nobles animales
por la desgracia sin fin de la muerte.
La mayoría de la literatura que se ha escrito desde siempre ha sido la compuesta por hombres. Por cantidad, por número, es legión, y desde esa realidad palmaria y con esa perspectiva deberían contemplarse los debates que se susciten en estos encuentros. Sin embargo me gustaría llamar la atención sobre una cuestión sorprendente respecto de las escritoras teatrales o dramaturgas: que frente a las relativamente pocas piezas teatrales escritas por mujeres de nuestro país, entre los siglos XVII a XIX, alegra constatar las 217 autoras del siglo XX, recopiladas por la ADE, con un número aproximado de unas mil doscientas obras. Un aumento muy significativo, si tenemos en cuenta que ni hombres ni mujeres estrenamos teatro, y que en su mayoría se condenarán esas obras sólo para ser leídas[2], con lo que la auténtica razón de ser del texto teatral queda más proscrito y más reducido que el papel de segundón o de subalterno. Para nosotros, todo texto teatral que quede solo en la escritura es nonato, ya que el teatro se escribe para la escena. Pero esta es otra cuestión...
Son magníficos muchos de los personajes masculinos de ficción que han sido creados por los escritores de siempre: Ulises, Edipo, Aquiles, don Juan, Calixto, Tartufo,Hamlet, don Quijote... Pero no le han ido a la zaga muchos otros geniales personajes femeninos: Antígona, Fedra, Electra, Teresa Raquin, Emma Bovary, Tristana, Bernarda Alba, hasta Remedios la bella de García Marquez…
A nadieahora se le puede ocultar que la literatura escrita por hombres, cuando relaciona a un personaje masculino con otro femenino, busca replantear una vieja dicotomía que venía desde antiguo enfrentando la cabeza al estómago, a modo de lucha entre la razón y los instintos. ¡El hombre representa para muchos aún la cabeza y la mujer la barriga! Ese aspecto lo pone en evidencia ya en el XVII María de Zayas y Sotomayor en sus intentos tempraneros de poner las cosas en su sitio, cuando dice: ... causará admiración que una mujer tenga despejo no sólo para escribir un libro, sino para darle a la estampa, que es el crisol donde se averigua la pureza de los ingenios... esta virtuosa osadía de sacar a la luz mis borrones, siendo mujer, que en opinión de algunos necios es lo mismo que una cosa incapaz[3].
No hace mucho leímos un artículo de un periodista que muestra sus ideas con bastante sarcasmo y que enfrentaba esa vez a dos grandes poetas muy conocidos para esclarecer lo que se le antojaba una paradoja: su extrañeza sobre que García Lorca, quien para él no entendía de mujeres, las hubiera pintado con exquisita sensibilidad y que Neruda, que se suponía que sí entendía de mujeres, las prefiriera silenciosas [aludiendo claramente a su poema Me gusta cuando callas (porque estás como ausente)]. No cabe duda que en los dos ejemplos debía estarse refiriendo al personaje femenino y no a la persona misma, aunque, claro está, sabemos que un personaje será siempre una imagen, metáfora o metonimia de una supuesta realidad, que aunque no exista un exacto refrendo social, al menos habita en la mente del creador. No es deseable que se reduzcan las actitudes a un enfrentamiento tan maniqueo, porque los asuntos referidos al papel de la creación literaria (se sea hombre o mujer) no son tan sencillas.
¿Por qué a alguien se le podría ocurrir que radica precisamente en aquel elemental y aparentemente nimio detalle el estado de la cuestión?: ¿en que alguien, poseedor de alguna varita mágico-adivina, asegure que entiende o no entiende de mujeres? ¿Pero qué cosa es ese asunto de entender de mujeres? ¡Yo soy hombre y he tratado a lo largo de mi vida a muchos hombres y aseguro que no entiendo a los hombres, ni entiendo de hombres…! ¡Y cada día los entiendo menos! Desde los años sesenta han proliferado las profesiones y especialidades científicas, por eso desde entonces se estará especializado en los asuntos más variados y se entenderá mucho de pejines y gueldes, de los ADN’s, de la macro y micro economía, de todas y cada una de las energías alternativas, de tanta literaturas y lingüísticas, de la escenografía y musicología, de marinería, de las mareas y los huracanes, de fútbol y otros deportes, de la educación y comunicación social, de asuntos laborales y criminalidad, de hipotecas y ocio nocturno... Pero ¿y de mujeres?, ¿es que para escribir hay que entender de mujeres como si fueran coleópteros?
Sería una torpeza el querer aquí defender un punto de vista masculino, precisamente cuando no somos responsables en su totalidad siquiera del nuestro propio. Pero tenemos que admitir, con bastante seguridad, que nunca hemos prestado la mirada interesada del macho depredador [que en todos habita] a ninguno de nuestros personajes femeninos. Porque siempre los hemos tratado en razón de igualdad, respeto y, sobre todo, con autenticidad. No es época de mantener relaciones subalternas, y el haber nacido hombre y haberse transformado en escritor no puede entenderse como la dramatización de un estado de lucha donde la creatividad se ejerza desde un supuesto estado imperialista de poder oligopólico [sobre los personajes]. Sean cuales sean los esfuerzo de un autor por barnizar apariencias, sabemos que toda literatura hecha libro, por muy bien escrito que esté, puede ser reducida a un esquema ideológico de su creador [del que es o no consciente]. En él veremos cómo trata elementos de la acción que conducen a sus personajes hacia una dirección u otra, o cómo muestra a los seres de lo maldito, a los que por su sola presencia ya son transgresores de un status quo: al mestizo, la mujer, al homosexual, al de color, al indigente…, esos personajes que forman el lado de lo subalterno, de la marginalidad, por sí mismos evidenciarán una postura, una estructura de pensamiento.
Nosotros planteamos que la mirada del hombre-escritor debería ser una mirada que haya intentado ser limpia, integradora y nunca comprometida con ningún interés que implique apropiación humana de cualquier figura social. Saber mirar el mundo con limpieza permite concederle también a la figura de la mujer una mirada limpia. ¡Pero para eso, cualquier elemento que conforme una actitud cerrada de la persona, una postura egótica, no ha de estar! Si tú no estás, puedes ver… Hablamos de lo que deseamos en el fondo de nuestra conciencia, no de las contradicciones de otros individuos, en las que a pesar de sus genialidades se ha incurrido a lo largo de la historia. Porque aunque nadie podrá negar lo hermoso de aquel soneto de Francisco de Quevedo [Amor constante más allá de la muerte], pues aunque no fuera su miradala de un autor que buscaba la inocencia, no sólo por la época en que vivió sino también por su talante, en esos geniales catorce versos se conjugaron muchas sensibilidades que superan al hombre que se entregó a la vida. Lo leeremos también para su constatación ante quien no lo recuerde:
Cerrar podrá mis ojos la postrera
sombra que me llevare el blanco día,
y podrá desatar esta alma mía
hora a su afán ansioso lisonjera,
mas no de esotra parte, en la ribera,
dejará la memoria en donde ardía:
nadar sabe mi llama la agua fría,
y perder el respeto a ley severa.
Alma a quien todo un dios prisión ha sido,
venas que humor a tanto fuego han dado,
médulas que han gloriosamente ardido,
su cuerpo dejará, no su cuidado;
serán ceniza, mas tendrá sentido;
polvo serán, mas polvo enamorado.
Porque..., o eres inocente o no eres escritor. Es decir, o aceptas que dentro de tu ser se encuentran todas las miradas, mezclándolas con tu propia mirada [de hombre o mujer], o sólo estarás sirviendo a unos intereses: los de un poder concreto, el que sea. Y todos sabemos que tratándose del poder, éste ha aprendido a recubrirse de muchos rostros. Y a usar su tradición guerrera para sacar beneficio del subalterno subyugado.
El hombre nuevo tiene todo el derecho a proyectar su mirada como escritor sobre sus personajes, con el único objeto de mostrarlos y hacerlos hablar. Pero mejor que sea una mirada integradora de los opuestos, conformadora de un universo íntimo pleno que sólo se consigue cuando está a la búsqueda del ser interior: y es posible que descubra que su propia escritura se ha transformado en un buen camino para llegar a ese ansiado [buscado] re-encuentro.
Creemos que todo proceso de creación forma parte del gran proceso de Conocimiento [indagación sobre el eterno dilema de conocer qué es la Vida]. Y el respeto a todo lo vivo…, lo mismo que el respeto a la filosofía y a la vida del otro y a los supuestos enemigos. Y el odio a la guerra, como lo mantuvieron desde lo profundo de su ley moral los griegos de la Grecia clásica, quienes amaban la belleza, la libertad, el saber y la voluntad de hacerse una vida nueva. Por eso odiaban la guerra. El propio Esquilo decía que no deseaba ser nunca un saqueador de ciudades, ni caer cautivo en las manos de un conquistador. Actitud que contrastará luego con la de los romanos que lo más natural era que arrastraran a sus prisioneros encadenados del carro del vencedor hasta la colina del Capitolio y allí se los estrangulara.
La larguísima historia de los hombres guerreros [casi siempre aliados con otros poderes: el político y el religioso] está plagada de muchas agresiones, violencias, odios, tragedias, torturas, decapitaciones, hogueras, tormentos, sacrificios, asedios, empalamientos, descoyuntes, empujones, derramamientos permanentes de todas las sangres, quebrantos, encarcelamientos, ejecuciones, desgarramientos, interrogatorios, vejaciones, represalias salvajes, atrocidades disfrazadas de defensas, crímenes, calamidades, represalias salvajes, venganzas, infanticidios, mutilaciones, ultrajes, gritos, empalamientos…
No creemos en eso de dedicarse a la escritura para apropiarse de elementos advenedizos, sea para ganar premios, para ganar dinero y sostenerse en la vida, para acumular prestigio, para considerarse alguien en relación con el entorno social que le ha tocado vivir, o para hacerse mejor a los ojos del Gran Creador, y tantos otros etcéteras que contribuyen a inflar los egos. También por ese sentido universal e integrador que ha de poseer el don escritural, nos gusta también el magnífico concepto helenístico de Dios o lo divino: sin nombre ni definición.
Pienso que la literatura es un instrumento y no un fin en sí misma, aunque como escritor has de saber que si te la quitan de entre las manos sería como si te sustrajeran la existencia completa de un solo golpe. Pero sin literatura [es decir, sin poder escribir], también se puede vivir. Por eso uno ha de trabajar desde el territorio de la Conciencia, y cuando ser trabaja desde ahí no se busca dominar a nadie fuera de ti sea hombre o mujer, a lo sumo pretenderás domeñar al conjunto de tus propios demonios interiores que no te dejan ver lo auténtico… Y claro, desde esa perspectiva, no rechazaremos nunca la mirada limpia y honesta del hombre, rechazaremos la mirada del macho castrador que proyecta sobre sus personajes sus propias miserias, sus incapacidades y frustraciones.
No creemos pues en una sola mirada escritural, sino en la mirada femenina que es capaz de investirse de la del hombre. Al tiempo que creo en la del hombre que es capaz de aceptar los parámetros y sustancialidades de la mujer. Los adopta, asume, y conforma en lo íntimo de su marmita creativa conformando a un ser que ya no es macho ni hembra, pero que participa de los atributos de ambos.
Esta es también otra cuestión que se plantea el escritor hermafrodita: que no es tanto entender o no de hombres y mujeres a la hora de retratar las vidas de sus personajes, sino que sin renunciar a su propia mirada la robustece con el otro componente que podría faltarle: sean dosis de mujer o de hombre.
Porque todo en la vida es mezcla en busca del equilibrio en la unión del Yin y Yang. Cuando este equilibrio falta, sobrevienen las disfunciones. Nada ni nadie es femenino sólo, o masculino únicamente. Los desequilibrios se producen cuando se cae en esos dislates que apuntan a que el hombre ha de ser muy macho y la mujer muy femenina. Y es una gran estupidez que tarde o temprano se descubrirá en cualquier escritor y no lo pagará él solo, sino que lo acabará pagando su literatura.
En resumen; ¿cuál ha de ser la única mirada posible del escritor? Lo tengo claro: la de quien busca la Verdad en todo, y, desde luego, a través de la escritura.
El universo de la animación no tiene fin. Ocupa los primeros pasos de nuestra imaginación creativa de lo visual. Esta fuente de búsqueda visionaria, pertenece a la fotografía y el cine, la otra imaginación, la de la escritura, le debe mucho, sobre todo, a los cuenta cuentos de nuestras infancias, a las tías solteras, las abuelas, y a las tantas noches de oscuridad y velas para iluminar los rincones oscuros de nuestros sueños...
Existen unas curiosísimas animaciones originales de Alan Parker, que vale la pena que observen y gocen detenidamente. Creo que el vínculo aparecerá sólo con pinchar en los subrayados. Pueden empezar por la que se titula Animation1.
Pero hay muchísima gente seguidora de todos los tipos posibles de animación en You Tube. Les recomiendo que entren en una cualquiera y luego hagan su propio trayecto de indagación, y vayan de sorpresa en sorpresa. Pero lo que más va a sorprenderles será el altísimo sentido del humor que derrochan sus creadores, además de la excelente técnica utilizada.
De verdad que vale la pena. Por ejemplo, hay un precioso film 3D, que deberían visionar, original de Carlos Fernández Puértolas
(http://carlospuertolas.blogspot.com/), y que también les recomiendo vivamente. Es toda una historia que va más allá de las relaciones entre padres e hijos. Para verlo, vayan a la siguiente dirección de Bath Time.
Otra animación 3D que les recomiendo, que seguro muchos conocen, preciosa y más que sorprendente, es la de The Wall (Pink Floyd y Alan Parker), the flawers escene.
Hay cientos de animaciones bellísimas y geniales, porque muchos aficionados a la animación, que sin ser ellos mismos creadores, se han propuesto en sus páginas dar cabida y difusión a este maravilloso género. Otros creadores deberían animarse a colgarlas en este magnífico espacio de you tube. Como, por ejemplo, el magnífico dibujante y animador tinerfeño Carlos Miranda. Hay una entrevista suya, donde se recoge algo sobre su trabajo y también nos habla de su film A mano. Visiten su página web y así verán qué cosas hacen en "La casa animada" de Tegueste.
Espero que lo gocen, y que con estos enlaces les ayude a proyectarse en un mundo muy, pero que muy, hermoso.
Escrito por albertomar el 17/10/2008 11:24 | Comentarios (0)
Estuvimos almorzando el otro día en La Cuadra de San Diego. Un hermosísimo restaurante situado en La Matanza (Tenerife). Además de comer bien, y estar bien atendidos, nos llamó la atención el entorno. Una casa solariega canaria circundada por una generosa vegetación. Había por doquier palmeras y dragos hermosísimos, que no podían por menos que llamar la atención. ¡Llegamos a contar más de 31 dragos de generosísimo tamaño! Como era lógico, al no ser ninguno de quienes estábamos de profesión botánico, tuvimos bien difícil el juego de acertar con la edad de cualquiera de aquellos bellísimos dragos que se hallaban desperdigados por el terreno de la hacienda. Me vino al recuerdo la triste estampa de un drago descuajaringado de raíz, que fotografié hace cuatro años cercano a un camino que daba a La Laguna. Aquel recuerdo, contrastaba abiertamente con la belleza y cuidado con que se mostraban esos 31 ejemplares de raigambre guanche. Para quien desee tener alguna información veraz y científica sobre nuestros dragos canarios, con sumo gusto corto y pego lo que algunos especialistas cuentan de tan extraordinaria especie. Ahí les va:
En las Islas Canarias hay varios dragos impresionantes. El explorador y naturalista Humboldt, se interesó a finales del XVIII por el drago que se erigía en los jardines de Franchy (La Orotava), un gigante de 25 m. de altura y 23 m. de perímetro, desgraciadamente, fue derribado por el viento en 1867. En la actualidad, el mayor y más famoso drago, se encuentra en Icod de los Vinos (Tenerife), mide 17 m. de alto y 20 m. de perímetro en la base, el peso de esta mole ronda las 150 toneladas, sin contar las raíces. La edad de este drago ha sido muy discutida, se ha llegado a afirmar que podía tener más de cinco milenios, sin embargo, estimaciones recientes creen que su edad no pasa de 800-1000 años. Algunos investigadores, con gran ánimo crítico, intentan desprestigiar su temporalidad utilizando el apelativo de “apenas cuatrocientos años”. El famoso drago de Icod de los Vinos posee una gran cavidad de hasta seis metros de altura, a la que se accede por una puerta, construida a partir de 1985 pues se procedió a su saneamiento, al tiempo que se instaló en el interior del tronco un ventilador para facilitar la circulación del aire y evitar la proliferación de hongos. En 1993, con buen criterio, se desvió la carretera que pasaba a pocos metros del drago. Como las palmeras, el drago no es un árbol, pues no posee tronco leñoso, lo que ocasiona dificultades en la datación de los ejemplares, pues tampoco tiene anillos de crecimiento anuales.
Los frutos del drago, del tamaño de una pequeña cereza y de un llamativo color rojizo, albergan en su interior una semilla redondeada, que germina con gran facilidad. El drago es de lento crecimiento. Hojas sésiles, coriáceas, de hasta 1 m de largo, de color verde-azulado, acuminadas. Flores en panoja de color amarillo-verduzco, frutos pequeños, anaranjados. Frutos: bayas anaranjadas. Su nombre científico o latino es Dracaena drago, y su nombre común o vulgar, Drago, Draco, Drago de Canarias. Familia: Agavaceae. Origen: Islas Canarias. Etimología: tanto su nombre genérico como específico, derivan del griego drakaina (hembra del dragón), por su jugo, de color rojizo, que se suponía semejante a la sangre del dragón. Planta palmiforme que se eleva hasta unos 12 m de altura, cuyo tallo aparece ramificado en el extremo.
La "sangre de drago", obtenida mediante incisiones de su corteza, tiene propiedades medicinales y fue muy apreciada en el pasado. Hay árboles que llaman la atención por su tamaño, otros por su forma, otros por su longevidad. El drago de Canarias (dracaena draco), asombra al hombre por todo eso y mucho más. Desde hace miles de años, el mítico arbor draconis ha estado envuelto en una aureola de misterio que le acompaña hasta nuestros días. Dice la leyenda, que los dragones, al morir se convertían en dragos. Este fósil viviente, es con todo merecimiento, uno de los símbolos de las Islas Canarias y quizá, el mayor tesoro de la flora española. Viendo la curiosísima forma del drago, no es de extrañar que fuese considerado por los antiguos habitantes de las Canarias, como un árbol divino. Hasta hace poco, se consideraba al dracaena draco, endémico de Madeira, Canarias y Cabo Verde, sin embargo, se han encontrado poblaciones salvajes en Marruecos, aunque con ligeras diferencias respecto a la forma típica, por lo que se ha denominado Dracaena draco subesp. ajgal
Sin duda, una de las razones por las que se ha elevado el drago a la categoría de mítico, es su linfa roja, conocida como sangre de drago. Apreciada desde la antigua Roma, donde la empleaban como colorante y panacea para todos los males. El interés por la sangre del drago se extendió a lo largo de los siglos y de todo el continente europeo. Al final, los usos eran tan variopintos, que incluso se barnizaba con esta savia los metales para protegerlos de la herrumbre. Afortunadamente, los humanos hemos descubierto otros productos muy efectivos para eliminar el óxido y en la actualidad los escasísimos dragos en estado salvaje están protegidos del vampirismo humano.
Escrito por albertomar el 06/10/2008 11:58 | Comentarios (0)
Coloquio de dinosaurios: Cuando los árboles mueren de pie...
por Alberto Omar Walls
- Todo árbol caído es símbolo del Hombre vencido por la vida. Vida que no le es ajena sino que está marcada por las circunstancia y él mismo, es decir su propio designio o voluntad, -según nos advirtió hace años don José Ortega y Gasset.
Nada menos que de esa manera comenzó su perorata nuestro autor aquella tarde de diciembre. Me pensé que los del grupo se iban a escapar de estampida, como otras veces, pero cuál fue mi error al pensarlo y asombro máximo al comprobar cómo se arremolinaron a su alrededor, tomaron asientos, se sirvieron bebidas y se lanzaron a un parloteo del que sólo me ví libre bien avanzada la noche. Alguien sacó polvorones de alguna parte, mazapanes, pastelitos de gloria y, claro está, turrones. Yo me agencié unas almendras saladas y, sirviéndome esta vez un malta con hielo como nuestro autor, me decidí dócilmente a levantar acta del contenido de todo aquel griterío. Lourditas sostenía que si había un Dios auténtico que todo lo veía y permitía, tendría que ser un sádico o tener una moral de manga ancha. Crimen, con una actitud bastante más práctica de lo que me imaginaba en él, le saltó al trapo sosteniendo que a Él, si existía o no, poco le tendría que interesar todo el juego de egoísmos con el que las personas nos afanamos a diario: que siempre estamos conque me interesa sólo para mí esto o lo otro, o que me quiero tirar a aquella chorva que me tiene el seso carcomido o que me quiero cargar a aquel otro tipejo que la tiene cogida conmigo. Intervino el autor con la intención de poner orden, recitando unos versos del mártir sufí Mansur Hallay: el que guiado por la razón Lo busque, en la perplejidad vagará apartado. Con el equívoco enturbiará sus pensamientos; ¿existe Él?, se preguntará perplejo.
Creyéndose que por haber dejado caer que con la razón nada se obtenía sobre tan Alto asunto, recondujo la conversación al especificar que comentó lo del árbol caído no sólo por el dantesco espectáculo de los árboles añosos, mutilados y vencidos, de la avenida Anaga, tras el terrible ventarrón. Nos enseñó fotos estremecedoras:
-¿Ven?, ¿ven esas inscripciones de corazones atravesados por flechas, heridos por los amores de Laura, Cuqui, Jorge, Paco, Luzmi ¡Es tremeeeeendo!
Dejó que la vocal revoloteara en el aire presa de la nasalización hasta que desembocó en una oclusiva sonora; cuando el eco le devolvió la palabra entera, dijo:
- ¿Desde cuándo esos amores están diluidos en el olvido? ¿Desde cuándo no se amaban mientras los árboles se obstinaban en mostrar sus amores como la primera vez?
- Yo conozco la historia de un árbol sagrado del Hierro, el garoé… -lo dijo el Cobaya, pero nadie le hacía caso.
- ¿Ven aquí? -insistía el autor mostrándonos sus fotos-: ¡esta inscripción es del cuatro de enero del ochenta y cuatro, y esta otra del sesenta y ocho! ¿Creen que esos amores aún perduran?
Mejillón loco le saltó al cuello (es un decir), pero se le revolvió como una pitón:
- ¿A qué tanta trascendencia si es la muerte lo único real?, ¡todo lo que alguna vez estuvo arriba, acaba por venirse abajo, besando el suelo, su único amor correspondido; todo lo demás son simples apariencias, engaños! ¿Por qué creen que los humanos nos hemos inventado las treguas en la batalla de este difícil vivir: las Navidades, las vacaciones del verano o los carnavales?; todos los días se caen los árboles y miles de seres entregan sus existencias a la tierra de donde venimos.
Pasó sobre nuestras cabezas el vuelo de un silencio largo como un silbido gomero. Pero fue sólo el tiempo para coger respiro, beberse un par de tragos, bajar el polvorón y turrón y cavilar un poco más.
- Me interesa el vivir diario -dijo a media voz Sergio el cámara- sin volverme loco, con buscarle tanta punta a todo.
- Pues yo deseo cada día cosas nuevas –dijo el Cobaya- y no me da vergüenza reconocer que no me conformo con lo que hay.
- ¡Pues yo misma también grabé con una navaja hace dos años, en uno de esos árboles, mi nombre y el de un novio que tuve del que ya casi no recuerdo siquiera el color de sus ojos ni su sonrisa! –confesó Lourditas-, ¿y quieren que me sienta culpable por haber mantenido mi amor menos tiempo que el árbol?; si cuando lo grababa sabía ya que no iba a durar mucho...
- Sólo quería mostrarles otro hermoso aspecto de la vida, que nada perdura –se disculpó el autor-, sólo eso. Ah, y miren esta otra fotografía de un drago que tampoco levantará cabeza. Pero éste está aún ahí, como agarrado de un alfiler, y lo pueden ver yendo por la carretera esa que sale del Padre Anchieta, tirando para el sur...
Escrito por albertomar el 05/10/2008 22:08 | Comentarios (0)
¿Cómo se las apañarían nuestros antepasados milenarios con los elementos suprasegmentales? ¿Existiría el doble sentido en la conversación, la connotación tonal junto al juego de miradas? No parece que usaran mucho tiempo en bromear, contar chistes o jugar con los signos de puntuación...
Mi amiga Migda me envió un acertijo cuajado de gracia y un tanto recriminatorio contra las posibles actitudes machistas de algunos. El juego es muy serio, pero se basa en algo tan insignificante como un mínimo signo de puntuación. La ‘coma’ es el terror de los jóvenes y la maldición de los profesores, pero también es la aguja del guardavías ideológico que subyace en el interior de todas nuestras cabecitas humanas. Nuestros pensamientos recorren un largo territorio surcado, como mínimo, por imágenes, conceptos, emociones y sonidos. Lo que decimos tiene sus tonos propios, unas cadencias, viarias insinuaciones, y unas similicadencias emocionales que hasta ahora no las proporciona un robot. Porque nunca será lo mismo que nos de las gracias en la gasolinera una máquina expendedora de combustible, fría, distante y sin inflexiones, que un ser humano con quien se puede producir una realimentación comunicativa. Eso está claro.
Migda me envió el siguiente mensaje lleno de sentido y cargado de gracia: ¡Solo una coma! El poder de la ubicación de la coma. Lea, analice la siguiente frase, y defínase a sí mismo:Si el hombre supiera realmente el valor que tiene la mujer andaría en cuatro patas en su búsqueda.Si usted es mujer, con toda seguridad colocaría la coma después de la palabra mujer.Si usted es hombre, con toda seguridad colocaría la coma después de la palabra tiene.
A leer el texto anterior, coloqué desde el principio la coma donde, según Migda, la habría puesto una mujer. Pero una vez que me sentí gratificado, porque el mensaje me lo había enviado precisamente una amiga, caí en la cuenta del dilema que el equívoco de la frase planteaba y entrañaba, y del posible dislate cometido cuando el baile juguetón de las comas te obligara a dirigirte en una sola dirección. No se trataba en absoluto del dilema de contenido que le planteó al rencoroso judío nuestro gran Shakesperare en el juicio final del Mercader de Venecia. Pero sí que se ejercía un juego similar al que Jacinto Benavente, nuestro premio Nobel, expuso sutilmente también en el final de su obra teatral titulada Los intereses creados. Lógicamente, aunque como hablantes nos importe un ardite este tipo de estratagema literaria, el buen autor debe guardarla siempre en sus dramas para cuando esté próximo el desenlace. En cualquier caso, en el drama, se tratará de la entonación y cadencias del habla sobre el escenario. Aspectos que el actor deberá instrumentalizar a la perfección.
Hasta hace muy poco he impartido clases de interpretación del verso, y durante años tuve la costumbre de iniciarlas con un juego parecido al de mi amiga Migda. Recordaba con él al gran maestro Stanislavski, quien cien años atrás también se lo exponía a sus alumnos, así: Estamos en la vieja Rusia, y llega un telegrama dirigido al preso Nazcha. Lo abre el carcelero. Lee lo siguiente: “Perdón imposible enviar a Siberia”.
Les preguntaba siempre a mis alumnos: ¿dónde habrá respirado, y puesto la coma, el carcelero? Era evidente que el camino que adoptara el mensaje era distinto si se ponía la respiración, la inflexión, ¡en suma, la dichosa coma!, en un lugar u otro del mensaje. En un sitio, lo salvaba. Si era puesta en otro, lo condenaba...
¿Cuándo empezó a ser pertinente todo el terrible juego del lenguaje? Supongo que cuando la lengua escrita fundó sus reales jurídicas y los individuos se arriesgaban con hacienda y vida, si es que los documentos estaban mal redactados. Así se explica, ¡imagino!, la excesiva profusión de meticulosidad notarial con la que están redactados muchos escritos de hace trescientos años. Hoy no importa tanto que se diga un insulto, como el tono que el agresor usa para esgrimirlo. Porque la frase por sí misma pareciera que ya no quiere decir nada en concreto. Importará el tonillo usado, la entonación, la intencionalidad emocional, mucho más que el mensaje mismo de lo que denotativamente se estuviera diciendo... Recuerdo una anécdota que guardo en la memoria desde hace ya muchísimos años, cuando me fui a estudiar Medicina a Sevilla. Estaba de tarde, paseando por la populosa calle Sierpes, cuando ví tropezar en una piedrita, y caer al suelo, a un niño. A su lado, una mujer joven le gritó fuera de sí: evántate del huelo, joiillo polculo... Era su propia madre quien lo ayudaría a ponerse de pie, mientras le daba sopapos en el trasero y le rociaba bien sus oídos con parecidas lindezas verbales.
Lógicamente, el niño la miraba agradecido y embelesado. Pensaría, para sus adentros, con sumo orgullo: ¡ésta es mi madre!
Escrito por albertomar el 04/10/2008 02:37 | Comentarios (0)
Las palabras matan o dan vida, pues llevan en sus esencias el alma de los tiempos. Las palabras están vivas, y eso lo sabía muy bien Hamlet cuando castigaba sin piedad a su tío y a su madre, ambos adúlteros y asesinos de su padre. Cuando el príncipe de Dinamarca contesta a su criado Polonio con la evasiva expresión words, words, words, no le está diciendo solamente que piensa palabras, palabras, palabras… sino que su mente no puede acallar sus emociones y la fuerza ígnea y voraz con la que las carga. Las palabras no son nunca seres arrinconados en los diccionarios que utilizamos virtualmente para acomodar nuestros pensamientos según las necesidades, sino que son los instrumentos vitales tanto para nuestra comunicación como para nuestros desvelos. Las palabras son hálitos de la respiración del cosmos y, antes que nos llegue el silencio final que anunciaba el mismo Hamlet, ellas darán millones de vueltas en el océano de nuestros pensamientos.
Pero se hacen realidad cuando las pronunciamos. Son fantasmas que adoptan cuerpos al emitirlas. Una palabra le dio la vida al bíblico Lázaro en ese poema profundamente humano de Luis Cernuda[1]. Pero las palabras pueden acuchillar el aire y traspasándolo, plasma invisible, llegar al corazón de quien la recibe. Un niño es un receptáculo de palabras, una esponja para las palabras. No he visto nunca quien haya tenido más sed de palabras que los niños. Las beben, mastican, las amasan, tragan y las enquistan en sus corazoncitos junto con los sopapos, admoniciones, prohibiciones, llantos y risas. Los niños son la alegría de las flores.
Mi amigo, el Cobaya, trabaja sustituyendo de recepcionista en un hotel. Cuando llegué a su cubículo y me senté a su lado, lo sorprendí viendo en la pantalla del ordenador una película porno a la que, previamente, le había quitado el sonido. Al darse cuenta de mi presencia, picó en el ratón y del monitor emergió de golpe una plana de balances numéricos. Podías avisar y no llegar así que parece que lo haces adrede para trancar a uno, me dijo ostensiblemente molesto. Le recordé que era la hora del barraquito y que se dejara de paranoias. Podía parecer que el grupo se puso de acuerdo, porque al poco estábamos allí, formando tertulia alrededor de unas humeantes tazas de café, Lourditas, Sergio el cámara, Mejillón loco, el Palanca, el Cobaya y yo. En menos de diez minutos, aunque rezongando por lo bajo, puso dos cafeteras de las grandes en el infiernillo. ¡Mira que tragamos café!, apostilló el Palanca moviendo su larga lengua en círculo por los contornos de su enorme boca. Estaba satisfecho. Es una mezcla de siete cafés diferentes, dijo orgullosa Mejillón loco, y los compré en siete sitios distintos. A mí el café se me tira un poco al estómago, sentenció el cobaya jugando con el ratón en una mano e intentando torcer la pantalla para su lado con la otra. Tú te crees una exquisita pero en realidad eres una remilgada, le lanzó sin avisar Lourditas a Mejillón loco. El Palanca salió en defensa de la aludida: eres mal hablada y desagradecida. ¿Yo, porque digo las verdades?, brincó de la silla Lourditas hecha una fiera. A todas esas, Mejillón loco, en contra de lo previsible comenzó a llorar como sólo lo hacen las abuelas, dejando salir de sus lagrimales dos ríos de lágrimas silenciosas. El cobaya quería que nos fuéramos y prendió la mecha: ¡lágrimas de cocodrilo!, le espetó. No es eso, se justificó Mejillón loco con serenidad, es que noto últimamente que las palabras me entran en el pecho como si fueran dardos que hieren. Es que las palabras no son una tontería, intervino Sergio el cámara que siempre estaba distante y encuadrándonos con su mirada azul. A mí, de niña –continuó Mejillón loco-, como no me podían pegar porque era delgadita y siempre estaba malucha, me daban cada paliza con las palabras que me dejaban desecha: que si eres vaga porque no arreglas el cuarto, que eres una cabrilla porque siempre estas con chicos, que vas a acabar mal, que si mira a la vecina las notas que trae, que me tienes aburrida, que estorbas, que si no te callas te doy una torta… ¡siempre me creí mala! Lourditas estaba ya más aplacada y en un arranque emocional le estampó un beso en el cachete a Mejillón loco. Para un travestido aquel gesto era admitir la superioridad femenina en una mujer. Y dijo triste: un niño es alguien que pide tregua con los cumpleaños y las Navidades; para los niños no deberían existir las palabras de los adultos; si acaso, sólo besos. Nos reímos el grupo entero. Dejamos las tazas sin fregar en el mostrador y nos marchamos. Antes de salir a la calle, miré hacia atrás y pude ver reflejadas en el espejo convexo del techo las secuencias de unas imágenes, por lo que comprendí que el Cobaya se solazaba de nuevo con su cine mudo.
Cualquier época es buena para leer. Sea en medio de la barbarie internacional o al socaire de un atardecer en Corralejo. Todo libro te aísla para situarte en un mundo que no es el tuyo y conducirte, a través de la letra impresa, a realizar un viaje hasta los confines de otro universo cuyas coordenadas están marcadas previamente por el autor. Un autor de una novela pudiera ser un taxidermista, cuando rellena a sus personajes de guata y paja; o un auténtico alquimista, cuando les confiere el poder inusitado de transformar realidades sustanciales y la simple palabra cotidiana en magia cargada de poder -como cuando Bacon aseguraba trasmutar el grosero metal en oro. Toda escritura de calidad lanza al lector a zambullirse en las aguas tormentosas de un viaje sin retorno. Ese es el peligro de la buena literatura, que te inicia en una suerte de múltiples experiencias cargadas de secretos de las que nunca podrás reconocer, en toda la vida, su auténtico impacto ni su última influencia.
La primera novela de Pablo Martín Carbajal, Azul cobalto (Idea: 2006), le depara al lector la sorpresa de experimentar un viaje iniciático a lo largo de sus doscientas treinta páginas. Este proceso narrativo, entramado a partir de imágenes plásticas, se conduce a veces en paralelo, otras zigzagueante, junto al que sufre la protagonista –mejor diríamos la antihéroe Dori-, en su tortuoso proceso de recomponerse como persona: es decir, en transmutarse en un ser consciente de su existencia y valedora de su libertad y destino. Hay libros en los que los nombres no son significativos, quizá porque fueron tomados al azar, pero la propia técnica narrativa de Azul cobalto necesitaba de una confabulación histórica que le permitiera ahondar a su autor más allá de las simples rutas de navegación creativa: es decir, haber tomado a Frida Kahlo y a su marido Diego Rivera, a esa pareja mejicana tan explosiva del mundo de la plástica y la cultura universal, le confiere a la prosa un rotundo planteamiento trágico desde la misma sustancia de contenido. Los otros nombres pueden ser aleatorios (Angelines, Juan y Juanillo, la tía Mila, hasta el propio Alfredo…), pero asumir como co-protagonistas al dúo Frida y Diego obligaban al autor a ir tan lejos como le permitiera su propio sentido del terror social.
Colocar a una oficinista, un ama de casa, una mujer normal y cotidiana frente a la voluptuosidad desmedida de los deseos reprimidos quizá no habría logrado elevar el relato de Pablo Martín Carbajal a la altura que lo sitúa, porque sólo lo proyectará cuando haya llegado su protagonista, tras haber experimentado algunos de los umbrales del dolor más angustioso, a las simas infinitas del más abyecto masoquismo, junto al desgarro trágico, la enajenación y el pánico…
Parte del tremendo dolor que se destila en Azul cobalto es compartido por el lector, porque toda la lectura será en su decurso ese rito iniciático que hemos de con-vivirlo junto a las dos Dorothy (o muchas más mujeres, si sumáramos también como transferencias la propia Magdalena Carmen Frida, en su retrato doble, a la tía Mila, y a otras mujeres anónimas en este vivir acomodaticio de lo vacío en las ciudades del bien estar). Sólo en parte el lector podrá liberar el tremendo sufrimiento de Dori-Frida, en el duro proceso de haberse hallado a sí misma y descubierto su existencia a la altura de su propio presente. ¿Han pensado alguna vez qué le ocurrirá a un personaje cuando damos por acabada la lectura del libro al llegar la última línea? Sabemos que los personajes no tienen vidas propias, pues sólo podrán vivir en las mentes de los lectores. Y cuando un personaje se te incrusta en la imaginación -como habitará para siempre Diego Rivera en las frentes de los autorretratos de Frida-, podrá tornarse carne viviente. ¿Alguien osará liberar a Dori? ¿Con qué tipo de liberación? Cuando asistimos a la cinematográfica huída de Dori alejándose de su depredador-maestro (Alfredo) en la página 216, que de tan sencilla nos resultó magistral, pudimos pensar por un instante que el autor se había dolido de su personaje doble. Como lector, una salida burguesa para el personaje no la queríamos aceptar, por eso confirmamos la altura trágica de su liberación interna cuando observamos a Dori mantenerse firme frente a su alter ego, su espejo Frida, solamente estando, aprendiendo a ser ella misma desde la conciencia que le proporcionaba la videncia de su vida rota, como al descubierto estará para siempre en el retrato que yace en su memoria la columna fragmentada de Frida.
Escrito por albertomar el 16/09/2008 04:16 | Comentarios (0)
El performance, otro modelo de experimentar el teatro contemporáneo
Mi hermano Hosni me acaba de mandar un vídeo de los muchísimos que circulan por ahí. Se trata de un performance individual realmente exquisito. El actor de mimo que lo protagoniza se llama Jerome Murat. Les sugiero que comprueben la grácil, inteligente y mágica resolución de la dualidad humana que nos plantea Murat. Pinchen en el nombre de Jerome Murat y aparecerá una conexión a youtube. Luego podrán seguir observando cómo muchísima gente lo ha incluido desde su país.
Mas, luego que lo vean y, si tienen tiempo suficiente para leer un rato, reflexionen unos minutos conmigo sobre el valor social de las Artes Escénicas. Sigan leyendo…
Quizá si recurriéramos a un término anglosajón de mucho uso desde hace años, el performance, puede que sí le incorporaríamos una mayor dimensión y profundidad de lo que entendemos, en general, como Artes Escénicas, para que dejen de verse solamente como sinónimo de Teatro (que es lo que supongo que ustedes entienden desde hace tiempo, y esperaban oír decir aquí). El Teatro[1] es sólo una parte de las Artes Escénicas. Porque nosotros entendemos el teatro como la conjunción, no la suma, de elementos diferentes. Cuando la distinta composición se ensambla, lo hace uniéndose las individualidades por medio de algunas de sus aristas: texto, música, los cuerpos y su gestualidad, danza y milagro del cuerpo en el espacio, luz y sombras, público, voces, espacios escénicos, ordenadores, pantallas, cerebros electrónicos, volúmenes, telones, casas de cartón piedra, percales...
Estos elementos recomponen el drama dentro de un tiempo que nunca ha existido, que nunca existirá porque sólo son una aparente real composición de lo que en esencia es el teatro. Para dar lugar a una puesta en escena estos instrumentos del teatro-de la vida-del arte (independientes en sus esencias) adoptan para sí el papel polimorfo de la mímesis, pero tampoco son el teatro mismo. Algunos profesores de literatura -de instituto o de universidad- también sospechan que impartir a sus alumnos teatro es algo más que propiciarles un análisis más o menos profundo del texto de un autor. Atreverse a hacer y decir algo más es intentar adentrarse sin temor en un mundo aún no del todo desvelado por aquellos profesionales situados en el eslabón del texto. ¡La vieja lucha del arte escénico frente al arte dramático!
Porque el teatro no es sólo un término. Aunque también es una palabra. Tampoco es sólo un edificio o un espacio y sin embargo el teatro tiene mucho que ver con el espacio arquitectónico. El arquitecto Gastón A. Breyerhabló del ámbito escénico también así: "Ir al teatro es ingresar en un edificio y acomodarse en una butaca. Un edificio que, al parecer, cumple particulares condiciones". Pero no es solo un edificio o un espacio. El actor se con-forma (es decir: se recompone en la re-presentación) en el espacio, con la luz, la música, la voz y expresiones y ademanes, el ambiente y los efectos técnicos. Estos no serán nunca elementos añadidos para realizar un trabajo de aderezo o lujo pedagógico, porque en sustancia son elementos constituyentes del propio lenguaje teatral. El haber llegado hasta aquí es cuestión de la historia de la humanidad y de los movimientos de sus culturas, y el teatro y la puesta en escena no se apartan de la estructura del devenir humano con todas sus superaciones, avances, búsquedas y hallazgos. Es bueno que sepan que existe un autor añadido al texto y que es la autoría que se reivindica con la imposición como norma de la presencia de la personalidad aglutinadora de quien dirige (del director de escena), porque "Toda reflexión sobre el teatro contemporáneo nos lleva inevitablemente al acontecimiento que fundó literalmente este teatro: la diferenciación de la puesta en escena en tanto técnica, en tanto arte autónomo, y la aparición del director como único realizador del espectáculo" (Bernard Dort-1968).
A simple vista resulta difícil comprender que la palabra poética (de un poema de Luis Cernuda, por ejemplo, su Lázaro, que podrás leer más arriba y escucharme si pinchas en youtube) no sea la misma palabra que la que está escrita en La vida es sueño en el momento de re-presentarse sobre un escenario. Siempre se ha sabido que la vida misma es un gran teatro, y esto lo han entendido muy bien los lingüistas estudiosos de la pragmática planteándose qué se dice, en qué circunstancias y a quién se dice. Es la salvaguarda del presente que actúa sobre quien vive y se expresa: amando, odiando, sufriendo o gozando, elevándose o yendo a caer en las hondas simas de la desesperanza: mostrándose siempre a través de significados que buscan comunicarse mágicamente, significados nada estáticos, fríos u ocultos como un iceberg, sinovitales, hiperestésicos y activos en todas las direcciones, buscando siempre al Otro que habrá de responder cuando sea (tras haberte escuchado o rechazado el mensaje). Así ocurre también que un personaje sublime (Fedra, Emenea, Teseo, Hipólito, Celestina, Edipo...) puede estar aparentemente adormecido durante milenios y, en cualquier momento, de manos de un director y su compañía, tornar a hacer revivir todas sus tragedias, los ecos de sus pasiones que han viajado a las grupas de los siglos, junto con los verbos de los grandes poetas dramaturgos que depositaron sus huesos entre el polvo, entrando en el inacabable renacer de la vida a través de ciclos tan naturales comoel de Krebs...; y, ellos, sus autores, retornan a la Vida de manos de la Cultura...
Pudiera ser que en el principio, junto a la mística del rito que luego devino en teatro,estuvieran también otras artes escénicas: la danza, la mímica, la pantomima, o unos ejercicios con movimientos en el espacio que reproducían alguna suerte de convocatoria demiúrgica, ritual, simbólica... Pero la palabra Teatro quiere decir, en principio, mirar no escuchar o participar. Teatro, palabra de origen griego, significa el mirador, el lugar donde se ve.Es el lugar donde se producen las representaciones y , por extensión, el género dramático y todo el patrimonio teatral de un pueblo. ¿Pero son únicamente elementos esenciales del teatro el espacio escénico, los actores, el público y un texto que muestra hechos ficticios? Aunque a fuerza de ponerse exigentes, sólo fueran imprescindibles el eterno binomio formado por el actor y el público; pero recordemos que el autor de El espacio vacío (Peter Brook, 1987), nos advierte que, no obstante, la verdadera relación del teatro se cumple cuando se produce el juego de entendimientos entre espectador y espectador, que se debe estar produciendo la relación o diálogo implícito entre los espectadores (presente) para que haya teatro.
El director de escena quizá no sea sino un delegado del público. El director como un intermediario-autor que también re-presenta el texto previamente escrito (o imaginado) a través de elementos icónicos, gestuales, plásticos, musicales, etc., pero que han pasado antes por el tamiz personal de toda su cósmica vivencia del universo artístico. Repito, ¿qué es lo esencial del teatro? ¿O no tiene esencia posible (hipokeimenon)? ¿Es la mímesis?, ¿la ficción?, ¿la imitación de la realidad?, ¿las verdades imaginadas?, ¿lo espectacular?, ¿los individuos que intervienen?, ¿el arte muy creativo?, ¿el dinero de quien paga?, ¿la escritura?, ¿el juego que se realimenta con el público cruzando la cuarta pared? ¿lo que no se toca ni ve?, ¿las actitudes previas y las ideologías? ¿...?
Antonin Artaud tenía su respuesta cuando escribió sobre el teatro alquímico pues dijo que "el teatro debe ser considerado también como un Doble, no ya de esa realidad cotidiana y directa de la que poco a poco se ha reducido a ser la copia inerte, tan vana como edulcorada, sino de otra realidad peligrosa y arquetípica, donde los principios, como los delfines, una vez que mostraron la cabeza se apresuran a hundirse otra vez en las aguas oscuras. (...) Las obras balinesas se forman en el centro mismo de la materia, en el centro de la vida, en el centro de la realidad. Hay en ellas algo de la cualidad ceremonial de un rito religioso, pues extirpan del espíritu del espectador toda idea de simulación, de imitación irrisoria de la realidad.”[2]
Lo que sí sabemos es que el teatro es un milagro permanente de pasiones[3] que se reproducen en todo espacio donde alguien observe, mire, y, a veces, a su pesar, participe. Pero no hay pasión y, por tanto, no habrá teatro, sin público, por lo que creo que cuando se quiere demostrar la pervivencia desde hace siglos del teatro en el mundo, en cualquiera de sus hermosísimas manifestaciones, a quienes en verdad se está advocando es a todos los públicos habidos y por haber...
Un asunto que afecta a las producciones: desde Antoine, en los Elysée des Beaux Arts, hasta hoy, la evolución del teatro se debe más que a los autores, a los directores."Esforzaros por sacar placer del cumplimiento de vuestra tarea escénica. Es el axioma número uno", dice Meyerhold. "La escena exige una cierta convencionalidad. No existe una cuarta pared y, a demás, la escena es arte, la escena reverbera la quintaesencia de la vida, no es necesario introducir en ella detalles supérfluos", comenta Antón Chejov. Tanto Meyerhold como Chejov plantean en estas dos afirmaciones el valor total que posee la escena dentro del teatro. Un director, Meyerhold, y un autor, Chéjov, aceptan que la magia excelsa de la escena es lo principal del mundo del teatro, pero el director la plantea desde la teatralidad (la verdad teatral- frente a la verdad de sentimientos stanilavskiana) y el autor de La Gaviotaparece, en esta cita, atacar a las actividades directivas del realismo-ideal de André Antoine[4], director del Théatre Libre, quien acuña la expresión cuarta pared para decirnos que él como director ha de hacer un trabajo previo de dirección-producción teniendo en cuenta la vestimenta general de todo el escenario, olvidándose del público. Decorar la escena, como si fuera la propia casa y que sólo cuando se levanta la cuarta pared (el telón, cuando es física y no figurada), el público asistirá al milagro escénico. Aunque advierte que la luz es lo principal del teatro, Antoine, cuando se refiere al trabajo y seguimiento de la decoración, sostiene que "Ahora nuestro escenario ya está montado con sus cuatro paredes (...) Esta operación, conducida esmerada y cariñosamente, da vida al decorado". Según Eugene Vajtangov, Meyerhold fue el único director ruso que "poseía el sentimiento de la teatralidad". Y agrega: "Meyerhold hizo lo mismo que Stanislavski. Él también destruyó la banalidad teatral, pero lo hizo con la ayuda de los medios teatrales. Stanislavski, en su fervor por la verdad real, trajo la verdad naturalista al escenario. Él buscaba la verdad teatral en la verdad de la vida. Meyerhold, entusiasmado por la verdad teatral, destruyó la veracidad de los sentimientos, y la verdad debe encontrarse en ambos, en los teatros de Meyerhold y Stanislavski."[5] Sabemos que la puesta en escena de hoy tiene pocos años, pues antes significaba dirigir como lo que se hace en muchos centros escolares y universidades: la adaptación de un texto literario con el objeto de representarlo con motivo de una festividad. Ricard Salvat[6] nos recuerda que "Es la década de 1880 la que ve el nacimiento y la rápida consagración del director como verdadero dueño del escenario. De esta manera Antoine aparece en Francia como el primer director moderno, con su Théatre Libre, fundado en 1877". Aunque Salvat afirma que la puesta en escena de un naturalismo más escrupuloso, aparece un poco antes de manos de la Compañía Meiningen que fundó Georg II, Duque de Saxe-Meiningen y su esposa Ellen Franz, actuando Ludwig Chronegk como director.
¿Por qué no se reflexiona más sobre la pasión que conforma la inteligencia crítica de los directores, también acerca de la pasión amorosa del público con su asistencia, participación y crítica y de la pasión descarnada de los actores con su entrega artesanal? Entrega que si quisiéramos simbolizar en un ser de carne y hueso, podríamos hacerlo con todo derecho en alguien como Ana Mariscal, actriz y directora de cine que entregaba su vida en un último acto hace algunos años la noche de los Oscars. Sin emoción y entrega de parte de la vida no habrá teatro posible. Profesionalidad, sí, pero un cuerpo profesional que intente transmitir en cada representación el alma de las cosas internas.
Por la razón que sea nuestras relaciones con el teatro han estado siempre significadas como lo que hoy damos en llamar edificio de multiusos. Es decir, en un nivel de la conciencia hicimos de actor; en otro, de director; en otro supuesto, de dramaturgo; y, hasta en otros niveles, muchas veces, también de gestor y formador. Jean Louis Barrault[7] llamaba a ésto como había de llamarse, Hombre de teatro. Pero en esta época de especialidades ya casi nadie es hombre o mujer de teatro, sino un profesional de una u otra especilidad con mayor o menor deseo de funcionarizar su actividad. Hasta donde la memoria me llega puedo decir que el teatro estuvo presente en mi vida. Paramahansa Yogananda dice en algún lugar de su sorprende Autobiografía de un Yogui (Buenos Aires, 1987) que en los primeros años de nuestra vida es cuando la más auténtica vocación del alma empieza a manifestarse a través de acciones muy sencillas del niño; que hay que estar muy atentos para descubrir en el pequeño cuáles sean sus aptitudes y tendencias para que luego le sea más fácil concentrar sus energías en un profesión concreta con éxito. Hasta nos advierte que si alguna vez, ya de adultos, tenemos alguna duda sobre qué es lo que estamos haciendo y para qué sirve aquello en lo que nos entregamos, que hagamos un gran esfuerzo de búsqueda y de introspección del niño pequeño que aún subyace agazapado entre los pliegues de nuestra infancia, que lo reconozcamos e indaguemos cuáles eran sus verdaderas tendencias y aficiones en materias relacionadas con la sociedad y con uno mismo. Al parecer, en esas potencialidades se hallan las raíces más auténtica de nuestro ser.
Ahora me gustaría hurgar un poco más en la performance para que entendamos (¡una sana intención!) que las Artes Escénicas conllevan una mayor amplitud de miras[8]. Desde la perspectiva del contenido del performance (aplicando el punto de vista de quien conoce las artes escénicas) sería todo aquel conjunto de acciones múltiples cara a un receptor, además de las que se producen como Arte Global de la Expresión. Hay una definición al uso de Perfomance que dice que es el “Concepto genérico creado durante los años setenta para todo lo referente al arte de acción teatral-gestual, en el que el público tan sólo observa. Esta tendencia abarca las autorrepresentaciones y el arte corporal, y la presencia de público puede ser suplida con la grabación en video de la acción del artista”. En realidad el performance ha dado históricamente muchísimo más de sí y, por otro lado, está muy poco trabajado en nuestro país. Su uso está abierto a poder abordar planteamientos de identidad, posición, situación y puntos de partida territoriales y sociales o políticos.
Hoy día, en EEUU. y en América Latina, las posibilidades del performance tiene amplias expresiones. Un ejemplo es la actividad permanente del Instituto de Performance y Política de México que reúne a un grupo de artistas, académicos e instituciones de las Américas dedicado a la exploración de la relación entre el comportamiento expresivo (ampliamente definido como performance) y la vida social y política. Traigo aquí la cita de sus objetivos y proyectos, un tanto larga pero muy esclarecedora: “La programación se basa en la disciplina académica de Estudios sobre Performance para promover relaciones artísticas e intelectuales, superando las limitaciones geográficas, institucionales, lingüísticas y académicas. El Instituto Hemisférico está financiado a través de una beca de la Ford Foundation que se administra en el Departamento de Estudios sobre Performance de la Tisch School of the Arts, New York University. ¿Y porqué ahí estudios de performance? Para sus conciencias el campo emergente de los Estudios del Performance ofrece un enfoque interdisciplinario que reúne áreas como antropología, artes escénicas y estudios culturales, para examinar una serie de actos sociales (que afectan y completan el sentido tan limitado en nuestra geografía de las artes escénicas): ritos, festivales, teatro, danza, deportes y otros eventos en "vivo". Los estudios sobre performance ofrecen un acercamiento teórico-crítico que ilumina distintas prácticas culturales, abarcando un abanico de eventos que van desde la "estética de lo cotidiano" hasta los más complejos movimientos socioculturales de nuestro tiempo. Al estudiar Performance en sus innumerables manifestaciones(como obras y actuaciones teatrales, expresiones carnavalescas y manifestaciones políticas, entre otras), los académicos y artistas pueden analizar las maneras en que el performance es utilizado para comunicar valores sociales y religiosos, para producir identificación o forjar un sentido de comunidad, de pertenencia. La política en sí también puede ofrecer un campo muy rico para el análisis de performance: actos de política electoral, populismo, manifestaciones de protesta, y marchas militares son algunos espectáculos que pueden ser mejor analizados usando un lente de performance. El Instituto explora las maneras en que performance y política se redefinen mutuamente: performance como una práctica política, y la política como un tipo de performance. El enfoque interdisciplinario de performance evita ciertas limitaciones etnocéntricas inherentes a los estudios tradicionales de teatro y danza. Nos permite examinar aquellas formas expresivas que caen fuera de los parámetros de los géneros europeos. Al parecer el Instituto no sólo pretende sobrepasar los límites disciplinarios impuestos a través de una larga historia de colonización, sino también iluminar la manera de como mucho del teatro, la danza, y la música en las Américas, se ha desarrollado como producto de, o en oposición a, un modelo colonial. El Instituto Hemisférico está desarrollando cuatro área principales en el campo de performance y política en las Américas: 1) Performance y Política; 2) Conquista y Colonialismo; 3) Memoria, Atrocidad y Resistencia; 4) Globalización, Migración y Espacio Público. Desde esta perspectiva del performance en que trabaja el Instituto Hemisférico nos hace recordar una propuesta del dramaturgo tinerfeño Cirilo Leal que comenta en el foro del III Congreso de Teatro Canario, celebrado en el Ateneo de La Laguna entre octubre y noviembre de 1997: “... el Teatro Comunitario: un teatro de la participación que parta de los problemas, demandas, necesidades, preocupaciones inmediatas, cotidianas del público y que recoja sus sugerencias ante el espectáculo para integrarlo en el proceso de revisión y actualización del mismo. Una ruptura de los límites convencionales que se establece entre la sala y la escena, entre el teatro y la vida.”[9]. En Canarias tenemos gran cantidad de elementos antropológicos con los que se pueden ensayar y trabajar desde una perspectiva seria, poniendo en sinergias a distintas profesiones: recordemos, La Rama, La Librea, Mata la culebra o Los Enanos.
Otra manera de abordar el performance espectacular sería a la manera de la compañía catalanaLa Fura del Bauls o, últimamente, los magníficos espectáculos de la Compañía Argentina De la Guarda. Se creó De la Guardaen 1962 y no ha parado de estrenar sus montajes con éxito internacional. Se trata de una compañía de investigación artística, tanto en el mundo de la danza, como el teatro, la música o la acrobacia. Sus escenarios son siempre móviles y allí entran el agua, la lluvia, las luces o los relámpagos, y siempre la participación del público obligado a estar en una sorpresa continua[10].
[1] El teatro que conocemos en occidente tiene sus comienzos en Atenas en relación con los ritos, en los siglos VI y V A. C. celebrados en honor de Dionisio. Las primitivas ceremonias rituales fueron luego evolucionando hacia el teatro, arte que estuvo tan asociado a la civilización griega (en sus pueblos, ciudades y colonias) que mantener la calidad era una seña de identidad y prestigio.
[2] ARTAUD, Antonin, El teatro y su doble, 1990, pp. 53 y 67.
[3] La pasión del actor, como desencadenador de otras realidades anímicas en el espectador, es un asunto muy viejo que Hamlet usó convenientemente como lo haría más tarde Holmes, o como lo reivindicó hace siglos Aristóteles con su katharsis o purificación: "¿No es una aberración que un actor,/ viviendo la pasión como en un sueño, como ficción,/ someta su espíritu a lo imaginario/ de tal modo que el rostro quede lívido,/ le caigan lágrimas, parezca enloquecido,/ se le quiebre la voz, dando con todo el cuerpo/ forma a una fantasía? Y por nada." (SHAKESPEARE, W, Hamlet, act.II esc.II.)
[4] La dirección escénica nace en el siglo XIX, aceptándose como conmemoración el de la inauguración del Théatre Libre de André Antoine (1858-1943), que tuvo lugar el 30 de marzo de 1887.
[5] JIMÉNEZ, Sergio/CEBALLOS, Edgar, Técnicas y teorías de la dirección escénica, 1988.
[6] SALVAT, Ricard, El teatro como texto, como espectáculo, Barcelona, 1980.
[7]BARRAULT, J.L., Soy hombre de teatro, 1958, p.15 (El libro me lo regaló hace años mi amigo el novelista Juan Cruz Ruiz): "Aquél que por amor a unos metros cuadrados de escenario y por amor hacia esa humanidad, a toda esa vida que se puede recrear en él; /aquél que CON EL MISMO AMOR acepta servir todas la profesiones, todos los oficios y hasta todos los trabajos más pesados y desagradables que se acumulan alrededor;/ ése puede ser llamado HOMBRE DE TEATRO".
[8] Performance esla ejecución, cumplimiento, acción, función,representación, concierto, actuación de un artista, etc.
[9] LEAL, Cirilo, “Teatro espejo, hacia una antropología teatral poética”, III Congreso de Teatro Canario, Ateneo de La Laguna, 1997, p.133.
[10] Les aconsejo que entren en Internet, especialmente en You Tube, y comprueben pinchando la busca de su último montaje: “De la Guarda. Fuerza Bruta”. Encontrarán muchísimos vídeos que confirman su espectacular calidad y equilibrio.
Escrito por albertomar el 06/09/2008 02:32 | Comentarios (0)
No voy a contar toda la historia, pero sí que intentaré explicar el por qué coloco hoy aquí este fantástico fragmento de un cuadro de Hans Baldung (Grien). A esta figura siempre la he tratado como si fuera mi Ángel preferido. Me ha acompañado, siendo una simple postal de museo, durante muchos años. Todo empezó porque un verano, ya no recuerdo bien en qué año, viajamos desde Cádiz a Viena en coche. Íbamos Olguita, Mariano, Euyin y yo recorriendo miles de kilómetros, columbrándonos mapa arriba, siempre con un destino más o menos aproximado, pero sin saber con exactitud cuál habría de ser nuestra meta final. Decir ahora que siempre he admirado a Olguita, es decir muy poca cosa de su inmensa generosidad. Recuerdo que Olga fue la gran sacerdotisa de una etapa de este viaje iniciático que es la vida misma. Nuestro reducido convoy era muy alegre, magnífico, pero por siempre recordaré la vitalidad inquebrantable de aquella mujer. Mi amiga derrochaba a manos llenas la generosidad no sólo de su alegría de vivir, sino la clarividencia de una intuición inquebrantable que nos mantenía permanentemente unidos. Amaré siempre a gente así…
En todo viaje que emprendes, sea de la catadura que sea, nos acompañará la ilusión y un ángel, evidentemente invisible, que cuidará nuestras acciones y sus posibles consecuencias negativas. Llamo ángel al hálito de vida que nos construye creativamente a través de nuestros actos, acciones y encuentros. Nuestro viaje de Cádiz a Viena, que tuvo el valor de un rito iniciático, también fue extraordinario, hermoso, sugerente... Nos trasladábamos en el espacio de una geografía europea, pero también nos movíamos en nuestro interior, que siempre va más allá de cualquier geografía conocida porque se conecta directamente con el Universo.
Uno de aquellos días del viaje, dimos en parar en la húmeda y exquisita Friburgo. La rodeaba el agua y su runruneo circular, subterráneo, te podría recordar a un posible gato cósmico que estuviera bebiendo del líquido subterráneo, con su lengüita mágica, mamando directamente de la inmensa masa líquida de un océano. Allí estuvimos en el famoso Museo Agustino. Y me prendé del pequeño cuadro titulado Amor con flecha flameante [1530], del gran pintor Hans Baldung Grien. El Museo Agustiniano [Augustinermuseum] fue en su época un monasterio de eremitas agustinos, y se trata de un importante museo que contiene abundante material en papel, como documentos, mapas, ilustraciones, además de numerosas esculturas de los monasterios de Friburgo, tapices, joyería, pinturas originales y tallas de madera…
El alemán Hans Baldung, que estuvo trabajando en el taller de Durero, en el que permaneció unos cinco años, marcando una importante influencia en sus grabados, entre 1512 y 1517 residió en la ciudad de Friburgo para trabajar en su obra maestra, el Retablo de la Catedral. En nuestro país español es más conocido por las dos maravillosas tablas del Museo del Prado de Madrid, Las Edades y la Muertey La Armonía. Las tres Gracias. Al parecer las dos tablas fueron un regalo del Conde de Solms a Juan de Ligne, y compradas por Felipe II para su colección privada, con lo que permanecen definitivamente en España, en las salas del Palacio Real, hasta que Fernando VII tuvo la democrática idea de liberarse de la colección completa, entregándosela al Museo del Prado en 1814. Desde entonces, está en Madrid.
Mi amado ángel que más arriba verás no es tal, sino una representación que Grien hizo del joven dios Amor, quien luce en lo alto, cerrada su mano en puño, una flecha llameante, mientras su ojo derecho mira hacia alguien a quien jamás conoceremos. Hay como el esbozo de un pedazo de cabeza de mujer en el margen inferior derecho, que se dice podría pertenecer a la mismísima Venus. La magistral imagen pintada del dios Amor, es decir, mi ángel, es el único superviviente de lo que quizá fuera una pintura de corte erótico con una altura superior a los dos metros...
Pero nadie hasta ahora ha sido capaz de dilucidar qué ocurrió con la otra parte del cuadro del genial pintor que fuera Hans Baldung (el Verde), y eso no ha dejado nunca de intrigarme. Mucho menos que a los coleccionistas y museos del mundo, claro está, pero siempre he deseado saber en qué contexto estuvo situado mi ángel en el primitivo original, es decir el dios Amor. Yo tengo una teoría un tanto descabellada y, para mí, imposible de demostrar. Pero me gustan los juegos diletantes...
Quizá algo menos conocidas que éstas del Prado, sean las otras dos obras que figuran en el Museo Thyssen. Para mi comentario y reflexión, interesa recordar una de ellas, la que representa el sorprendente primer enlace matrimonial de la humanidad, el de nuestros atávicos padres Adán y Eva. Es una bella tabla no exenta en absoluto de la naturalidad que puede acompañar a un desnudo actual de una pareja joven, si tuviera la feliz idea de fotografiarse o retratarse al natural. En esa tabla, el maestro Hans Baldung trata a la primera pareja, a los padres de Caín y Abel, con mucha comprensión y donaire, hasta el punto que la Manzana de la discordia (histórica más que ninguna otra manzana) está medio oculta en la mano izquierda de Eva, mientras con la derecha se sujeta, al parecer, de una especie de manto o cortina colgante, o liana de árbol milenario...
La pregunta es, ¿hacía quiénes miraba mi ángel o dios Amor? ¿Qué objeto colgante agarra con su mano izquierda? ¿Es un manto, una cortina, una liana de árbol milenario?
Escrito por albertomar el 03/09/2008 19:48 | Comentarios (0)
Un artículo reciente, editado en la prensa diaria, del investigador en asuntos africanosBrice Payen, me hizo recordar un pequeño relato o escrito mío que publiqué en La Opinión hace ya un par de años. El magnífico trabajo de Payen se titulaba “La tradición oral, un patrimonio común”, y se publicó en el periódico El Día del pasado 14 de agosto de 2008. Recomiendo, a quien esté interesado en este tema, que lo lea, pues aunque esté sujeto a las medidas de undiario, nos plantea muchísimos asuntos que nos abren muy buenas y sugerentes líneas de indagación.
Reconozco que soy simplemente un escritor y que no tengo ni idea de África. No obstante también he de aceptar que este continente y sus gentes han estado presentes en algunas narraciones mías y, sobre todo, en mis sueños. Y en mis preocupaciones. He sabido de hace años que su narración oral forma parte de un verdadero patrimonio cultural de nuestra humanidad. Sin tiempo. Yo tuve quien me contara cuentos. Todas las noches, antes de dejarme dormir, Mikita contaba cuentos.
Adoraba a mi tía Mikita, y mi amor por su bondad no ha desmerecido en estos años, después que muriera en 1960. Le dediqué mi primerísima novela La canción del morrocoyo y aún recuerdo, siendo niño, de cuando se sentaba por los pies de mi cama y se lanzaba, durante horas, a contarme cuentos interminables. De ella adopté mi gusto por el cuento y el relato corto, también por la fabulación y por aquellos elementos atávicos que subyacen en toda narración oral maravillosa. Mikita era cieguita y contaba con su natural, aunque extraordinaria capacidad ignota que había desarrollado para poder ver más allá de la apariencias. Su sensibilidad era tan exquisita, quela situaba en un nivel tan superior que le permitía comprender a todos los seres sufrientes por igual. Ese aspecto le confería la dotación de esgrimir a diario un genial sentido del humor. Ella fue para mí el sabio grióts que me narraba fabulosas historias, me tranquilizaba las noches antes de dormir, y me instruía a través de aquellas historias interminables.
Escribí Angelitos negros, el relato que sigue a continuación, en cierta medida en homenaje a Mikita, pues ella fue, en aquellos años cincuenta, una permanente enamorada de la voz de Antonio Machín, en las radio o en los discos de vinilo. Y aquella popular canción suya, “Angelitos negros”, era una de sus preferidas. ¿Por qué razón?, nunca lo supe. Ella era blanca como la leche y no creo que hubiese tenido la más mínima oportunidad de conocer a una persona de otro color durante los pocos años que gozó de su vista. Pienso que era por un instinto de solidaridad y de protesta que se plantea en la letra de la canción.
Bien, aquí va por fin Angelitos negros (sonando siempre, de fondo, como es lógico, la melodía de Machín).
angelitos negros
Cuéntame un cuento de hadas, anda cuéntamelo, y me quedaré calladita. Jadí estaba que se caía de sueño. Sabía que no podría más. Durante todo el día estuvo fregando suelos, haciendo la comida o cuidando a Jorgito, quien la amenazaba a cada momento con escurrirse de la cuna y caerse al suelo. Por eso, cuando la niña Lucita le pidió a Jadí que le contara un cuento, se puso llorar tanto que parecía no acabara nunca. ¿Que le contara uncuento?, ¿un cuento sobre qué cosa?, ¿a cuento de qué empezar ahora con un cuento? Además, Jadí juraría que ya no se acordaba de ningún cuento. Mientras lloraba con lágrimas silenciosas y abundantes, temiendo siempre que pudiera inundar la habitación y luego fuera amonestada por echarlo todo a perder, Lucita insistía en que le contara cualquier tipo de cuento. Jadí, anegada en llanto, miró hacia la ventana y se sorprendió de ver un muchachito muy pequeño, con su carita negra y reluciente, que de detrás de los cristales le hacía múltiples muecas. Tanta carantoña la hizo reír a carcajadas. Nunca antes había conocido a ningún muchacho con tamaño desparpajo ni capacidad para hacer reír sin hablar. En un momento dado, él le hizo señas para que se le acercara hasta la ventana. Después de dejar de llorar, le sobrevino la extrañeza. Dudó si llegarse hasta los cristales de la ventana o frotarse los ojos para obligarlo a desaparecer, pero un impulso la hizo levantarse de la sillita donde había estado sentada y anduvo cuatro pasos hasta ponerse bien cerca de aquel muchachito menudo. De verdad que era pequeñito y frágil.
Cuando Jadí, llena de curiosidad, se decidió a abrir la ventana, el muchacho de la cara tan simpática había desaparecido. En su lugar se proyectaba más allá del hueco de la ventana la imagen de uno de los mantos más hermosos que le había visto antes a la noche. Miles de estrellas brillaban con rutilantes destellos sobre el fondo oscuro e inmenso del cielo nocturno. Volvió el rostro hacia atrás para contarle a la niña Lucita el descubrimiento que había hecho, pero observó que se hallaba recostada sobre la colcha de la cama y parecía haberse dormido.
Entonces le sobrevino el recuerdo de una pequeña historia que le había contado su abuela Fatou, y que a ella le contaron cuando era niña y vivía en la región de Thies, allá en Senegal. A su abuela Fatou se lo contó el viejo Benoit, uno de los más conocidos grióts que tocaban el cora y contaban los cuentos en su bella lengua wolof. El cuento decía que algunas noches salían angelitos para salvar a las niñas de sus penas y melancolías del corazón, o para dormir a aquellas que no tienen sueño, o también para equivocarles los caminos a las gentes malas metiéndolas en un laberinto del que no pueden salir; pero que sólo son capaces de verlos aquellas seres que aún conservan la mirada limpia.
El haberse detenido en el recuerdo de la abuela Fatou, su pueblo y toda su familia la hizo de nuevo llorar, pero sintió que ya no estaba sola, que no había desconsuelo en su pecho, pues imaginaba que cada una de aquellas lucecitas que se proyectaban en el firmamento eran otros tantos angelitos que cualquier noche de estas, si se sentía demasiado triste, podían tocarle en su ventana y hacerla reír con sus gracias y alegrías. Cerró con mucho respeto la ventana y dejó del otro lado, en los dominios de la noche, el valor de la evocación a través de los cuentos. Comprendió el gran poder de aprendizaje que tienen los cuentos en el territorio de los niños y se prometió contarle aquel mismo cuento al día siguiente a la nena Lucita.
Después de haber metido bajo las sábanas el cuerpo dormidito de la niña, apagó la luz y cerró la puerta de la habitación. Supo entonces que miles de estrellas angelitos estaban en el cielo pendientes de ella. Mientras se bebía un vaso de su refresco favorito azucarado y con mucha vainilla, hecho con pétalos de la flor del bisaps rojo, se imaginó que los grióts de la noche senegalesa tañían con sus coras aquellos hermosos cánticos melancólicos con los que entonan los cuentos que acompañan en sus sueños a todos los niños de este mundo y, en sus soledades, a las jóvenes negras que están fuera de su país y creen que han olvidado cantar y contar historias.
Escrito por albertomar el 26/08/2008 04:49 | Comentarios (0)
No me cabe duda alguna de las influencias de los autores latinoamericanos en nosotros, como lectores y como escritores. Como lectores, instruyéndonos a mirar a través de otras estéticas, para reconstruirnos una manera de leer-imaginando que quizá habíamos olvidado. Y, como escritores, marcándonos unos atractivos modos de relación que se refrendaban por el éxito obtenido por aquellos nuevos autores. Hago referencia con este planteamiento a los años setenta, de mil novecientos... de cómo recuerdo aquella época y también cómo oteo ahora aquella gran erupción narrativa.
Rememoro el impacto de la influencia de la literatura latinoamericana que nos arrolló en aquellos años. Fue evidente, éramos jóvenes, y nuestra capacidad de recibir como esponjas la información, desde quienes admirábamos, era voraz. Esa capacidad de asumir, y la curiosidad que nuestra juventud conllevaba en sus alforjas, fue parte de la razón del enamoramiento. Yo tenía, como lector, por aquel entonces de final del sesenta y comienzo del año setenta, el juego variado de distintas lecturas: me las andaba al mismo tiempo con Marcel Proust, con Boris Vian, también podía seguir con Ciro Alegría o Miguel Ángel Asturias, detenerme un tiempo largo en Bertold Brecht, Alfred Jarry o Michael de Ghelderode y, a las semanas siguientes, vérmelas también con J. P. Sartre, Galdós, Eugenio O´Niell, también Albert Camus, Antonin Artaud o Friedrich Dürrenmatt. Además de los surrealistas, dadaístas y todo lo que me sonara más a nuevas experiencias, provenientes de las influencias vanguardistas… Algunos de mis referentes españoles fueron pocos textos concretos: Tiempo de silencio, La saga fuga de JB, El Jarama o Industrias y andanzas de Alfanhuí. Es cierto que para estar al tanto del teatro, nos ayudó muchísimo la revista Primer Acto, donde se nos informaba de los estrenos de los autores que nos interesaban, por ejemplo Carlos Muñiz, Alfonso Sastre, Fernando Arrabal o Buero Vallejo...Además de esa gran labor de esta revista fundada por José Monleón, nos cabía la posibilidad de ampliar nuestras lecturas del los textos teatrales, siguiendo de cerca los impecables números que Ediciones Alfil, a través de su “Colección de Teatro”, nos iba mostrando. Eran tan conscientes del papel social que cumplían, que se anunciaban como la colección que nos ponía “Todo el teatro contemporáneo en edición de bolsillo”. Y era verdad…
A lo que iba. En esto del aprehender (y aprender) no existen accidentes aislados. Muchos elementos concurren para que algo se esté produciendo, cuando otros hechos más siguen ayudando para que ese algo suceda en el tiempo. Porque casi todo tiene entre sí una relación que a primera vista no se ve. Digamos que sería como el hilo que permanece oculto para conformar el collar de perlas que es su totalidad. Algo así de invadidos por lo oculto creo que nos sentimos en aquellos momentos en que la narrativa latinoamericana irrumpía con la sorpresa de lo nuevo. Además, en una misma lengua que la nuestra, la castellana, por lo que parte de esa sorpresa o sobresalto radicaba en que no se producía necesariamente en lengua extranjera, porque hacia el norte mirábamos desde hacía tiempo.
En ese tiempo, se dio la circunstancia aparentemente casual, de que en nuestros parámetros culturales, desvaídos y lentos, surgió en Canarias una oportunidad que nos conduciría a muchos de distintas generaciones a imaginar, o propiciar, un espacio intangible que ya venía concitándose en torno a esa nueva literatura americana que, como digo, nos arrolló en avalancha con el peso de una tromba de escritores tremendamente imaginativos. Cuando se retomó en Canarias un premio concreto, el “Benito Pérez Armas de Novela”, y lo ganó la magnífica novela Guad, de Alfonso García Ramos, ninguno de nosotros, por demás bastante jóvenes, sabía que en el futuro vendríamos a esforzarnos en ser narradores. Algunos de los nombres de la nómina amplísima que en aquellos inicios del 1970 cambió la poesía por la novela, el periodismo por la novela o el teatro por la novela, ya casi no escriben, pero otros seguimos intentándolo con empecinada obstinación, y voluntad de superarnos en nuestras limitaciones. Pero en aquellos momentos se produjo una metamorfosis literaria, o traslación semántica del hecho creativo, en favor de la narrativa.
Y lo que más podía sorprender era que no todos los conocimientos de cómo empeñarse en aquella labor, y cómo hacerla, se obtenían necesariamente desde la universidad institucional, sino desde la “Universidad de la calle”. Desde allí nos incitaban a permanecer despiertos ante lo nuevo, intelectuales tan afanados por estimular a la juventud, como el recordado Domingo Pérez Minik, Pedro García Cabrera o Eduardo Westerdalh. A la “Universidad de la calle” le debemos el estar atentos a los nuevos hechos artísticos y las nuevas narrativas que se producían en aquellos tiempos; también a la de La Laguna el recordatorio y exigencia de una voluntad de estilo y de la calidad. A una, la estética en expansión, la libertad del creador y el compromiso, y la atención a los nuevos escritores que irrumpían al mismo tiempo en el panorama literario en lengua española, con voz propia y aparentemente unitaria.
Soy consciente que, como mínimo, en dos aspectos muy importante para mí, le debo influencia al trabajo narrativo de Mario Vargas Llosa. Fue en aquel caldo de cultivo social y universitario donde discurrí y me encontré leyendo, junto a otras obras de otros autores latinoamericanos como he dicho antes, sus magníficas novelas Los cachorros, La casa verde o Conversación en la Catedral. A parte de los placeres obtenidos como lector, a esta última novela le debo influencias en una cuestión muy concreta por lo que de ella aprendí mucho. En la Universidad de La Laguna dictaba sus clases el profesor Gregorio Salvador, quien por entonces incorporaba a sus enseñanzas el estructuralismo lingüístico de Saussure, y desde esa perspectiva, los que con él estudiamos, supimos de la prioridad de la lengua oral sobre la escrita, y nos empeñamos en consolidar siempre el valor de las estructuras, la importancia funcional de las formas y, por supuesto, que no quedaran en la obra, ¡jamás de los jamases!, elementos descolgados, al capricho o desgaire. De siempre me interesó tener claras las cosas en torno a la estructura del producto creado. Y me parecía, ya entonces, que esta obra, Conversación en la Catedral, estaba tremendamente bien entramada, y que ningún elemento hacía aguas por ningún lado, a pesar de los muchos vericuetos en los que nos metía al lector junto con la narración. O, como hoy sigo diciendo, que no le quedaban flecos sueltos en la urdimbre del tejido total. Aún pienso igual y, desde esa perspectiva, algo de esa herencia de lo recibido en la universidad, hace ya casi cuarenta años, aún me queda. Continúo viendo en esta obra, Conversación en la Catedral, ciertas influencias en mi concepción de la estructura del objeto creado a la hora de entenderlo como un producto final. Precisamente en mi penúltima novela, editada hace tres años, Soledad Amores, fui consciente de esa influencia estructural y me alegro de haberla asumido. Nadie nace por generación espontánea y es bueno reconocer influencias y deudas.
Al comienzo del setenta, ganó en Las Palmas el “Premio de Novela Pérez Galdós” mi primera novela, titulada La canción del morrocoyo, y acto seguido, J. J. de Armas Marcelo me invitó a reeditarla en la editorial que dirigía entonces, Inventarios Provisionales. Aquel sorprendente hecho trastornó por completo mi vida, pues reconozco que, aunque joven aún, se ejerció como un gran editor, ya que viajamos por varias geografías, tanto obra como autor, de su mano, como editor, junto con otros compañeros de nuestra generación.
En Barcelona conocimos a grandes nombres tenidos ya entonces para nosotros como autores consagrados. Recuerdo que además de otros (entre ellos, a Gabriel García Márquez) allí conocí en una reunión a Mario Vargas Llosa. Acababa de terminar de escribir Pantaleón y las visitadoras. Nos contó, entre risas, y de una manera encantadora, que como lo había pasado mal con una operación que había sufrido, y sobre todo con el postoperatorio, pues que dicho padecer se lo había colocado, para que lo sufriera por él, su protagonista, el mismísimo Pantaleón. Anécdota aparte, una vez que salió a la calle la novela y al comprobar luego en la lectura ese caso específico, se me encendió una bombilla mágica en el lado derecho del cerebro. ¡Claro está, me dije!, además los personajes pueden servir para cargar con los reductos o miasmas de nuestros sufrimientos y así, además, naceráncargados de una fuerza vital que la marioneta por sí misma no puede tomar. Se cargan ellos y te olvidas tú, en una curiosa suerte de transferencias mágicas. A partir de entonces, no he tenido empacho alguno en hacerles vivir a muchos de mis personajes algunas experiencias dolorosas que me han pasado. Sé que no es nuevo esto, ni en él ni en otros autores, y que de siempre en las obras se pueden seguir los rastros de las muchas experiencias vitales de sus autores, pero el haberle oído decir aquello a un autor de carne y hueso, como si hubiese hecho budú, y comprobarlo luego en la lectura, me influyó y me quedó grabado… También con esa obra me confirmó mis permanentes deseos de jugar con otros elementos aparentemente ajenos a la narración, como en su caso fueron los documentos, los diálogos o las cartas.
Algunos años después vendría otra gran novela a confirmarme una forma de narrar con la que me dejó huella. Se trata de ese fantástico monumento narrativo, titulado La guerra del fin del mundo. Pienso que saber barajar, como lo hizo, varios universos personales, con sus propias historias a cuesta, pero sin perder de vista la gran historia general de Canudos, como universo complejo que las acoge, fue un gran acierto. De nuevo ese aspecto de exquisita preocupación por lo estructural, propiciaba que vivieran por sí mismas las historias aparentemente pequeñas alimentando a la mayor y dejándose alimentar, a su vez, por ella. Me sobrecogió la manera de cómo estructuraba los elementos que intervenían en la novela y cómo ese hecho preciso la elevaba, dimensionándola de manera poemagógica. Esta técnica de lo estructural, aunque pudiera parecer que la fabricaría pesada, por el contrario la cohesionó y la alivió, agilizándola.
Escrito por albertomar el 23/08/2008 02:19 | Comentarios (2)
Admiro a Luis Cernuda hasta el tuétano. Su amplio libro La realidad y el deseo [1936], que contiene otros libros, es un ejemplar de mi cabecera. Y su poema “Lázaro” es uno de los escritos más impactantes que he leído. Va más allá de lo estrictamente poético, desgajándose de la esclavitud de imágenes y tropos, para adentrarse en las profundas raíces de lo poemático universal… para ir a volcarse en lo sustancialmente agónico de un ser condenado a vivir por encima de la necesidad de existir. Sin alharacas ni florituras este Lázaro suyo en primera persona nos va describiendo poco a poco como “fue su vuelta a la vida”, una vez que la voz de El Cristo lo llamara, extrayéndolo a la fuerza de la profunda pereza de la muerte. Y no hallará allí el lector patetismos desmedidos, ni revolturas viscerales que transmitan una idea tremebunda de la experiencia del resucitar bíblico…
En Historial de un libro, nos dice el propio Cernuda: "Aprendí a evitar, en lo posible, dos vicios literarios que en inglés se conocen: uno, como pathetic fallacy (creo que fue Ruskin quien le llamó así), lo que pudiera traducirse como engaño sentimental, tratando de que el proceso de mi experiencia se objetivara, y no deparase sólo al lector su resultado, o sea, una impresión subjetiva; otro, como purple patch o trozo de bravura, la bonitura y lo superfino de la expresión, no condescendiendo con frases que me gustaran por si mismas y sacrificándolas a la línea del poema, al dibujo de la composición.Ya se recordará cómo, en general, mi instinto literario tendía a prevenirme contra riesgos tales. Algo que también aprendí de la poesía inglesa, particularmente de Browning, fue el proyectar mi experiencia emotiva sobre una situación dramática, histórica o legendaria (como en "Lázaro", "Quetzalcóatl", "Silla del Rey", "El César"), para que así se objetivara mejor, tanto dramática como poéticamente. La luz, los árboles, las flores del paisaje inglés comenzaron a aparecer en mis versos, para matizarlos con un colorido y claroscuro nuevos. Así fue el norte completando en mí, meridional, la gama de emociones sensoriales."
He querido compartir con todos ustedes esta joya de la literatura universal. Sé que la manera de interpretarla es perfectible, yo mismo podría hacerlo mejor, pero me gusta así, con sus defectos… He querido conservar el drama sin perder ese tono objetivo y distanciador al que aludía Cernuda. Es lógico que el autor aluda a Browning, pero yo en mi dramatización hablada he optado por un efecto distanciado que me recuerda al teatro épico, ¿brechtiano quizá? No en vano, también a Bertolt Brecht le fueron caros los personajes distanciados en el tiempo (su tiempo). Grabé el poema “Lázaro” en el estudio de Tony Peña, una noche en que el buen vino tinto me salía por las orejas. Y así quedó. Semanas después, con la magia y sensibilidad que derrocha José Manuel Guillén (también, como Tony, miembro de La Mirada Automática), con su música, se reorganizó todo en el programa premiere. Juntamos las imágenes de la luna llena de agosto, mi voz prestada a Lázaro y el sonido de su música, en un conjunto que espero vaya más allá de lo simplemente descriptivo. Con esta dirección que ves más abajo, podrás conectar con YouTube y oír decirte, a mi manera, el poema de Luis Cernuda, titulado Lázaro. Tomé las imágenes de la sorprendente y extraña luna llena, con su medio eclipse, la noches del 16 y 17 de agosto de 2008, en Los Cristianos de Tenerife, e hicimos el montaje final de imágenes y sonido, Guillén y yo, dos tardes después en su garaje-taller electroacústico de El Sauzal.
Por si fueras muy meticuloso (o “pedante”, como diría el genial y recordado Alejandro Cioranescu), te recuerdo que el texto escrito de Lázaro, al completo, lo puedes hallar en mi otro blog de blospot.es: http://albertoomarwalls.blogspot.es/
La vieja teoría del Estado como padre-patrón la estimula tanto el creador como el intelectual con sus dependencias económicas. Una amplia clasificación de profesiones, que se hace casi infinita, cada día se realimenta pululando alrededor de los poderes económicos, de opinión y político: artistas plásticos, intérpretes de canto, actores, directores, cineastas, diseñadores, músicos, pintores, docentes, escritores y manipuladores de las nuevas tecnologías. Aunque pareciera que nada es verdad ni mentira, casi nadie está a salvo de traficar con los intereses intelectuales.
Mas cualquiera está sujeto a influencias y motivaciones, pues el creador, como cualquier otro, se halla demasiado influido por la educación, las ideologías y el entorno en el que pretende expresar sus esperanzas.
Aunque el alma de la creación se alimenta de sus sueños, el artista miente cuando juega a negar que necesite del beneplácito del poder. Aunque una cultura sin gestores es imposible, pues ellos ejercen de mediadores, y aunque no haya una política cultural reconocible, su misma negación es un rasgo distintivo. En nuestro territorio latino, el más poderoso agente cultural es la Administración, pero mandan también en el devenir de los productos las economías predominantes, los gestores, productores, las ONL´s, el periodismo, los centros de enseñanzas, los mercados transnacionales, las modas, las redes de distribución, exhibición y de difusión, y todas las industrias culturales...
No puede aparentar ser inocente el sector cultural, porque, en términos de valor añadido, ocupa una posición destacada en la economía, situándose por encima de sectores tan importantes como el transporte marítimo y terrestre, la hostelería y restauración, la fabricación de productos farmacéuticos, la industria petroquímica y química básica, la elaboración de bebidas y tabacos o la fabricación de automóviles. Ese valor generado por la Industria de la Cultura y el Ocio, se cifra en nuestro país en torno al 4% del PIB, parecido al de países como EE UU, Suecia, Reino Unido, Canadá, Austria y Alemania.
Siempre los mediadores costean, compran, venden, incentivan, dirigen, administran, condicionan, censuran o intervienen. E influyen... No pueden ser perfectos, por eso el panorama anda algo turbio. No hay suficiente transparencia porque está removido el fondo.
En la base de la existencia social y cultural está el reconocimiento del territorio, en mayúscula, con sus especificidades físicas y humanas. Y lo más importante en nuestro Territorio sería la visibilidad de las dinámicas, y que se puedan entender las relaciones de los distintos agentes culturales, quienes tienen la obligación de crear una tensión y transparencia, creativamente entendidas, entre los públicos, los creadores, los intelectuales, las universidades y centros de enseñanzas y aprendizajes y todas las industrias culturales.
Una excesiva miopía del Estado provoca efectos indeseables, y se producirá tendencia a la espectacularidad, derroche económico, competencia desleal frente al sector privado, conservadurismo, funcionarización y domesticación de los creadores.
Conocer las dimensiones del entorno social es capital para entender mejor el escenario donde se desarrolla la crisis de la creación y producción artísticas. ¿Tienen asumidos, el intelectual y artista, el gran riesgo que corren, si se basan en las subvenciones? ¿De transformarse en seres domesticados?
Escrito por albertomar el 14/08/2008 03:57 | Comentarios (0)
Intérpretes: Ecky Bogner, Yamil Omar, Maryta Capote, Socorro Anadón, José Manuel Segado, Rosanna Walls, Marta G. de Vega, Juan Carlos Sanchís, Cristina González Delgado
Duración 88 m.
Descarga disponible en:Todos los países
Puede que Piel de cactus obtenga su simbología desde el complejo mundo de la huida interior. Porque los personajes están en todo momento tendiendo a escapar: huyen de sus pasados, de sus compromisos, de sus miedos, de las culpas... Creemos a veces que muchas de nuestras vivencias presentes son producto del azar, la casualidad o un sueño. Pero en realidad deberíamos saber que son consecuencia de nuestra propia manera de concebir la vida, del pasado y de la actitud que mostramos en el vivir cotidiano.
En Piel de cactus los personajes flotan en el mar de una culpabilidad ambigua, al tiempo que circulan con libertad entre el sueño y la realidad, la luz y las sombras, y esa libertad en las direcciones tomadas les propician que salgan a relucir sus auténticos deseos más ocultos. Piel de cactus pretende desdibujar la supuesta línea divisoria entre el mundo de la realidad y los deseos, el sueño y la vigilia, lo tenebroso y las luces y así plantear que el vivir es un conjunto todo abierto, infinito.
Sinopsis argumental
Piel de cactus está conformada en su estructura por tres historias que se contienen según la técnica de las muñecas rusas. La historias, reunidas en un corpus general, se comunican a través de un hilo conductor y se cohesionan desde los sueños y encuentros mágicos de sus personajes. Las tres historias se empiezan a cruzar cuando se da la extraña circunstancia de que un ángel en una cafetería le da un codazo a Cecilio (Ecky Bogner) derramando su whisky sobre el vecino de barra. A partir de entonces se le provocarán inesperadas reacciones sintiendo el impulso de cambiarlo todo en su vida. Cecilio, enfermo de insomnio durante años, cuando al fin duerme sobre el volante de su automóvil, experimenta una huida sin rumbo circulando a libertad entre el sueño y la realidad pero, además, emergiéndole a la superficie viejos deseos de la culpa y la venganza, quizá porque los antiguos celos con Julia (Maryta Capote), su mujer, y Jano (Yamil Omar), un poeta que se oculta hoy tras el oficio de artesano -cuya historia paralela presentada como cuento de hadas termina por influir en el desarrollo de todo el argumento- lo amargaron en exceso durante mucho tiempo y es cuando decide contratar a Sandoval (José Manuel Segado), antiguo compañero de correrías, para que la mate. Cecilio veía su vida bloqueada entre el insomnio permanente, los viejos celos y el ansia de poder, y no sabrá, cuando caiga en el sueño, a dónde ir y no conocerá un medio exacto de hallar su propio camino interior que lo sitúe. Se produce este hecho cuando había dejado de luchar por cualquier tipo de valor social como expresión de la realización de sus objetivos empresariales. Hay más historias paralelas que cubren los personajes encarnados por Rosanna Walls y J.C. Sanchís.
En ese correr sin rumbo fijo entre el sueño y la realidad, se le plantea la posibilidad de casarse por dinero con Dulce (Socorro Anadón) aunque le confiesa que le hubiese encantado hacerlo por amor, y él también recibe dinero de manos de un amante desconocido que quiere deshacerse de su joven dama, Sara (Marta González de Vega),para que Cecilio no deje huellas de su pasado. En apariencia, Cecilio y Sara, la mujer a la que él mismo debería matar, se acaban encontrando en el marco de la soledad, el dolor o el amor.
El joven ángel que una noche le propinó un codazo en la barra de la cafetería haciéndole derramar el whisky sobre un vecino de barra, ha provocado conscientemente el desencadenar del conjunto de acciones vivenciales que trastornaron el mundo interior de Cecilio y que poco importan para su observación si se están desarrollando en un instante, en medio del sueño que al fin puede conciliar depués de tanto tiempo sin poder dormir, o son el preludio o premonición de unas acciones que volverán a producirse en la realidad, cuando al final de la historia se vuelva a encontrar con Dulce, conduciendo como siempre su coche rojo descapotable, al fin y al cabo, como él, otro personaje de la huida a "ninguna parte".
Paralelamente a la acción se ha ido mostrando la coincidencia de la huida de un asesino que a través de la televisión se sabe que es buscado y al que se le dará captura y muerte casi al final. No podremos afirmar nunca si son esos elementos paralelos los que sirven de caldo de cultivo para que Cecilio, en medio del propio sueño, sea empujado por la culpa a pasar a través de un rito de iniciación dotado de experiencias mágicas o si son los que le sirven para expresar, por contraste, más claramente su cinismo.
Piel de cactus reúne ciertos visos de suspense y magia, en la que los propios personajes, creyéndose o no víctimas de los acontecimientos, tampoco se toman demasiado en serio sus limitaciones y dramas. Es, en su conjunto, una mágica historia de desamor contada a partir de las voces de sus protagonistas.
Escrito por albertomar el 10/08/2008 17:31 | Comentarios (0)
Dirigí durante años el teatro universitario en La Laguna (Tenerife, Islas Canarias), y siempre quise hacer una versión teatral de una novela mía que había titulado El tiempo lento de Cecilia e Hipólito. Sobre todo para representarla en el Paraninfo de la Universidad de La Laguna, ya que esa novela viene a plasmar en muchos aspectos bastantes de mis vivencias universitarias de aquella época tan específica: 1968 y sus alrededores.
Debía ser un texto que tuviera como base aquella novela y que se alimentara de sus voces y personajes. En realidad fue una versión, prácticamente tomada al pie de El tiempo lento de Cecilia e Hipólito. Es que siempre quise ver a Cecilia y a Hipólito en el escenario (o en el cine, qué más da, como se quiera mirar); lo mismo me ocurre con La canción del morrocoyo. De hecho he recibido más de una propuesta de algunos amigos cineastas de pasarla a guión de cine. Yo no lo he hecho, porque creo que ese trabajo le correspondería a otro. Sí que lo he hecho ya con El informe, Llanto de los caballos de Aquiles, y espero que algún día, no demasiado lejano, pueda acometer ese proyecto.
El que titule ahora esta pieza de la manera que lo hago, Dos coleópteros y un amor, es porque de esa relación novelística de Cecilia e Hipólito surgieron sus protagonistaa que en esta versión quisieron llamarse Tamor y Teseo. Y por varias razones, que no voy a explicar aquí, me quedaba el regusto de querer plasmar esencialmente la falta de comunicación. Está el intento sincero de conseguir entenderse y amarse, por supuesto, de los jóvenes protagonistas, pero, al mismo tiempo, la imposibilidad profunda de conseguirlo. Porque no son seres cínicos Tamor y Teseo, sino unos jóvenes muy inocentes que se hacen daño sin saber que los arañazos superficiales no lo son tanto en realidad, sino que se afianzan y enquistan hasta transformarse en heridas profundas que no van a desaparecer nunca más.
El lenguaje que usan es el propio de la época: hablarse y entenderse entre líneas, jugar con los conceptos, fustigarse con la razón para huir del hallazgo de lo profundamente humano. En el trabajo de pasarla a limpio, introduje muchas alusiones a tiempos más recientes, porque en el fondo sigo viendo aún por algunas calles de La Laguna a esos arquetipos de jóvenes, a Teseo y Tamor o a Cecilia e Hipólito...
PERSONAJES
NARRADORA: En realidad es el Hada Madrina.
TESEO: Dieciocho años. Todo un mundo por delante.
TAMOR: Dieciocho años. Demasiado mujer para lo que entiende del mundo.
MENDIGO: Hombre.
VIEJA: Anciana aunque quizá sea, en verdad, un alter ego del Hada Madrina.
VIEJO BORRACHO: Hombre.
Lugar: De noche, en La Laguna. Tenerife, Islas Canarias, España.
Época: finales de la década de los años sesenta de mil novecientos (y principio del setenta).
LUZ DE CALLE. UN FAROL, UN BANCO, UNA PEQUEÑA FUENTE CON UN CUPIDO QUE CHORREA AGUA DESDE SU NARÍZ... CAE LA TARDE. AMBIENTE DE CALLES DONDE SE CONFUNDEN RADIOS, TELES, AUTOMÓVILES, VOCES, ETC.
NARRADORA. Está tardeciendo. En cualquiera de las Islas también se hace de día y de noche. Pero las tardes, son algo especial... Más o menos, sobre las siete y media, cuando la luz lechosa comienza a confundirse con la noche, las mentes de los transeúntes isleños entran en un estado crítico y distanciado. Pero es la hora, también, de los paseos. Y, nuestros protagonistas de hoy, TAMOR y TESEO, dos jóvenes estudiantes, se hallan paseando por la Calle La Carrera, arriba y abajo, mirando los escaparates, cogidos de las manos... A veces se miran a los ojos, y tintinean los cuerpos... Primero, es TESEO quien comienza a mentalizar.
TESEO.(Acostumbra a hablar para sí, dando la impresión de que le importa poco de que la otra persona lo escuche, sepa lo que dice o, siquiera, intente inmiscuirse en sus mentalizaciones verbales...) Ahora me encuentro paseando por la calle, cogido del brazo de Tamor. ¡Porque se llamará Tamor!, ¿sabían? ¡Qué compromiso! Yo me empeño en decirle Támor, en vez de Tamor...
NARRADORA. (El tiempo justo de la voz de Teseo) La mente de Teseo se me escapa, ella sola decapita la realidad a su antojo y se sumerge adentro de sí, tanteando a ciegas sus pensamientos... No lo puedo seguir. Ni tampoco Tamor puede seguirle las elucubraciones mentales de Teseo..., ¡y eso que lo bebe con los ojos! Tiene guasa el niño, quejarse de Tamor, cuando él se llama así como se llama... ¿Se los imaginan el primer día que se conocieron?...
TAMOR(Transición: rememorando, haciendo la iconografía plástica de ese día al que alude la Narradora) Me llamo Tamor...
TESEO¿Amor? ¿Pero es que alguien se puede llamar amor que no sea el Amor mismo...?
TAMOR(Un tanto cohibida) ¿Y... tú?
TESEOTeseo, me llamo Teseo... Mis padres son profesores de griego y ya sabes cómo son esas cosas cuando uno no puede hacer nada en contra...
TAMORYa... me suena a Deseo...
TESEO¿Sí?, es la primera vez que me lo dicen...
NARRADORA
Por la calle anda un enjambre continuo y eterno de gentes que trenza y destrenza los haces de tres en fondo, de dos a cubierto, o de siete y más que forman el grupo del chisme y la observación... El frescor de la tarde de La Laguna en invierno te cala hasta los huesos, matando a quemarropa las calorías de la nariz y orejas. Pero es un rito milenario que se sucede de generación en generación en Navidades...Besa la mano el señor a la señora; se inclina el señor ante las señoras; quisieran besar, pero ya no se usa, las manos de todas las señoras los señores que cruzan de lado a lado la calle, mientras los más jóvenes se chulean del trato epidérmico, de la extraña naturaleza del frío, de lo constreñido o ancho de la calle...
TAMOR. (Un poco acostumbrada también a hablar para sus adentros) El frío es buen consejero, pero es frío...
NARRADORA. (Interviene al punto suspensivo de Tamor) Teseo y Tamor acaban de salir de la bodega que se halla a las espaldas de la Catedral. Ellos matan las horas de noviazgo, ¡que esas horas están contadas!, con el paseo lento y meditado, con la discusión de futilezas, con el cine, la lectura de algunos poemas en cualquier esquina, la reunión con algunos compañeros de estudios... con el sexo superficial raptado en las sombras alcahuetas de algún zaguán o el beso en medio de la calle... Un beso, siempre es más dulce que el repaso de las asignaturas. ¡Y vuela el tiempo...!
TAMOR. ¡Hoy nos explicó el profe La determinación del contenido de la ética!
NARRADORA. Pero la mente de Teseo está hoy escapada. Tamor había dicho que hoy les explicó el profe La determinación del contenido de la estética y...
TAMOR (Interrumpe Tamor a la Narradora con tono de incomodada) ¡No, de la ética!... el contenido de la ética. ¡Ética...!
NARRADORA.Ejém, es... La determinación del contenido de la ética. Lo había dicho TAMOR, repito, como en un empiezas tú o empiezo yo? Pero la mente de TESEO se nos escapa a TAMOR y a mi (La sonríe cuando la nombra)... La mente de TESEO no parece estar gozando del paseo crepuscular, de los nubarrones gris anaranjados que se pincelan en el cielo, ni del fresquito sadomasoquista que todo lo envuelve y penetra... De nuevo hablará TAMOR y dirá: ¿Sabías que el número cero es un número par? Y lo dirá con un gesto de coquetería casi intraducible al castellano...
TAMOR. (TAMOR le guiña un ojo a la Narradora, pero habla a TESEO) ¿Sabías, TESEO, que el número cero es un número par?
PERO TESEO SIGUE A SU BOLA. PASA UN KILO DE TAMOR, POR LO QUE A LA CHORVA, EN SU MOMENTO, ESLÓGICO QUE LE DEN GANAS DE ABOFETEARLO.
TESEO. (Como si estuviera dialogando con su propia mente) Soy Teseo y no sé si hablo por mí mismo. Me veo transcurrir gota a gota, a veces también con la velocidad con que vuelan en el aire las nubes...
NARRADORA(Un poco extrañada) ¿Por qué habrá puesto el ejemplo de lasnubes si eso supone una postura zen y Teseo es apolíneo?
TAMOR.Mira, Teseo, si el cero es un número... el cero, necesariamente, ha de ser par... ¿Eh?
NARRADORA. Los murciélagos comenzaban a salir. Era la calle, noche madura para la oscuridad. Los ratones dejaban ya de galopar sobre los gatos, y las ancianitas habían empezado a trancar las contraventanas con sus brazos en cruz... a riesgo de que las descoyuntaran...
TESEO. (Con el juego aún de hablar en su mente) Soy TESEO y, a veces, creo no estar pensando por mí mismo... Me veo transcurrir gota a gota, comoun viento que lucha por subir o cruzar... Siempre, cada día,se escapa algo de mí. No conozco ni comprendo la vejez, pero hay algo que me obliga a recordar, y en esa dimensión soy ya Tiempo... (Está enfebrecido por lo que dice y se oye decir; hueca un poco su propia voz, enfatizando el tono en una actitud profesoral) Me siento un desgarro interno; un desgarro hondo, muy hondo... ¡Porque estamos llenos de símbolos, arquetipos que nos condicionan...!
MENDIGO(Está sentado en la acera. Ostenta un cartel) Mire usted, señor, y lea bien lo que dice este cartel...yo soy manco desde siempre.
TESEO(Se agacha y lee) Caballero, señor, yo le estoy viendo a usted sus dos brazos en perfectas condiciones...
MENDIGO(Indignado) ¿Cómo?, ¡señor!, ¿qué usted me ve entero?... ¡Me falta el brazo derecho!...
TESEO(Irónico) ¿Usted, señor, quiere que le falte?... ¿Cuáles son sus intenciones en realidad?
MENDIGO¿Pero no ve usted que no lo muevo?
TESEO(Displicente) ¡Ah, caray, acabáramos!... ¡Amigo mío, cuídese usted ese complejo de castración.
MENDIGO(Muy molesto) ¿Pero qué dice el señorito éste?
TESEOIntuyoque no va a poder usted gozar plenamente de la vida; ¿quizá elmiedo le agarrote los miembros? ¡quizá, si se impusiera alcanzar el poder, eso le aliviaría un poco! ¡Claro, la felicidad, elalcanzarla, aparece como más difícil... ¡Hágame caso...! (Pero acaba por echarle unas monedas).
TAMOR. (Normal. Sin haber atendido el diálogo anterior de los dos hombres) Mira, TESEO... Si el cero es un número,quizá pueda ser par... ¿Me oyes?
TESEO. (Se extraña. Algo lo ha hecho volver a la realidad que supuestamente venía compartiendo con TAMOR. Quizá el haber discutido antes con el Mendigo, quién sabe.) ¿El cero un número par?
TAMOR. Sí, claro, si colocas los impares a un lado y los pares a otro, la proporción de los pares se cumple, en progresión descendente, en el cero. ¿Comprendes?
TESEO. No veo que tenga ser par ni siquiera impar... Es otracosa... ¿Es que te aburres, mi TAMOR y por eso me dices esos acertijos?
TAMOR. ¿No comprendes? Tiene que ser algo... ¡algo! Y si lo es, es más par que impar...
TESEO. No sé, no sé... Me importa un pito si el cero es un número par o impar. Prefiero hablar de recetas de cocina o concretar si escribir es más difícil que hablar.
TAMOR. ¡Eres un dictador!
TESEO. ¿Sí?
TAMOR Sí, como lo oyes... Un dictador y un egoísta de lo más reaccionario... ¡Te comportas como todos ellos! Me incitas, como mujer, al logro de las igualdades, de mi propia liberación, pero, luego, lo que haces es..., es de lo más...
TESEO. ¿Soy igual a quién?
TAMOR. A todos... unos egoístas castrados y castradores. Y lo peor es que no se dan cuenta siquiera de eso... ¿Te acuerdas de aquellos dos coleópteros que me regaló mi abuela por mi cumpleaños y que llevaba en el bolso hace un mes? ... ¿Te acuerdas?
TESEO. (Indiferente) Sí, me acuerdo...
TAMOR. Eran unos coleópteros preciosos y me los tiraste al suelo y los machacaste con tus asquerosos zapatos de piel de búfalo norteamericano... ¿Te acuerdas?
TESEO. (Molesto) Sí que me acuerdo. Perfectamente, pero es que eran unos bichos de lo más...de los más abominables. ¡Claro y, además, lo haría de nuevo si se me presentara la ocasión!
NARRADORA
¡Qué curioso este chico!, ¿pero qué quiere hacer ahora? ¿Están en plena discusión y se va a poner a elucubrar?
TESEO. (Vuelve a las andadas de pasar de TAMOR y darle vueltas al coco) ¿Puede considerarse que todo tiempo es bueno para el recuerdo?... Ahora mismo TAMOR me estaba hablando de sus coleópteros. No los maté intencionadamente. Sólo que me asqueó ir a buscar en su bolso un cigarrillo, y encontrarme con aquellas cosas... ¿Por qué no recordar o poner siempre en entredicho nuestros actos? Primero pensaba que cualquier volver al pasado era pura cobardía: simples ansias de separarse de todo, huyendo de la realidad. Más tarde, me incliné por negarle al presente su valor, por considerarlo poco independiente... Hoy, está mi mente queriendo rememorarlo todo, aunque sé que la vida está solamente en el presente... (Enfrentado directamente con TAMOR) Los tiré porque eran asquerosos. Eran...., eran..., ¿no lo entiendes?... ¿qué eran aquellos dos coleópteros en tu bolso?... ¿Qué significaban? ¡Eran unos bichos que tú tenías en el bolso, y eso es totalmente absurdo! ¿Entiendes? ¡absurdo!...
TAMOR. (Le habla intencionadamente) ¿Pero es que sólo te parece absurdo que yo posea mis intimidades reservadas en el cariño hacia un par de coleópteros, y no entenderías como absurdo que me desnudara en plena vía pública?
TESEO. Más que absurdo, me parecería suicida... (Irónico, pero desconcertado por la reacción de Tamor) ¡Con el frío que hace!
TAMOR. ¿Son absurdos mis coleópteros y no es absurdo que le des besitos en el morro a tu perro de aguas?
TESEO. (Defendiéndose) ¿Yo?...
TAMOR. Te he visto... y te he oído hablarle... Cuqui, Cuquí, chiquitín ... ¿Quién quiere a TESEO?
TESEO.¡Apenas tiene un par de meses y necesita cariño! ¡Además, un ser así te inspira la ternura!
TAMOR. ¡Mis coleópteros eran un símbolo de permanencia de la especie viva por encima de la muerte!
TESEO. Absurdo... Un símbolo absurdo y a destiempo...
TAMOR SIGUE PROTESTANDO, PERO TESEO SE AISLA DE NUEVO EN EL AIRE DE SU PROPIA MENTE
TESEO. (Habla en alto pero como para sí mismo) No lo puedo evitar... Es que me voy, me voy mentalmente. Me pasa a menudo que no logro la comunicación perfecta... No puedo seguir en esta discusión estúpida con TAMOR. Ella está aupada sobre su caballo de batalla y no la puedo seguir. Recuerdo, ahora... Recuerdo el sueño de anoche; mi despertar sudoroso en medio de la habitación fría y desnuda. La soledad que se me viene encima, y aquellas ganas irresistibles de orinar... Mientras, el recuerdo del sueño zumbándome en la cabeza. ¿Pero fue, realmente, un sueño o el recuerdo de alguna experiencia pasada? Confundo los hechos. He de reconocerlo: estoy confundiendo los hechos, y mezclo la realidad con la ficción y los sueños... ¡Oh, Dios mío! Aunque me hunda cada noche en los terrores de los sueños, luego, a la mañana siguiente me surgen nuevas ganas de vivir. Unas ganas terribles de vivir, de lanzar al aire mis gritos de potencias juveniles; de envalentonarme de pronto, encorvando el lomo para saltar a la lucha o la defensa... Y me nacen deseos de tirar por la borda siglos de existencia y llegar, de pronto, a mi Nada primera. A ese punto innombrable en que quizá fui creado o, simplemente, pensado por una energía universal que todo lo ocupa y baña... Llegar al principio de mi Nada y, así en pañales, empezar a vivir, gateando el vivir, sin tutores, sin prisas y sin miedos. Tengo esperanzas de no seguir ya siendo un muñeco de trapo en una lucha inútil...
TAMOR VA A DAR CON LA NARRADORA QUE ESTÁ SENTADA EN ALGÚN LUGAR Y SE ENTRETIENE LEYENDO UNA REVISTA O ARREGLÁNDOSE LAS UÑAS
TAMOR. (Habla con la Narradora, aunque ella no le conteste)Tengo un amor y estoy alegre. Tengo un amor y estoy triste... Temo por su suerte, que ya imagino... O una muerte lenta o una muerte brusca... Porque todo acaba...
NARRADORA(Habla con acento argentino) No caigo a qué os referís vos... ¿Es que se trata de una adivinanza, querida...?
TAMOR(Que sigue a los suyo) ¡Qué prisa se me mete en el alma, y qué ansias de eternizar los instantes, mis placeres! Pero, no me entiendo... Digo no y pienso sí.
NARRADOR(Convencida) ¡No cabe duda, querida... está en un callejón sin salida! ¡Al menos, crees estarlo...!
TAMOR(Sigue en los suyo) Marcho y quiero quedarme... Me callo, y borbotonea mi alma parlanchina.Me pongo histérica y quisiera estar tranquila.
NARRADORA. Detengamos el Instante, esa minúscula parte infinitesimal del segundo, y dejémosla trabada en el aire. Dejémosla que planee suavemente, como un vilano o una etérea pluma insignificante, sobre las cabezas de Tamor y Teseo... ¡Ya!, ¡¡¡que caiga el Instante Detenido!!! Ahora Tamor, como lo hiciera Hipólito en su Tiempo lento con Cecilia tornará a repetiry repetir sus mismas palabras...
TAMOR. (Grita. TESEO se asusta pero luego se echa a un lado, enciende un cigarrillo y se pone a ver el humo como se expande.) ¿...Y es absurdo lo de mis coleópteros y no lo es tu mundo irreal, superreal, tu moral mutable y al margen de la ley?... ¿No eres tú, realmente, un gran Absssssuuurrrrrrdooooooooo? ... ¿Eh? ¿No eres tú, tú precisamente, un personaje de farsa y cabriolas? ¿Un personaje típicamente surreal? ¿Cruel...?
NARRADORA(Lee un periódico o revista. Voz distante. Informativa.) En una declaración colectiva, hechapor los surrealistas el 27 de enero de 1925, se dice: No tenemos nada que ver con la Literatura. Sin embargo, cuando sea necesario, somos capaces de servirnos de ella como cualquier otro. Es un medio de liberación total del espíritu y de aquello que se la parece... Nosotros no pretendemos mudar nada en los errores de los hombres, pero pensemos demostrar cuán frágiles sean sus pensamientos y en qué estructuras movedizas, sobre qué cavidades, ellos hayan fundado sus pensamientos, sus vacilantes residencias... El surrealismo no es una fórmula poética. Es un grito del espíritu que vuelve a retorcerse sobre sí mismo y está decidido a romper desesperadamente cuánto le estorba...
TAMOR. (REPITE. GRITA.) ¿Y es absurdo lo de mis coleópteros y no lo es tu mundo irreal, surreal, tu moral mutable y al margen de la ley? ... ¿No eres tú, realmente, un gran aaabsuuuurrrdoooooooo?... ¿Eh, no eres tú, precisamente, un personaje de farsas y cabriolas? ¿Un personaje surreal? ¿Cruel?...
NARRADORA. (Compasiva) Tamor amaga en la mueca de su cara la expresión de un llanto interminable, pero que no rompe... Apenas hipea... TESEO, adopta una tranquilidad insincera. Medita la escapada; ¡il sorpaso! TAMOR está estática, estatua de sal: la boca abierta, la tez muy tensa, en una congestión a punta de estallar; las manos en el aire, como en un crispado adiós, el vientre inflado...
TESEO (Aparentemente frío y tranquilo) Escucha, Tamor, escúchame para que entiendas... Ligeti se presentó una vez a dar una conferencia en un Ateneo. Se sentó a la mesa junto con los organizadores de la conferencia sobre Arte, Música y Sociedad, con unas cuartillas, un lápiz y un cronómetro, y entre la extrañeza de directivos y público el conferenciante, Ligeti, se mantuvo en silencio. Una de los directivos le dijo en voz baja a Ligeti que comenzara, y el conferenciante no contestó. Al cabo de unos segundos más, cuando la marea en la sala parecía querer superar el simple murmullo, el Director le dijo, "por favor, continúe, ¿qué hace usted...?” Entonces, Ligeti, cogió unas cuartillas y escribió unas líneas que decían aproximadamente: "Déjeme usted hacerlo a mi manera. ¿No?". Y continuó sin decir palabra alguna. Como esta situación continuara, el murmullo en la sala se hacía enorme. Había ya algunas protestas en voz alta...
NARRADORA(En actitud muy interesada) ¿Adónde querrá ir a parar?
TESEO(Sigue su narración de los hechos históricos) Entonces, Ligeti, se dirigió hacia la pizarra y escribió la palabra ¡SILENCIO!... El público se calló inmediatamente, pero el cabo de unos instantes la marea de voces creció considerablemente. Ligeti volvió a sentarse y a mantenerse en la primitiva postura silente. La situación duró unos minutos más, unos ocho aproximadamente, al cabo de los cuales, Ligeti, entre una explosión de improperios fue echado de la sala...
TAMOR. ¿Y qué? ¿No es absurdo eso? ... ¿Eh? ... ¡Contesta, contesta...! ¿No es absurdo eso...?
NARRADORA La voz y actitud de TESEO se vuelven agrias..., provocativas. Algo de sañuda e incontrolada ira asoman a la comisura de los labios. Quizá está empezando a buscar la reacción de TAMOR ante una situación violenta, y por eso quiera darle la vuelta a la historia de los coleópteros. Pero acabará diciendo...
TESEO. Lo absurdo puede llegar a ser muy razonable... Puede llegar a ser más razonable que todo un tinglado de razones sesudas y lógicas.
TAMOR. Ya no te amo... ¡te odio! Soy débil y tú me...
TESEO. ¿Por ser mujer?
TAMOR. No, porque creo en el Amor... O porque creía hasta hace poco, muy poco, casi nada...
TESEO. ¡Tamor...!, ¿qué sabemos tú y yo del amor? ... (SILENCIO) ¿No contestas?
NARRADORASí, te ha oído perfectamente. Le da miedo todo esto...
TAMOR(Molesta con la Narradora, la aparta de un empujón y se pone delante de Teseo) ¡Ya puedo yo solita, no te metas ahora! (Le apunta con el dedo índice a la nariz de Teseo) Sí que estoy llena de miedos, pero, sobre todo aborrezco tus reacciones tan bruscas y que lo quieras medir todo desde el intelecto, como si el vivir fuera un laboratorio donde se juega con las personas como con las cobayas... Me da miedo hasta la noche tan clara, con sus colores que se escapan por entre las rendijas de las sombras, hasta el punto que las cosas son y no son al mismo tiempo... Sí que me das miedo tú, mi tan temido Teseo, mi esperanza cercana... Tanto miedo que no te reconozco ya, ni te concierto en la sinfonía de mi pasado... Tiene razón ella, te tengo miedo (Cuando Teseo oye decir “ella”, mira para todos los lados y no “ve” a nadie más ahí sino a ellos dos solos) ¿Quién eres tú, Teseo? ¿Nos conocemos? ¿Alguna vez he sabido de ti...?
TESEO. Sí, te comprendo...
TAMOR. Te tengo miedo..., pero tengo miedo a casi todo. ¿Me oyes? ¡¿Me escuchas?!
TESEO. Sí, te oigo... ¡No grites!
TAMOR. Es que... ¿sabes? me acababa de dar la impresión que lo pensaba todo eso y que no había estado hablando. Sí, me das miedo... Pero es un miedo azorrado.... no es un miedo frontal. Como si te tuviera temor en algo que ni yo misma sé, y ni siquiera tú podrás saber nunca...
TESEO. ¿Has visto alguna vez un vientre inflado por el miedo?
TAMOR. ¿Un vientre inflado por el miedo como un globo de aire?
TESEO. Sí.... un vientre goloso, a punto de estallar...
TAMOR. Sí... yo lo he visto. Fue hace muchos, muchísimos años. Era yo muy chiquitina... Mi madre me llevó una tarde ruin, verde azufrada, a ver a la abuela que estaba en cama postrada desde hacía veinte años. La abuela, al veme, se echó a llorar... No sé, quizá porque me vio a mí tan niña, con tanta vida por delante, y ella tan vieja, tan en la podredumbre... La abuela, después de echarse a llorar, comenzó a encogerse como un erizo, a replegarse. Y vomitó un líquido negro. Luego, su vientre empezó a inflársele como un globo y sus miembros se le agarrotaron como garfios. El vientre, tomó unas dimensiones golosas invitándome a pincharlo con un alfiler. Mi abuela gritaba desesperadamente... Mi madre me tapó los ojos y me hizo torcer, con fuerza, la cabeza hacia la puerta de entrada de la habitación. Pero sus gritos se me incrustaban aquí adentro. Mi madre se agachó hasta mi oído derecho y me musitó una frase que entonces no entendí. Me habló suavemente, pero años más tarde comprendí que mamá debía alegrarse de que la abuela por fin muriera. Aquello era miedo... miedo, quizá, a algún abismo horroroso que se la abría ante ella...
NARRADORA(Desde lejos) Lo desconocido, el viaje al infinito..., también el dolor físico... ¡Oh, tantas cosas que nos creamos en las mentes!
TESEO. (Como en una adivinanza) Tamor ¿qué es más terrible, el miedo a la muerte o la falta de amor?
NARRADORA(Interesada) Buena pregunta...
TAMOR. ¡¿Qué sé yo...?! Sólo te puedo decir que podemos vivir como si estuviéramos muertos, si el amor no halla hueco en nuestros corazones...
TESEO. (Tansición brusca: cambiando de conversación) Vamos a ver... ¿Sueño de una noche de verano, por Linsay Kemp?
TAMOR. ¿Tienes dinero?
TESEO. No... ¿Y tú?
TAMOR. ¡Ah, déjalo, iremos otro día si mi madre me consigue invitaciones...! ¡Léeme un poema...!
TESEO. La noche no es tan clara.
CEILIA. Recítalo de memoria... ¡Aquél de Whitman, el que recitaste a dúo con Pepe el otro día en la Cafetería Fin de Siglo!... ¿Te acuerdas?
TESEO. (Rememorando) Vamos a ver... decía así... Los hombrecillos de cuellos de pajarita y levita que andan a saltos, yo sé quiénes son, sé que no son pulgas ni gusanos. Los reconozco como mis gemelos: el más débil y más superficial es tan inmortal como yo. Todos los pensamientos que en mí se debaten, se debatirán en ellos... ¡Sólo me acuerdo de este parte!
TAMOR. ¡Haz un esfuerzo por acordarte de todo!
TESEO. ¡Déjalo...! ¿Quieres que te cuente un cuento? ¿Un cuento triste, tanto que la tristeza se te alojará en tu cuerpo por los siglos de los siglos?
TAMOR. ¿Por qué un cuento triste, si estoy intentando vencer la tristeza?
TESEO. ¡Puede que el resultado sea la alegría...! ¡Ven, sígueme! Allí, en aquél pequeño jardín estaremos cómodos! ¿Vienes?... Ajá, sentémon